Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 13 Trece #2
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13 Trece #2

—No lo sé —contesté—. Todavía no me han planteado el plan de marketing. —La mentira me salió sin el menor esfuerzo—. Ya veremos.

Asintió y se acercó a otra tumba.

—¿Te conté que encontré una buena receta de cerveza romulana para probar?

Sonreí de oreja a oreja. A veces tenía unos intereses muy suyos.

—¿Con alcohol o sin alcohol?

Me lanzó una mirada coqueta, aunque probablemente ella no se diera cuenta de que era coqueta. Nunca se daba cuenta de cuándo coqueteaba. Simplemente era Wylie siendo Wylie.

—¿Tú qué crees?

—No lo sé —respondí con sinceridad—. Contigo nunca se sabe.

Se rio y negó con la cabeza.

—Con alcohol.

—¿Cuáles son los ingredientes?

—Bueno, se puede hacer con vodka o con ginebra —empezó.

—¿Y con qué se mezcla? Eso determina si conviene vodka o ginebra.

—Blue Curaçao y bíter de pomelo.

—¿Y ya está?

—Y cerveza de jengibre o ginger ale.

Sonaba horrible de todas formas, pero me encogí de hombros.

—Vodka, sin duda.

—¿Quieres tomarla conmigo? —Parecía nerviosa de verdad al preguntarlo.

—¿Quieres tomar cerveza romulana conmigo? —Mi preocupación por lo repugnante que sonaba el brebaje se evaporó al instante.

—Solo si tú quieres.

Sonreí de oreja a oreja.

—Supongo que podría probar la cerveza romulana. —Se me ocurrió algo—. Eso sí, solo si prometes no hablar klingon.

Para mi sorpresa, una sonrisa traviesa se apoderó de su rostro.

—Uy, pienso hablar klingon. Sabes que no me va a quedar otra.

—Pero… es raro.

—Te gusta, y lo sabes.

Y como tenía razón, solo pude quedarme mirándola mientras se alejaba.

—Vale, pero yo no lo hablaré nunca. Necesito que te hagas a la idea.

No me miró. Se fue bailando hasta otra tumba.

—Nunca digas nunca.

HICE UNA RESERVA EN The Olde Pink House para el día siguiente. Había recurrido a la agente de mi madre, que era la madre de mi agente, porque se le daba muy bien pasar por encima de las gilipolleces para conseguir lo que quería. Consiguió la reserva en diez minutos.

Después intenté no pensar en lo que implicaría beber cerveza romulana con Wylie. Eso era cosa de noche, ¿no? No lo haríamos a media tarde.

Por suerte, no tuve demasiado tiempo para agobiarme con ese asunto, porque mi madre llamó y me distrajo.

—Hola, cariño —casi ronroneó cuando contesté—. ¿Cómo está mi chico favorito?

Siempre hacía esa pregunta. Era como si estuviera obligada por contrato o algo así.

—Estoy bien —respondí, y por primera vez me di cuenta de que lo decía de verdad—. ¿Cómo está Jules? —pregunté, refiriéndome a su marido actual.

—Ah, está… bien.

La voz de mamá tenía un filo que me indicó que Jules no estaba bien. No, Jules estaría fuera de la foto antes de que acabara el verano. Se iría con un pequeño regalo de despedida gracias al acuerdo prenupcial que mi madre le había obligado a firmar. Y luego no volvería a mencionarlo jamás.

—Bien, ¿eh?

—No empieces —me regañó, aunque logró soltar una risita—. Si quiero divorciarme, me divorciaré. Eso lo sabes mejor que nadie.

Desde luego que lo sabía.

—Sabes que no tienes por qué casarte cada vez que encuentras a un hombre nuevo, ¿verdad?

—Me gusta estar casada, Huxley. ¿Qué quieres que te diga?

Quería que dijera que no tendría que conocer a su próximo marido. No es que me encariñara con ellos —solo me había encariñado con uno, aunque en aquel momento ni me di cuenta—, pero tampoco quería esforzarme por conocerlos. Resultaba agotador.

—No importa —respondí—. ¿Qué más me cuentas? —Me dejé caer en el sofá.

—Estoy trabajando en una trilogía nueva —contestó—. Creo que va a ser un éxito.

—¿Sí? Me alegro.

—¿Y a ti cómo te va? —preguntó ella.

—Voy adelantado con la entrega. He estado trabajando a buen ritmo.

Pensé en escribir con Wylie y sonreí. Era adorable cuando se ponía a soltar ideas. La forma en que se mordisqueaba el pulgar cuando creía tener algo realmente emocionante era increíble.

