Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 14 Catorce #2
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14 Catorce #2

El camarero miró en esa dirección y luego asintió.

—Sí. Es una de nuestras bebidas más populares.

—Pues yo también quiero eso —dijo Bree.

Pedí los tacos de ternera para acompañar la copa y sonreí cuando Hayley y Lucy pidieron las dos macarrones con queso.

Parecían estar en su propio mundo, y las dejé a lo suyo…

, fuera lo que fuese. Quería que Lucy encontrara amigas nuevas.

No había pensado en serio en Hayley, aunque me caía muy bien.

Había dado por hecho que sería demasiado formal para Lucy.

Visto en retrospectiva, me había equivocado.

Lucy necesitaba en su vida a alguien con mano firme, y puede que Hayley diera el perfil.

Como si me leyera la mente, Bella me dio un golpecito en la rodilla por debajo de la mesa.

—Si no andas con cuidado, vas a ser la única que no tenga pareja.

Me reí porque parecía que era lo que se esperaba de mí, pero el pinchazo inesperado que sentí cerca del corazón me desconcertó. No creía que quisiera pareja —ya tenía bastante en lo que pensar ahora mismo, con la mudanza a una ciudad nueva y todo lo demás—, pero ¿y si me había equivocado?

—Yo no me preocuparía por que Wylie esté soltera —dijo Bree entre risas.

Lucía esa sonrisa pícara que siempre anunciaba problemas, y me preparé para lo que venía.

—Dicen por ahí que está saliendo con alguien.

Solté un bufido, sin importarme lo poco elegante que sonaba.

—Eh… eso no es verdad.

—¿Así que no eras tú la que anoche estaba de cita en The Olde Pink House?

Bree parecía bastante inocente —solo una amiga con curiosidad por la vida de otra—, pero a mí no me engañaba.

También sabía que no quería que Lucy supiera con quién había estado pasando el tiempo. Lancé una mirada preocupada hacia mi hermana, pero estaba completamente absorta en su conversación con Hayley, que al parecer le estaba contando una historia sobre una vaca fugitiva y un campo de patatas.

Bree siguió mi mirada y luego levantó las manos a modo de disculpa.

—Perdona —dijo en voz baja—. Supuse que era un secreto solo para nosotras.

—No es ningún secreto —repliqué—. Además, no era una cita. Solo… yo…

Era evidente que sabía con quién había ido a The Olde Pink House, y estaban dando por hecho algo que no era.

—Solo somos amigos —dije finalmente—. O, bueno, supongo que sería más justo decir que estamos intentando ser amigos.

Bree se recostó en la silla, y me costó interpretar su expresión.

—¿Siempre vas a sitios románticos con tus amigos?

—Pues yo no creo que The Olde Pink House sea un sitio romántico —rebatí—. Fuimos porque siempre había querido ir, y hay que reservar con semanas de antelación. Aunque él, no sé cómo, consiguió mesa en un día. No le pregunté cómo lo hizo.

Tuve cuidado de no mencionar el nombre de Huxley. Eso sí que habría llamado la atención de mi hermana.

—¿Cómo que una casa rosa enorme no es romántica? —me desafió Bree.

—Simplemente no lo es. —Me encogí de hombros—. A mí me interesaba más el bar de abajo. ¿Sabías que está encantado?

—Pues nosotros hemos estado allí —contestó Bree—. En el bar y en el restaurante.

—¿Visteis el fantasma?

—No. —Negó con la cabeza—. A Brody no le entusiasma ver fantasmas tanto como a otros. —Lanzó una mirada elocuente a Bella—. Si pensara que los fantasmas son reales, aunque solo fuera un segundo, nos sacaría de Savannah y nos llevaría a algún sitio menos… fantasmoso. ¿Existe esa palabra?

—Me parece que vale —respondió Bella, dándole una palmadita en la muñeca—. En cuanto al fantasma, Nathan y yo hemos ido ya tres veces y no lo hemos visto. Pero seguimos con la esperanza.

Levantó la mano con los dedos cruzados.

—Yo pienso hacer un tour de fantasmas en algún momento —dije—. No me voy a quedar contenta si no veo al menos un fantasma.

—¿Y tu cita de anoche vio un fantasma? —preguntó Bree.

Le agradecí que no dijera su nombre, pero su actitud empezaba a irritarme.

—No, no lo vio. Te he dicho que somos amigos y nada más. —No le contesté de malos modos, aunque una parte de mí quería hacerlo—. Estamos intentando encontrar la manera de recuperar lo que perdimos cuando nuestras madres rompieron.

—¿Ah, sí? —Bree inclinó la cabeza—. Pensaba que de pequeños os odiabais. ¿Por qué querrías recuperar eso?

—No nos odiábamos. —Inmediatamente tuve que replanteármelo—. Bueno, él no me tenía demasiado aprecio. Pensaba que era una friki.

—¿Y no sigues siendo una friki? —Bree levantó las manos en señal de súplica—. Resulta que a mí me encantan los frikis. No pretendo llevarte la contraria ni nada. Solo tengo curiosidad.

No le faltaba razón. Aun así, me costó dar con una respuesta.

—Lo soy, pero supongo que él se ha vuelto más tolerante con los frikis.

—Ajá. —La sonrisita de Bree me dejó intranquila—. Verás, lo que pasa —dijo inclinándose hacia delante— es que a mí me parece que hay chispa entre vosotros dos.

Estallé en carcajadas, y a ella se le torció el gesto.

—No hay ninguna chispa —le aseguré—. Es pura amistad, nada más.

No parecía convencida.

—Hay chispa. ¿Verdad? —Le dio un codazo a Bella en el costado.

—Ay. —Bella se frotó con pesar el sitio del codazo y pareció meditárselo—. Supongo que puede que haya chispa. —Estaba claro que no le gustaba verse en ese aprieto—. Aunque también podrían ser solo amigos.

—Vaya manera de posicionarte —dijo Bree con sequedad.

—Oye, es que no quiero que se sienta incómoda —replicó Bella en voz alta.

Lancé una mirada hacia Lucy y Hayley, pero seguían en su mundo, así que me permití respirar de nuevo.

—Hay que dejar que lo resuelvan ellos solos —insistió Bella, bajando la voz. Miraba a Bree con cara de pocos amigos—. Pasaron por algo traumático de niños…

—En realidad los dos éramos adultos cuando se produjo la ruptura —aclaré—. Teníamos poco más de veinte años, y por entonces casi no nos veíamos, salvo en las convenciones más grandes durante las vacaciones de verano de la universidad, pero éramos adultos.

Bella descartó el comentario con un gesto de la mano.

—Eran jóvenes, y cada uno consideraba a la madre del otro como de la familia. No puedes pedirles que se lancen de cabeza al romance cuando tienen todo lo demás por resolver.

Bree no parecía convencida.

—¿Quién lo dice?

—Lo dice cualquiera con dos dedos de frente. —Bella clavó los ojos en mí—. No vamos a darte la lata con esto.

—Habla por ti —refunfuñó Bree.

—Que no —insistió Bella—. Pero que sepas que, si necesitas hablar, aquí estamos.

Conseguí esbozar una sonrisa, aunque me costó lo suyo.

—Gracias. Pero no hay nada de lo que hablar.

Estaba decidida a que así fuera.