15 Quince #2
No es que quisiera salir con Wylie, claro.
Todo lo que sentía (la rabia, el malestar y la esperanza) era porque Bree nunca había tenido una opinión que no quisiera compartir con todo el mundo.
Resultaba frustrante hasta decir basta. Bree debería haber mantenido la boca cerrada.
Yo ni siquiera habría notado la chispa si ella no me la hubiera señalado.
Mi voz interior discrepaba.
«Has sentido la chispa desde el principio. Por eso sigues volviendo a por más».
Y ahí estaba. Si era brutalmente sincero conmigo mismo (y a estas alturas no me quedaba otra), había estado reaccionando a la chispa.
La había sentido en el momento en que vi a Wylie al otro lado de la mesa aquella primera noche.
Dos cosas se me quedaron grabadas en ese instante.
La primera, que era absolutamente preciosa. La segunda, que era Wylie.
Si no hubiera conocido nunca a Wylie, me habría sentido atraído por su versión adulta.
Era exactamente lo que siempre me había atraído en una mujer.
Bueno, salvo Anna Paquin. Aunque ella no contaba.
Yo era un crío impresionable y True Blood era muy explícita con el sexo.
Cómo no iba a atraerme esa serie. No tenía elección.
Wylie, en cambio, era auténtica. No se parecía en nada a Sookie Stackhouse, y gracias al cielo por ello, porque había vuelto a ver la serie de adulto hacía más o menos un año y solo entonces se hicieron evidentes los problemas de la personalidad de Sookie.
Yo no quería a Sookie Stackhouse. Pero ¿quería a Wylie?
Esa pregunta me atormentó mientras cumplía con las lectoras de forma mecánica. Se merecían más de mí, mucho más, pero estaba perdido en mi propia cabeza y no podía hacer nada al respecto. Wylie me ocupaba hasta el último rincón del cerebro.
Al final, cuando quedaba más o menos una hora, me tomé un descanso y salí a un rincón de fuera donde pudiera pensar, a solas, lejos de Wylie. Cerré los ojos, apoyé la espalda contra la pared del restaurante y me obligué a inspirar y espirar a intervalos regulares.
Podía con esto. No era para tanto. Era un adulto, por el amor de Dios. Y era Wylie. Wylie no me interesaba. Era imposible. Era una friki. Era…
Es todo lo que siempre has soñado.
Si hubiera podido amordazar mi voz interior en ese instante, lo habría hecho con precisión militar. Pero era demasiado tarde. Lo había oído. Lo había sentido. Lo había—
—¿Huxley? —preguntó una voz masculina que me arrancó de mi ensoñación.
Levanté la vista y me encontré con Nathan mirándome; precisamente él. Por una vez parecía comprensivo, y no socarrón.
—Hola. —Me obligué a erguirme—. ¿Tengo que volver dentro? Debo de haber perdido la noción del tiempo que llevo aquí fuera.
Le quitó importancia con un gesto de la mano.
—Tranquilo —me aseguró—. No llevas aquí fuera más que unos minutos.
—Bien. —Me dejé caer otra vez contra la pared del restaurante—. Eso está bien.
—Sí, se te ve en la cara que te parece bien —asintió él de inmediato.
Le lancé una mirada envenenada y se me tensó la espalda. Había venido a dar guerra. Él y Bree eran siempre los alborotadores.
—Venga, dilo. Sé que te mueres de ganas.
—¿Y qué crees tú que quiero decir?
—No lo sé.
Apreté los puños. Tenía las emociones hechas un torbellino.
—Es que… no lo sé.
—Sí. Por eso estoy aquí.
Se humedeció los labios, echó un vistazo alrededor y después esbozó una sonrisa contrita.
—He venido a darte un consejo que no me has pedido.
No dije nada. La verdad es que me daba miedo abrir la boca.
—Yo supe que me estaba enamorando de Bella mucho antes que ella —empezó—. Bueno, puede que ella también supiera que sentía algo, pero se negaba a plantearse esa posibilidad, porque yo le había dicho que eso nunca iba a pasar.
Me limité a esperar, sin saber adónde quería llegar con todo aquello.
—La cuestión es que yo creía que no quería una relación porque la experiencia me había enseñado que, hasta entonces, ninguna mujer había logrado mantener mi interés —continuó, rascándose la mejilla distraídamente.
Parecía buscar las palabras adecuadas.
