Matar o besar (Los héroes de Port Dale 2) 6 Elliot #3
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6 Elliot #3

Antes de que Elliot pudiera decidir qué hacer, oyó el golpe seco de algo que caía al suelo.

Bajó la mirada justo a tiempo de ver un objeto rodar hacia él.

Actuó por instinto y se lanzó hacia los pies de la cama para ponerse a cubierto.

Los segundos se hicieron eternos mientras los contaba; al llegar a diez, frunció el ceño.

Se levantó con cuidado y asomó la cabeza por encima de la cama. Clay había desaparecido, pero los ojos de Elliot se posaron en el objeto que había visto rodar hacia él.

—⁠Hijo de puta —⁠masculló Elliot mientras volvía a ponerse en pie.

Con una mueca de dolor, se acercó cojeando, se agachó y recogió el frasco de colonia que había estado sobre la mesa contra la que había lanzado a Clay.

Elliot lo miró con el ceño fruncido mientras le daba vueltas en la mano.

Su instinto había visto una granada letal; ahora se preguntaba cómo demonios había podido confundir aquel frasco con otra cosa.

No necesitaba mirar alrededor para saber que Clay se había marchado, pero lo hizo de todos modos.

Las ventanas del dormitorio no podían abrirse y la puerta del pasillo seguía cerrada.

Elliot miró hacia el cuarto de baño contiguo, cuya puerta seguía abierta de par en par, tal como él la había dejado.

Con el ceño fruncido, fue hasta allí y encendió la luz.

Cuando sus ojos se acostumbraron al resplandor, miró hacia la gran ventana junto a la ducha.

Estaba cerrada con pestillo, y nadie habría podido manipularla desde fuera.

Alzó la mirada hacia el conducto de ventilación del centro de la estancia.

La rejilla estaba en su sitio, pero, al retroceder para verla mejor, Elliot distinguió una abertura de poco más de un centímetro.

Repasó mentalmente la distribución de la casa y recordó que el sistema de ventilación llegaba hasta el tejado.

Muchos de los conductos, aunque estrechos, eran lo bastante anchos para que alguien de la complexión de Clay pudiera deslizarse por ellos.

—⁠¿Elliot? —⁠llamó Anthony desde el pasillo con voz preocupada.

—⁠Estoy bien —⁠respondió Elliot mientras salía deprisa del baño.

El filántropo estaba en el umbral del dormitorio y miraba hacia dentro desde el pasillo. Del baño salía luz suficiente para iluminar la habitación, incluida la mesa rota. Elliot se reunió enseguida con él en el pasillo y le explicó brevemente lo sucedido.

—⁠Dios mío. Menos mal que me hiciste dormir en la habitación de invitados —⁠murmuró Anthony, apretando los brazos contra los costados.

Elliot asintió.

—⁠No esperaba que vinieran a por ti aquí hasta que llevara una semana más o menos siguiendo una rutina que alguien pudiera observar. Me alegro de haber sido un paranoico.

—⁠Yo también. Aunque deberíamos llamar a la policía —⁠dijo Anthony, con los ojos muy abiertos por la preocupación.

—⁠Lo haremos. No te separes de mí. Antes tengo que avisar a los hombres de fuera —⁠le dijo Elliot. Se aseguró de que Anthony permaneciera pegado a él antes de continuar.

No le molestaba que el ataque hubiera llegado antes de lo que Elliot esperaba.

En realidad, tampoco le inquietaba tanto descubrir que Clay era quien había colocado la bomba o que estaba compinchado con los responsables.

Desde luego, lo había sorprendido, pero, entre su trabajo protegiendo a personas y sus años en los marines, había aprendido a no dar demasiadas cosas por sentadas.

Lo que le inquietaba era que debería estar muerto.

Clay era tan hábil y estaba tan bien informado como Elliot había intentado prever.

Seguía maldiciéndose por no haber pensado en el acceso desde el tejado, pero el hecho de que Clay lo hubiera elegido demostraba lo atento y meticuloso que podía ser.

Había caído en la trampa tendida por Elliot, aunque antes de lo previsto; pero, tal como había demostrado Elliot al olvidarse de los conductos de ventilación, ningún profesional estaba libre de cometer errores.

Sin embargo, después de la emboscada inicial y la pelea que había seguido, Elliot no debería haber salido bien parado.

Clay podría haberle disparado fácilmente, pero había optado por un cuchillo y, aun así, no lo había utilizado pese a estar tan cerca de la cama.

Era como si Clay hubiera querido asegurarse por completo de quién era la figura que había tras las cortinas antes de asestar el golpe.

Además, estaba claramente entrenado y era capaz de enfrentarse a un adversario mucho más grande que él.

La pelea había sido rápida y limpia, y Elliot no debería haber salido de ella por su propio pie.

Incluso el uso del frasco de colonia demostraba que Clay sabía cómo manipular los reflejos de alguien que había combatido en primera línea.

Cada detalle del enfrentamiento que Elliot analizaba mentalmente le gritaba que debería estar muerto o, como mínimo, desangrándose.

En cambio, Clay le había dejado unos cuantos moratones y una rodilla que se curaría con una bolsa de hielo y un par de aspirinas.

¿Qué clase de asesino a sueldo evitaba matar a alguien que suponía una amenaza evidente para su objetivo, sobre todo cuando este habría quedado indefenso después?