Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 26 Veintiséis #2
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26 Veintiséis #2

—Me contó muchas cosas durante la comida. —Mick sonrió—. Me habló de las camisetas de vuestra primera cita y de que, cuando te enfadabas, lo insultabas en klingon. —Miró hacia el sitio que teníamos detrás antes de continuar—. ¿Le has contado lo de la aplicación?

Negué con la cabeza.

—No, y Lucy sabe que gané dinero con otra cosa y que no le voy a dar detalles. Y no ha dejado de intentar sacármela.

—Quizá deberías contárselo a todos y quitarte así el secreto de encima.

Llevaba un tiempo pensando en contárselo a Huxley.

No era un secreto vergonzoso ni nada parecido.

En realidad, era bastante guay. Pero no me había atrevido a dar el paso.

—Sí. —Suspiré y volví a mi helado—. Primero superemos el tema de Eleanor.

Después ya me preocuparé de contarles lo de la aplicación.

Asintió.

—¿Tienes idea de cuándo llegará Eleanor?

—No. No he tenido noticias de Huxley. Creo que necesita un poco de tiempo para él.

—No te preocupes. Volverá antes de que te des cuenta.

—Eso espero.

Apoyó la mejilla en lo alto de mi cabeza.

—Yo lo sé, Wylie. Ten un poco de fe. Algo me dice que se la ha ganado.

Y, como tenía razón, lo dejé estar.

—¿Qué crees que estudiará Lucy? —pregunté, cambiando de tema.

—No tengo ni idea, pero me muero de ganas de ver qué se le ocurre. Tengo la esperanza de que nuestras dos chicas estén bien encaminadas hacia su final feliz antes de que nos marchemos de la ciudad.

—¿No sería maravilloso?

—Desde luego que sí.

NO PODÍA DORMIR SIN HUXLEY y seguía dando vueltas en la cama a las dos de la mañana cuando se abrió la puerta de mi habitación.

Al principio supuse que Lucy tampoco podía dormir, o puede que quisiera comentarme alguna idea sobre sus futuros planes académicos, pero la silueta iluminada en el umbral era demasiado grande para ser ella.

Se me paró el corazón al darme cuenta de que había un hombre en mi apartamento, y entonces se movió y se quitó la camiseta con un movimiento fluido. Reconocí su forma de moverse de inmediato y me incorporé sobre un codo mientras Huxley se deshacía de los pantalones y se metía en la cama a mi lado.

—Pensaba que eras un ladrón —siseé mientras él me atraía entre sus brazos.

—He venido a robarte el corazón —bromeó con una voz que no sonaba del todo normal, pero tampoco abatida.

—Me has asustado.

—Lo siento, cariño. Daba por hecho que estarías dormida. No quería despertarte. —Hundió la cara en el hueco de mi cuello—. Es que no podía dormir sin ti.

—No me refería a ahora mismo, aunque desde luego que lo has hecho. La próxima vez arriésgate a mandar un mensaje.

Se rio entre dientes.

—Me refería a cuando te quedaste en silencio después de tu conversación con Mick —expliqué—. No sabía si volvería a verte. —Se me llenaron los ojos de lágrimas sin poder evitarlo.

—Shhh. —Me apretó contra él tanto como pudo, aunque ya no quedaba ni un milímetro entre nosotros—. No pretendía asustarte. Solo… tenía que averiguar qué le iba a decir a mi madre. Lo que me contó Mick… simplemente no quería creerlo.

—¿Crees que Mick miente? —Yo sabía que Mick no mentía, pero quería saber en qué punto tenía Huxley la cabeza.

—No, sé que Mick no miente. La historia que me contó no lo deja como un angelito. Se portó mal con mi madre. Pero lo reconoce. La cuestión es que mi madre se portó mal con él primero.

—¿Qué le vas a decir?

—No lo sé. Es que ahora mismo estoy muy enfadado.

—¿Con Mick?

—Con la situación. Estoy enfadado con él, pero creo que es algo que puedo superar.

Eso fue un alivio.

—Aunque también estoy enfadado con ella —añadió.

—¿Crees que podrás superar eso?

—Es mi madre, así que voy a tener que intentarlo, pero…

estoy furiosísimo con ella por lo que hizo, Wylie.

—Se sentó en la cama y me miró desde arriba—.

Puede que aún no lo hayas pensado, pero si no hubiera hecho estallar las relaciones de todo el mundo, puede que hubiéramos acabado juntos hace años.

No me di cuenta de que iba a reírme hasta que se me escapó. Fue medio bufido también, y me hizo sonar como uno de esos animales que se oyen en un safari.

—Qué sexy —dijo arrastrando las palabras, y solté una risita cuando me hizo cosquillas. Se puso serio al apartarse—. Mi madre dice que vendrá pasado mañana. No sabe de qué quiero hablar —pensé que era mejor no avisarla—, pero sabe que es algo serio.

—Bueno, mañana es el siguiente evento con lectoras —reflexioné—. Supongo que es bueno que podamos quitárnoslo de encima antes de que llegue.

—Estaba pensando lo mismo. —Me acomodó contra su costado, con la cabeza apoyada en su hombro.

—¿Quieres que esté ahí cuando hables con ella? —pregunté por fin. Sabía que ahora podría dormir, ya que él estaba conmigo, y cada segundo que pasaba me pesaban más los párpados. Pero quería estar ahí para él, fuese como fuese.

—En algún momento querré que trates con ella —respondió—. Creo que, al principio, deberíamos estar solo ella y yo. Tenemos mucho de lo que hablar. Me espero una crisis de las gordas.

—¿Cuánto le duran las crisis?

—Pueden ser días, o incluso semanas. Iremos improvisando.

—Quiero estar contigo después, así que, si se pone desagradable, llámame e iré a donde estés.

—Bueno, puede que vaya yo a tu casa —replicó él—. Así no podrá encontrarme. Además, está claro que no puedo dormir sin ti. De todas formas, ya te contaré en qué queda.

—Vale.

Le recorrí el pecho con los dedos.

—Todavía nos queda mañana. Mamá y Mick van a insistir en que comas con ellos.

—Tendrá que ser el desayuno o la comida, porque cenamos antes del encuentro con las lectoras.

—Ah, claro.

Asentí.

—¿Dónde es este, que no me acuerdo?

—No estoy seguro. Lo miramos mañana por la mañana.

—Vale.

Suspiré hondo y me acurruqué bien pegada a él.

—Me alegro mucho de que hayas venido. Yo tampoco puedo dormir sin ti.

—Lo sé. Somos igual de empalagosos y codependientes que nuestros amigos. Y nos ha pasado mucho antes de lo que esperaba.

—A mí me parece bastante divertido.

—Cómo no.

Me besó en la frente.

—Buenas noches, Wylie.

Le di las buenas noches en klingon, así que lo último que oí fue su risa. Era mi sonido favorito del mundo.