—Pero se me escapaba lo esencial.
—¿Y qué era lo esencial? —pregunté con curiosidad sincera.
—Lo esencial era que esas mujeres no eran las adecuadas para mí, así que no quería una relación. En cuanto estuve cerca de Bella, sí quería tener una relación con ella, porque ella sí era la adecuada. Para mí, al menos.
Tragué saliva con dificultad.
—¿Qué quieres decir?
—Que a lo mejor estás aquí fuera perdiendo los nervios porque Wylie es la adecuada para ti y no te lo esperabas.
—No estoy perdiendo los nervios —le espeté con la voz más aguda y chillona que me había oído jamás.
Bueno, salvo en la pubertad. Pero de aquella época prefería no hablar.
—Vale.
Nathan levantó las manos y dio un paso atrás.
—Entiendo que todavía no estés listo para hablar de esto. Está demasiado reciente. La cosa es que vi el momento exacto en el que te diste cuenta de que sí sentías algo por Wylie. Pasó durante la cena de esta noche, y no has llegado a recuperarte del todo. Yo también pasé por ese momento.
—No hubo ningún momento. —Negué con la cabeza, tajante—. No hubo ningún maldito momento.
—Vale. —El suspiro que soltó estaba cargado de decepción—. No quieres intentar nada con Wylie.
—No —confirmé.
—Es como una hermana para ti —añadió.
Me removí, incómodo.
—¿Puedes dejar de llamarla mi hermana? Es que… simplemente no.
Se le dibujó una sonrisa en la cara.
—¿Puedo preguntarte por qué no quieres verla como a una hermana?
—No, no puedes.
Soltó un bufido, pero se contuvo y se puso serio.
—Lo siento. Voy a dejar que te quedes un rato a solas con tus sentimientos. Lo aceptarás antes si no te presiono.
—No hay nada que aceptar.
Me negaba a dejar que mi vida se me fuera de las manos justo ahora, y eso era precisamente lo que estaba a punto de ocurrir. Tenía que hacerme con el control de la situación.
—No es nada malo —prometió Nathan.
—¿Ah, no? —Le sostuve la mirada y resoplé—. ¿Cómo crees exactamente que se lo va a tomar mi madre si aparezco en Navidad con Wylie del brazo?
Estaba claro que no había captado del todo las complicaciones reales del asunto, porque pareció sorprendido por mi vehemencia. Luego se quedó inmóvil.
—Ah —dijo por fin.
—Ah —espeté.
—Ni se me había pasado por la cabeza el tema de las madres. —Una sonrisa le iluminó la cara y me dio una palmada en el hombro—. En realidad, esto va a ser genial para todos.
—¿Y cómo llegas a esa conclusión?
—Porque Wylie y tú vais en rumbo de colisión el uno hacia el otro. Eso significa que, al final, vuestras madres también acabarán chocando. Puede que hagan las paces.
—Lo dudo sinceramente.
—¿Por qué lo dices? Toda pelea se puede superar.
Iba a borrarle esa sonrisa de la cara de un modo u otro.
—Porque el padrastro de Wylie es mi antiguo padrastro.
—No lo…
Nathan se interrumpió al caer por fin en la cuenta.
—Ay, madre —dijo.
—Sí. Nuestras madres no se van a portar bien.
Se recompuso más rápido de lo que yo esperaba.
—Eso no significa que no podáis estar juntos.
¿Ah, no? Por mucho que le diera vueltas al problema, siempre me topaba con el mismo muro. No pensaba hacerle daño a mi madre por nada del mundo. Pero ¿y si no era capaz de mantenerme alejado de Wylie? ¿Cómo iba a arreglar yo esta situación?
—Es más complicado de lo que jamás podrás entender —dije al final—. No puedo romperle el corazón a mi madre. No otra vez. Simplemente… no puedo.
Nathan se pasó una mano por el pelo.
—Bueno, quizá encontremos la manera de sortearlo.
—No podemos. —En eso fui tajante—. Simplemente no hay manera. Tienes que dejarlo estar.
Ahora solo me quedaba seguir mi propio consejo y dejarlo estar yo también.
¿Verdad?
¿Verdad?
Ay, maldita sea. No iba a dejarlo estar. Eso ya lo sabía. Quizá lo que había llegado era el momento de dejar de fingir.
Sí, ese era sin duda el camino.