26 Veintiséis
VEINTISÉIS
Teníamos un plan. No me apetecía nada ponerlo en marcha.
Con mi madre había sido sorprendentemente fácil. Sin embargo, después de que me contara la verdadera historia de cómo Mick y ella habían acabado juntos, ya no sabía qué sentir respecto a Eleanor.
Cierto, mi madre no era inocente en todo esto. Había cierto grado de traición que no se podía justificar sin más. La cuestión era que Eleanor también formaba parte de esa traición.
Huxley había necesitado algo de tiempo para digerir la historia. No era que no creyera a Mick —se notaba que ese no era el problema—, pero seguía siendo su madre. Así que, por primera vez desde la primera vez, pasamos la noche separados. Me dio pena, pero él necesitaba espacio, así que se lo di.
Salí a cenar con Mick, mamá y Lucy, pero no fue demasiado agradable. Interrogué a Mick sin piedad sobre la reacción de Huxley hasta que terminó por decirme que Huxley me contaría qué sentía sobre todo aquello cuando estuviera preparado.
Después me sentí culpable y me salté el postre para castigarme, lo que hizo que mamá pusiera los ojos en blanco.
Lucy y yo acompañamos a mamá y a Mick a su hotel.
Lucy también tenía mucho en qué pensar. Era una oportunidad que probablemente no se le volvería a presentar, así que quería darle vueltas, lo cual, para mí, era buena señal.
—Vamos a tomar un helado en el paseo del río —sugirió mamá, en lugar de despedirse de nosotras en la puerta principal del hotel—. He visto una heladería no muy lejos del Starbucks.
—Es buena —dije—. Huxley y yo tomamos un helado allí una vez.
—¿Ah, sí? —Mamá arqueó una ceja, claramente divertida—. ¿Fue una cita?
—En realidad, no. —Fruncí el ceño al recordar aquella noche—. Uno de los lectores del evento en el que estábamos era un poco… raro. No dejaba de ofrecerse a acompañarme a casa aunque le dije que no. Huxley intervino y dijo que me acompañaba él, aunque nos habíamos peleado antes esa misma noche.
—Discutían mucho al principio —terció Lucy—. Por eso vine a darle apoyo. No quería que se portara mal con ella.
Mamá le lanzó a Lucy una mirada de «ni se te ocurra».
—Sí, por eso te fuiste a vivir con tu hermana —dijo con sequedad, y sacudió la cabeza antes de volverse hacia mí—. ¿Así que no estabais juntos y él insistió en acompañarte a casa?
—Era por seguridad —le aseguré—. Por entonces ni siquiera nos mirábamos de esa manera.
—Ajá. —Mamá torció los labios—. Para que quede constancia, vosotros dos siempre os habéis mirado de esa manera, así que a mí no me engañas.
—Venga ya. —No me podía creer que estuviera insinuando eso—. Antes de reencontrarnos esta vez nunca me vio como nada más que una friki. No lo conviertas en algo que no fue.
—No lo estoy convirtiendo en nada que no fuera —replicó con firmeza—. Estabais colados el uno por el otro. Tú lo reconociste. A Huxley le costó más admitirlo.
—Porque yo era una friki. —Al instante me arrepentí de lo que había dicho. No eran las palabras lo que me molestaba, sino la forma en que las había dicho—. Aunque no hay nada de malo en ser friki.
—No lo hay —convino mamá.
—Yo no soy friki —intervino Lucy, pero nadie le hizo el menor caso.
—A Huxley le gusta que sea friki —expliqué—. Incluso me compró una camiseta de Star Trek para nuestra primera cita. Él se puso otra. Era graciosa, hablaba de Kirk y su fáser.
Me reí al recordarlo.
—Parece que lo estáis pasando bien —comentó mamá, pensativa, cuando llegamos a la heladería—. Estáis practicando sexo seguro, ¿verdad?
Me ardieron las mejillas y tuve que apartar la mirada.
—¡Mamá! —Estaba escandalizada.
A ella, por supuesto, le pareció graciosísimo.
—Tengo muchas ganas de ser abuela. Huxley y tú vais a tener unos hijos preciosos. Aunque no deberíais precipitaros.
Apreté los labios y me concentré en los sabores de helado. No me podía creer que hubiera sacado el tema. Tenía treinta y tantos, por el amor de Dios. No necesitaba que me hablaran de sexo a estas alturas.
—Eso es lo bueno de ser lesbiana —soltó Lucy—. No tienes que preocuparte por embarazos accidentales.
—Sí, tú no deberías tener hijos por ahora —le dijo mamá a Lucy—. Primero tendrías que poner tu vida en orden. Tu hermana ya tiene la suya en orden, así que con ella sí podemos hablar de hijos.
Lucy arrugó el gesto.
—Qué manera de hacerme sentir mal, mamá.
—De nada, cielo. —Le dio a Lucy una palmadita distraída en el brazo y siguió centrada en mí—. Huxley y tú seréis unos padres maravillosos. Ya se nota que se ha convertido en un hombre excepcional.
Cerré los ojos un instante.
—Yo voy a pedir vainilla con salsa de caramelo —dije, porque no se me ocurría nada más que decir.
—Buena idea. —La sonrisa de mamá se ensanchó aún más—. Creo que yo pediré lo mismo.
EN CUANTO TUVE EL HELADO, me escapé y me dejé caer en uno de los bancos junto al río para ponerme a buscar delfines. Cuando alguien se acomodó a mi lado, esperaba que fuera mamá. Pero era Mick.
