Mil besos para morir Regreso a Asia
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Regreso a Asia

Las motos volvieron a cruzar el Pacífico dentro de otro carguero. Nosotros las esperamos en Japón.

Recorrimos Honshu, descansamos en aguas termales escondidas entre las montañas y una mañana rodeamos el Monte Fuji. Su cumbre nevada se reflejaba sobre los lagos con una perfección casi irreal.

Desde Yokohama embarcamos las motos una vez más, esta vez rumbo a Vancouver.

Mientras el carguero atravesaba el Pacífico, comprendí que a veces rodábamos durante horas sin decir una sola palabra.

Ya no hacía falta. Aprendimos a conversar con pequeños gestos: una mano levantada para señalar un paisaje, un golpe suave sobre mi hombro cuando encontraba una buena ruta, una sonrisa al detenernos en una estación perdida.

Descubrí que el amor también puede sonar como dos motores viajando a la misma velocidad.