24 Veinticuatro #2
—Por supuesto, Wylie. Es obvio que Huxley y tú tenéis una relación seria. Es parte de la familia, aunque no lo haya visto en muchísimo tiempo. Deja de ponerte rara.
Hundí los hombros y Huxley me pasó el brazo por la espalda de manera automática. Quería protegerme, pero esa era una batalla que tenía que librar yo sola.
—Tenemos que hacer esto de forma metódica —le dijo a Mick—. Huxley y tú tenéis cosas de las que hablar. Yo tengo que ocuparme de mis hijas. Nos vemos dentro de unas horas.
—Me parece bien —dijo Mick. Me dedicó una sonrisa afectuosa—. Me alegro por vosotros. Siempre supe que haríais buena pareja.
Hice una mueca.
—No es verdad. Me odiaba cuando era adolescente.
—No, qué va. —Mick soltó una risa breve—. Estaba tan colado por ti como tú por él. Solo que no se daba cuenta. Los chicos tardan más que las chicas en enterarse de estas cosas.
—Tú sabrás —dijo mamá con sequedad, y cruzaron una mirada cargada de significado que me descolocó. En lo que decían había más de lo que yo había captado al principio—. Entonces, ¿tenemos un plan? —insistió cuando todos nos quedamos en silencio.
—Sí —respondí—. ¿Lucy sabe que venís?
—Nop.
—¿Y cuánto tiempo os quedáis?
—Hasta que Lucy esté encaminada y tú estés… —Miró a Huxley—. Bueno, parece que tú ya lo estás. Aunque quiero oír la historia completa.
Esbocé una sonrisa de oreja a oreja.
—Incluye la parte en la que lo insulté en klingon.
Ella esbozó una sonrisita de suficiencia.
—No me sorprende en absoluto.
FUE INCÓMODO DESPEDIRME DE HUXLEY CON UN BESO delante de mi madre, pero él parecía impaciente por tener su conversación con Mick, y yo tenía asuntos que resolver, así que no nos quedó otra que separarnos.
Mamá no me hizo ni una sola pregunta mientras subíamos en el ascensor. Como no soportaba los silencios demasiado largos, empecé a rellenar los huecos.
—¿En qué hotel estáis?
—En el Marriott que está junto al río —respondió.
—Ah, es un hotel genial. Huxley y yo tomamos cerveza y gambas una noche en uno de sus restaurantes. Estaba todo bonsísimo.
—Lo tendré en cuenta —dijo con sequedad mientras la sacaba del ascensor y la llevaba hacia mi apartamento—. ¿Eso fue en una de vuestras citas?
—No, fue antes de empezar a salir. —Intenté parecer despreocupada, como si nada en el mundo me inquietara, pero nunca he sido tan buena actriz.
—Entonces, ¿cuando todavía lo insultabas en klingon?
Me detuve delante de mi puerta, con la llave apretada en la mano.
—Es un tío realmente bueno. No sé si todo eso de ahí abajo era puro teatro, pero, por favor, no te enfades con él.
—No ha hecho nada por lo que yo deba enfadarme. —Mamá me quitó la llave de la mano y la metió en la cerradura—. Lo único que me enfada es que no me lo hayas contado.
Empecé a albergar la esperanza de que la cosa no fuera a salir tan mal como me había temido al principio.
—¿Crees que Eleanor se lo tomará con la misma tranquilidad?
—Ah, desde luego que no. —Mamá me empujó dentro del apartamento.
Lucy, que estaba en la cocina delante de la cafetera, se quedó boquiabierta al ver quién venía conmigo.
—Ay, madre —fue todo lo que consiguió decir.
—Sí, ha venido a arreglarte la vida —dije—. Nos ha pillado a Huxley y a mí comiendo donuts delante del edificio.
—Uy. —Lucy parecía un conejo deslumbrado por los faros de un coche—.
¿Has gritado? —le preguntó a mamá—. No le habrás tirado del pelo ni nada, ¿no?
—Miró alrededor—. ¿Dónde está? Por favor, dime que no los has obligado a romper.
Están genial juntos. Adora a Wylie con locura. No es justo que se lo quites.
Mamá puso cara de exasperación.
