Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 27 Veintisiete #2
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27 Veintisiete #2

Aggie se giró para mirar y se le ensombreció el gesto al cruzar la mirada con mi madre.

—Siempre le ha gustado hacer una entrada triunfal.

Y eso fue todo. Ese fue todo el tiempo que tuve para asimilar la situación, porque mi madre miró a Aggie, luego a mí, luego a Wylie y luego a Mick. Y acto seguido venía hacia nosotros como un tren de mercancías desbocado.

Y todos estábamos atrapados en las vías mientras se nos echaba encima a toda velocidad.

Me levanté porque era lo único que se me ocurría.

—Madre, esto no es lo que parece.

Fue una estupidez decirlo, por supuesto. Era exactamente lo que parecía.

—¿Ah, no? —Mamá llegó hecha una furia al lado de la mesa y plantó las manos en las caderas—. ¿Entonces no estás haciendo buenas migas con la mujer que me robó el marido?

—Madre mía —dijo Bella, que intentaba hundirse en la silla—. Esto va a ponerse muy feo.

—Feísimo —coincidió Bree. Se la veía exultante. Al volver los ojos hacia mí, lo hizo con suspicacia—. Señor No Sé Por Qué Pasó, tienes mucho que explicar.

La miré con furia antes de volverme hacia mi madre.

—Deberíamos ir a algún sitio a hablar.

Eso era pedir demasiado. Mi madre nunca se había topado con una escena que no quisiera montar.

—Pues yo creo que vamos a hablar aquí mismo —masculló, hirviendo de rabia. No recordaba haberla visto nunca tan enfadada.

—Eleanor, deberíamos ir a un lugar más privado —insistió Aggie.

—¿Deberíamos? —replicó mamá—. Tú ni siquiera tienes nada que ver en esto. Es una conversación entre mi hijo y yo.

—No lo es —respondió Aggie—. Es una conversación entre todos nosotros. —Me lanzó una mirada de disculpa—. Lo siento. Sé que querías hacerlo de una forma concreta, pero es evidente que eso no va a funcionar.

Evidentemente. Me pellizqué el puente de la nariz.

—Has llegado antes, mamá. No te esperaba hasta mañana.

—¿Porque así te resultaría más fácil fingir que no confraternizabas con el enemigo? —gruñó.

—Alucinante —dijo Bella—. Esto es como presenciar un culebrón en directo. Estoy flipando en colores.

—Shh —la reprendió Bree—. Esto es el mejor espectáculo de la historia. —Me dedicó un pulgar hacia arriba—. Ni siquiera me molesta que mintieras sobre no saber por qué tu madre se puso en modo lucha libre con Aggie hace tantos años.

Lancé una mirada a Brody.

—¿No puedes hacer algo con ella? —gruñí entre dientes.

Él se encogió de hombros.

—Normalmente, no. Pero lo intentaré. —Agarró a Bree del brazo, con toda la intención de llevársela a rastras.

Bree le dio un manotazo en la mano y él se dio por vencido.

—Lo siento. —Brody extendió las manos—. Lo he intentado.

—Eso ha sido el mínimo esfuerzo posible —siseé.

Mamá había perdido el interés en mí. Ahora que estaba en la misma sala que Aggie y Mick, eran ellos el centro de su atención.

—Robarme el marido no fue suficiente, ¿verdad, Agnes? —Pronunció el nombre de Aggie como si fuera una palabrota—. No, también tenías que robarme a mi hijo.

—Oh, déjalo ya —la reprendió Aggie—. No seas ridícula. Esto no es una película de mafiosos. No somos familias rivales peleándonos por el territorio. Somos adultos. Ya es hora de que nos comportemos como tales.

—Para ti es fácil decirlo. —Mamá señaló a Mick—. Tú te llevaste el premio.

Mick suspiró con fuerza.

—Antes de que tengamos esta discusión en público, que es evidentemente lo que pretendes, deberías saber que le he contado a Huxley la verdad sobre nuestra relación.