Llevaba un cucurucho con dos bolas de helado de chocolate y una sonrisa pícara en los labios.
—¿Ahora vas a empezar tú también con lo mismo? —pregunté.
Negó con la cabeza.
—No, nada de eso. Por adorables que seáis Huxley y tú —y os juro que sois más monos que un par de gatitos—, merecéis espacio para aclarar las cosas por vuestra cuenta.
—¿En serio?
No me permití albergar demasiadas esperanzas.
—Qué amable por tu parte. Mamá no es tan amable como tú.
—Tu madre está emocionada… y nerviosa. Tienes que tener un poco de paciencia con ella.
Me metí una cucharada de helado en la boca y le di vueltas al asunto; esperé a tragar antes de volver a hablar.
—¿Por qué nunca nos contasteis la historia completa? Quiero decir… Me acuerdo de que andabas por casa cuando era pequeña. Simplemente daba por hecho que erais amigos.
—Eso es lo que queríamos que pensaras. Estábamos intentando aclararnos. Y entonces volvió Michael. —Hizo una pausa—. ¿Te acuerdas de cuando volvió?
—Sí.
Fruncí el ceño al recordarlo.
—Me acuerdo. Mamá estaba disgustada. Me costaba entender por qué. Pensaba que se alegraría de que Michael hubiera vuelto, pero no fue así.
—Eras demasiado pequeña para entender todas las complicaciones de aquel asunto —dijo—.
Y, escucha, no estoy orgulloso de cómo lo llevé.
—Me miró con absoluta sinceridad—. Para empezar, no debería haber salido con Eleanor.
Estaba tan perdido… y quería que tu madre fuera feliz, así que no planté cara cuando Michael volvió. Debería haberlo hecho.
—No pasa nada —le aseguré—. Entiendo por qué hiciste lo que hiciste… e incluso por qué mamá hizo lo que hizo. Intentaba mantener intacta la familia de Lucy.
—También quería darte algo a ti.
—Pero Michael nunca significó nada para mí.
Le dediqué una sonrisa resignada.
—Me trataba como si fuera un estorbo y estoy segura de que, desde su punto de vista, lo era.
—Para mí nunca fuiste un estorbo, pequeña. —Mick me pasó el brazo por los hombros—. Siempre quise a tu madre. Eso no fue justo con Eleanor. Debería haber puesto fin al matrimonio de inmediato. Sí, en aquel momento habría destrozado a Eleanor, pero las cosas acabaron saliendo mucho peor.
—No entiendo por qué intentó retenerte en un matrimonio en el que no querías estar —admití—. Se ha casado un montón de veces. Nunca quiere quedarse con nadie para toda la vida.
Me giré para mirarlo de frente.
—No te lo tomes como algo personal, pero… ¿por qué tú? ¿Por qué fuiste tú el que ella quiso conservar? Eres un tío genial, no me malinterpretes, pero es rarísimo que fueras tú el que le hizo perder la cabeza.
—Le he dado muchas vueltas a lo largo de los años —admitió, y le dio otro lametón al cucurucho antes de continuar—. No creo que me quisiera. Creo que quería quererme. Y luego, por cómo salieron las cosas con tu madre, sintió que tenía que fingir que seguía queriéndome o todo habría sido en vano.
—Pero es justo lo que pasó —insistí—. Todo fue en vano, porque mamá y tú terminasteis juntos de todas formas.
—Pero perdimos años de estar juntos, y todavía me da pena cuando lo pienso. Me perdí la mayor parte de tu infancia. Ya eras adulta cuando volví a tu vida.
—No he salido tan mal. O eso creo.
—Te has convertido en una persona increíble. —Me apretó el hombro—. En la mejor persona del mundo, de hecho.
—¿Mejor incluso que mi madre?
Se echó a reír.
—No pienso responder a esa pregunta ni en broma. Y tienes razón, nadie es mejor que tu madre. Es mi persona favorita del mundo.
Era la respuesta que quería oír, así que apoyé la cabeza en su hombro y contemplé la hermosa extensión de agua. El sol llevaba recorrida la mitad de su descenso y el cielo se encendía con una rica gama de naranjas y rojos.
—¿Crees que Huxley se pondrá bien? —pregunté en voz baja, dando voz al miedo que me rondaba.
—Creo que Huxley se pondrá bien —confirmó—.
Lo que más lamento en esta vida es haberlo dejado atrás.
Sí, en aquel momento ya era adulto. Pero yo lo quería.
Lo estaba pasando mal por culpa de Eleanor —le exigía demasiado a ese chico— y estoy seguro de que, una vez me fui, no era nada agradable tenerla cerca.
—No habla mucho de aquella época —admití—. Pero sé que te echó de menos cuando te fuiste.
—Vosotros dos os complementáis muy bien. Tú eres divertida cuando él necesita divertirse, y a él le encanta preocuparse por todo el mundo, que es algo que tú necesitas de vez en cuando porque sueles tener la cabeza en las nubes.
Casi sonaba a insulto, pero sabía que no lo había dicho con esa intención.
—Es que no quiero perderlo.
Se echó atrás lo justo para mirarme a los ojos.
—¿Qué te hace pensar que vas a perderlo?
—¿Y si Eleanor lo obliga a elegir entre ella y yo?
Mick respondió sin titubear.
—Te elegirá a ti.
—Es su madre.
—Sí, y él es un hombre que sabe lo que quiere. No me cabe la menor duda de que eres tú.
—¿Te dijo eso?