—No soy un ogro, Lucy. No tengo ningún problema con la relación de tu hermana y Huxley. Por lo que vi, son muy monos. De hecho, son tan monos que dan ganas de vomitar.
—Uf, dan asco —coincidió Lucy—. Pero son muy felices. No quiero que nada se interponga entre ellos.
La miré con otros ojos.
—¿Desde cuándo? No has dejado de pincharlo desde el momento en que volviste a verlo.
—Eso es solo porque me gusta fastidiar a la gente. —Parecía arrepentida—. No tengo nada contra él. De hecho, me cae bien.
Aquello era una novedad para mí.
—Vaya.
—Parece que has estado dando muchas cosas por sentadas, tanto de tu hermana como de mí —dijo mamá con intención—. Ya sabes lo que dicen de la gente que da cosas por sentadas, ¿no?
—Sí, madre —murmuré con la cabeza baja.
—Bien, porque vamos a tener una conversación muy larga sobre todo esto. —Su tono no dejaba lugar a dudas—. Y luego quiero oír cada pequeño detalle de cómo pasó.
Parecía que lo decía sonriendo, y cuando levanté la cabeza de golpe, descubrí que tenía una sonrisa enorme que le partía la cara en dos. Sentí que la esperanza crecía dentro de mí. Mi madre iba a ser una aliada en todo este proceso, no una enemiga. Nunca en mi vida había sentido tanto alivio.
—Pero lo primero es lo primero —dijo mamá—. Lucy, en nuestra última llamada mencionaste que estabas pensando en ir a la universidad. He esperado este momento durante años. Vamos a encontrar la universidad y el camino adecuados para ti.
—¿Hoy? —preguntó Lucy, con el horror pintado en la cara.
—Bueno, en los próximos días —aclaró mamá—. No quiero que te equivoques de carrera solo porque te sientas presionada. Pero lo vamos a resolver.
Respiró hondo.
—Entonces quiero conocer a tu novia, Lucy. Si es de las que te van a desviar del camino, me voy a enfadar.
—No lo es —intervine—. Es escritora. Hayley Clifton. Está muy centrada en su carrera y no le aguanta las tonterías a Lucy.
—No me deja pasar ni una —convino Lucy con el ceño fruncido—. Qué mala es.
—Parece un auténtico encanto —replicó mamá—. Me muero por conocerla. Esta noche cenamos con Huxley. Quizá puedas traerla.
Me gustaba la idea de quitarle algo de presión a Huxley.
—Espera, ¿entonces no estás enfadada de que esté con Huxley? —insistió Lucy—. Estaba segurísima de que ibas a montar un drama por eso.
No era la única.
—Yo también —admití.
—Pues no, no tengo por qué montar ningún drama. —Mamá respiró hondo—. Creo que ya es hora de que las dos escuchéis la historia de cómo Mick y yo acabamos juntos. Tarde o temprano va a salir el tema, sobre todo cuando Eleanor aparezca por aquí, que es inevitable.
Se me encogió el estómago.
—No creerás que va a venir ahora, ¿no?
—No tengo ni idea. Ya no nos movemos precisamente en los mismos círculos.
—Porque le robaste a Mick —dijo Lucy—. Ya he oído la historia.
—No toda —replicó mamá.
—Yo sí conozco la historia completa —apunté yo—. Es un poco distinta de lo que nos han contado todos estos años.
—Tú tampoco conoces la historia completa —respondió mamá. Exhaló un suspiro—. Ya es hora de que la sepáis. Cuando Eleanor vuelva a entrar en nuestras vidas —y va a pasar—, se van a decir muchas cosas. Quiero que sepáis la verdad.
Me asaltó la culpa.
—Siento que tengas que pasar por esto otra vez —dije—. Por mi culpa, quiero decir.
—Esta no es tu batalla, Wylie —insistió mamá—. Mereces ser feliz. De Eleanor me encargo yo.
Lo decía como si fuera facilísimo. Solo había un pequeño problema.
—¿Y si ella no quiere tratar contigo?
—Entonces haré saltar por los aires su patético relatito y lo voy a disfrutar de lo lindo. —Mamá señaló el sofá—. Sentaos. Ya es hora de que os cuente toda la verdad.
Me acerqué al sofá sin hacer ruido, indecisa. ¿Qué nos iba a contar exactamente?