—No estarás dedicándolo todo al trabajo, ¿verdad? —preguntó—. Estás en un sitio divertido, Huxley. No todo tiene que girar en torno al trabajo.

—También he estado explorando la ciudad —le aseguré—. Hoy mismo he ido a dar una vuelta por un cementerio, y hace unas semanas me leyeron el futuro.

Al instante quise retirar lo dicho. Pero ya era tarde. Había hablado más de la cuenta.

—¿Has ido a un cementerio? Eso no es propio de ti. ¿Con quién fuiste?

Tenía que salir del agujero que acababa de cavarme, y rápido.

—Aquí hay muchos autores —respondí—. He conocido a unos cuantos en esos eventos para lectores que hacemos cada dos semanas. Ya te hablé de ellos.

—Sí, esos eventos para lectores tienen tanto éxito que quieren montar algunos por aquí. A mí no me parecen divertidos.

—No sé.

Me imaginé la forma en que Wylie interactuaba con sus lectores, cómo los deslumbraba sin ser siquiera consciente de lo que hacía.

—A mí me gustan.

—¿Y has conocido a otros escritores? ¿A alguien que yo conozca?

No quería mentirle. Mi madre era de esas personas capaces de soportar la verdad, por brutal que fuera.

Sin embargo, no mencioné a Wylie. Por la situación con Agnes, eso era un asunto completamente distinto.

No quería darle cuerda a mi madre. Había pocas cosas que le gustaran más que una buena perorata.

—¿Conoces a Brody Bates o a Bree James?

—Me suenan los nombres, aunque no los conozco en persona. Su historia de amor dio mucho que hablar hace unos años. He visto fotos, y son adorables.

—En persona resultan un poco empachosos, de tan melosos que son, pero los dos me caen bien. Bella Oakley y Nathan Cooper también están casados. Él es un poco payaso, pero da gusto salir con ellos.

—Antes de enamorarse de ella, tenía fama de mujeriego en el circuito de congresos —reflexionó mamá—. Estuve pensando en lanzarme a por él entre marido y marido. Por desgracia, lo retiraron del mercado demasiado pronto.

Intenté no imaginarme a mi madre convirtiendo a Nathan en un padrastro más.

—Bueno, mala suerte para ti, supongo —dije con sequedad, lo que le arrancó una risa.

—Me alegro de que estés haciendo amigos y conociendo la ciudad —dijo ella—. Aunque nunca habría imaginado que irías a una vidente. ¿Quién de ellos te convenció?

—Ah, hay un grupito con el que suelo quedar —respondí.

No debí decir eso. Detectó mi evasiva al instante.

—Has encontrado a una mujer.

No lo dijo como una pregunta.

—No, no la he encontrado. —Negué con la cabeza, aunque ella no pudiera verme—. He encontrado amigos. Solo pasamos el rato juntos.

—¿Cómo se llama?

—Madre, no hay ninguna mujer. —Fui tajante—. No lo hagas raro. Un hombre y una mujer pueden pasar el rato juntos sin que haya nada más.

—¿Cómo se llama? —repitió ella.

Olí el peligro y probé suerte a ciegas.

—Hayley Clifton. —Recé para que le sonara el nombre.

—¿La que escribe novela romántica blanca y decente? —preguntó tras una pausa.

—Sí, nos hemos hecho amigos enseguida.

—¿La lesbiana?

No me hizo mucha gracia el tono de reproche, pero ya me había lanzado por ese camino y no podía echarme atrás.

—La misma —confirmé.

—Ay, así que de verdad eres amigo de una mujer. —Su decepción era palpable.

Se me escapó una carcajada.

—Siento desilusionarte. —No era verdad, pero necesitaba que ella lo creyera—. Ahora mismo solo quedo con amigos. Si encuentro a alguien con quien salir en serio, serás la primera en saberlo.

—No, no lo seré. Nunca me cuentas nada cuando sales con alguien.

—Ya, me pregunto por qué. —Me repantigué en el sofá—. Cuéntame el plan para divorciarte de Jules —la animé.

Necesitaba llevarla a otro tema.

—No he dicho que esté lista para divorciarme de él.

Me limité a esperar en silencio.

—Está bien. Claro que me voy a divorciar de él. ¿Tienes que tener razón en todo?

Volví a pensar en Wylie.

—¿Sabes qué, mamá? Empiezo a darme cuenta de que me he equivocado en muchas cosas de mi vida.

—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi hijo?

—Muy graciosa.