Mamá abrió la boca, la cerró y me clavó los ojos.

—No puedes creerte nada de lo que dice.

Lo que más deseaba en el mundo era arrastrar a mi madre a un rincón tranquilo —joder, de vuelta a mi casa— para poder hablarlo todo. Pero no iba a permitirlo. No iba con su carácter.

—Me ha contado toda la historia, y sí que le creo —anuncié.

Eso solo la enfureció más.

—¿Ah, sí? ¿Y cuál es toda la historia?

—Sé que Mick y Aggie estaban juntos antes de que tú te liaras con él —respondí con calma. A estas alturas, era mejor sacarlo todo a la luz—. Sé que Michael volvió y que Aggie intentó que las cosas funcionaran con él por el bien de Lucy.

Respiré hondo.

—Sé que tú sabías que Aggie y Michael habían roto antes de convencerlo para iros a Las Vegas a casaros.

—¡Eso no es verdad! —Mamá casi lo chilló.

—Basta —dije, con el agotamiento venciéndome—. Mamá, no estoy enfadado contigo por lo que hiciste. —Rectifiqué mentalmente casi de inmediato—. Vale, estoy un poco enfadado. Pero eso no viene al caso. Lo hecho está hecho, y las cosas están como deben estar.

—¿Es decir, que mi marido está casado con mi mejor amiga? —replicó mamá—. Rectifico. Mi exmejor amiga.

Me negué a dejar que convirtiera la conversación en algo que no era.

—Le fuiste infiel a Mick. Eso le dio la oportunidad que necesitaba para hacer lo que le dictaba el corazón. Para ya. En realidad no querías a Mick. Solo querías pruebas de que los dos estabais hechos el uno para el otro, y nunca lo estuvisteis.

—Oh, bueno, ya veo que lo tienes todo muy claro —dijo mamá, con voz baja y glacial—. Como los quieres tanto, como te pones de su parte, supongo que ahora pueden ser tus padres. Es evidente que es lo que quieres.

Siempre lo llevaba todo a un extremo ridículo. No podía evitarlo. Era así.

—No lo plantees de esa manera —dije, y le lancé una mirada de reojo a Wylie. Había estado callada durante toda la conversación, y era obvio que estaba paralizada por el miedo. No la culpaba. Mi madre resultaba terrorífica cuando cogía carrerilla.

—Esto no tiene nada que ver con que Mick y Aggie sean mis padres —le aseguré a mamá.

—Me llamaste para que viniera. Dijiste que era una emergencia.

Por eso adelanté el vuelo y llegué antes.

Quería asegurarme de estar aquí para ti, para lo que fuera que estuvieras pasando.

—Me lanzó una mirada fulminante—. No tenía ni idea de que lo que estabas pasando fuera toda una campaña de traición.

—Ay, me encanta —dijo Bree con devoción—. Es tan dramática que me la guardaría en el bolsillo y me la quedaría para siempre.

Brody le tapó la boca a Bree con la mano, pero no hizo nada más. Sabía reconocer una batalla perdida.

Había llegado el momento de poner todas las cartas sobre la mesa. Era lo único que podía hacer.

—Mamá, que Aggie y Mick estén aquí es pura casualidad, en realidad —intervine—. Han venido a ayudar a Lucy.

—¿Lucy? —Mamá arrugó la nariz—. ¿Y qué iba a hacer Lucy aquí?

—Porque vive con Wylie —respondí—. Wylie se mudó al pueblo más o menos al mismo tiempo que yo. —Respiré hondo—. Y nos enamoramos.

Fue como si hubiéramos estado viviendo a la sombra de una cascada y el agua hubiera dejado de caer de golpe. Todo quedó en un silencio sepulcral.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó mamá.

A Wylie se le pusieron los ojos como platos.

—Sí, ¿qué acabas de decir?

Y la partida había comenzado. Ya no había vuelta atrás.