Madera de escritor (Escribir lo correcto 3) 9 Nueve #2
32%

9 Nueve #2

Solo esperaba que lo que anunciaban como «salsa especial» no llevara higos. Puaj.

Cuando el camarero se marchó con los pedidos, Bree se tomó un momento para presentar a Hayley a todo el mundo.

Escribía romance blanco y decoroso a pesar de ser lesbiana, lo cual me pareció una elección interesante dado lo rígido que parecía ser ese mercado.

Tenía preguntas —muchas, de hecho—, pero sabía que era mejor no hacerlas.

Una vez que el camarero nos trajo las bebidas, supuse que la conversación derivaría hacia el evento. Me equivocaba.

Me equivocaba por completo.

—Bueno, ¿y qué pensáis hacer con esto? —preguntó Bree mientras se inclinaba hacia delante apoyada en los codos y movía el dedo entre Wylie y yo.

No esperaba que tirara por ahí, así que, comprensiblemente, me desconcertó.

—Esto… ¿a qué te refieres? —pregunté.

Por el rabillo del ojo vi que a Wylie le ardían las mejillas. Se estaba sonrojando, igual que recordaba que se sonrojaba, pero ahora, de alguna manera, resultaba adorable en lugar de irritante.

Maldita sea mi madre. ¿Por qué tenía que tener razón en absolutamente todo?

—La tensión sexual que burbujea en esta mesa —respondió Bree.

Me olvidé del rubor de Wylie e intenté que no se me salieran los ojos de las órbitas.

—¿Cómo dices? —Estaba seguro de haberla oído mal.

—Ay, qué mono. —Bree soltó un bufido y luego apartó el brazo cuando Brody intentó rodearle la muñeca con los dedos—. Para.

—Habíamos acordado dejarlos en paz —le recordó Brody en voz baja.

—Sí, bueno, he cambiado de opinión.

Brody entrecerró los ojos mientras estudiaba el bonito perfil de su mujer.

—Quieres decir que dijiste lo que creías que yo quería oír y que ya tenías este plan de ataque preparado entre bastidores.

—Creo que eso es lo que he dicho —convino Bree. Me lanzó lo que probablemente consideraba una sonrisa triunfal. Pero yo no quería que triunfara en nada—. Así que… ¿cómo están las cosas entre vosotros dos? —insistió.

—¿En qué sentido? —pregunté mientras alargaba la mano hacia la cerveza. Tenía la sensación de saber por dónde iba, pero no podía estar seguro.

—En el sentido de si podéis comer juntos sin tiraros de los pelos.

Bueno, en realidad no era por ahí por donde yo creía que iba.

Supuse que iba a preguntar si había algo romántico entre nosotros.

Aunque por qué había sacado esa conclusión era un misterio.

¿Por qué iban a pensar que pasaba algo entre nosotros?

Porque no pasaba nada. No pasaba ni lo más mínimo entre nosotros.

En ese aspecto, nuestro marcador era negativo.

—Estamos bien —dije sin pensar.

Wylie me miró con los ojos entrecerrados.

—¿Verdad? —insistí cuando ella no dijo nada.

—Estamos genial —dijo con un tono que no podía interpretarse más que como sarcástico—. Vamos a darnos la mano alrededor de una hoguera y a cantar Kumbaya.

Ahora me tocaba a mí fulminarla con la mirada.

—Venga, no lo conviertas en un drama.

—No lo estoy convirtiendo en un drama —replicó ella—. Tú ya lo convertiste en un drama.

—Ay, esto es igual que cuando tenías catorce años y aquel tío te dijo que Battlestar Galactica era más creíble que Star Trek.

—Para empezar, dijo que la Battlestar Galactica original, la de los setenta, era más creíble que Star Trek: La Nueva Generación. Y en segundo lugar, esto no tiene nada que ver. Él se equivocaba y yo tenía razón.

Pareció caer en lo que había dicho solo después de haberlo dicho.

—En realidad, tienes razón. Esto es exactamente igual.

—No me puedo creer que alguien dijera que la Battlestar Galactica original era mejor que La Nueva Generación —se quejó Nathan sin venir a cuento—. Eso es una chorrada como un piano. O sea, el reboot de Battlestar Galactica era genial. Pero no era mejor que La Nueva Generación.

Pensé que había terminado, pero continuó.

—Bueno, en realidad, si te fijas en la primera temporada de La Nueva Generación, era objetivamente horrible. No se lo tengo en cuenta al resto de la serie porque estaba claro que aún le estaban cogiendo el tranquillo. Pero es mala.

—Malísima —coincidió Brody.

—Solo tenían la serie original como referencia —argumentó Wylie, con voz suave y respetuosa—. Aunque reconozco que la primera temporada no es gran cosa, en esa temporada desarrollaron muchísimo el universo de la serie.

—Además, el uniforme de Troi estaba tremendo —añadió Nathan—. O sea…

Hizo un gesto obsceno, como si recorriera con las manos la silueta de una mujer. Luego le guiñó un ojo a su mujer.

—Deberías plantearte ese uniforme para este Halloween.

Bella hizo una mueca.

—Voy a ir de Jason Voorhees sexy. Ya te lo dije.

—¿Y si yo quiero ir de Jason Voorhees?

—No. —Negó con la cabeza—. Ya lo he pedido yo. Tú puedes ir de Art el payaso o algo así.

—Ni de broma. No voy a pintarme esta cara tan guapa. —Se pasó la mano por la mandíbula.

No me podía creer que estuviéramos teniendo esta conversación.

—No estamos peleándonos —le informé a Bree, que parecía demasiado satisfecha de sí misma para mi gusto—. Estamos bien. Hemos hablado y estamos perfectamente. Díselo —le ordené a Wylie.

Wylie no cedió. Había desaparecido la adolescente que hacía todo lo que yo decía. En su lugar había una mujer muy cabreada. Gruñó algo que sonó a galimatías absoluto, con alguna pedorreta suelta de propina.

—¿Qué demonios ha sido eso? —preguntó Bree, desconcertada.

—Klingon —respondió Brody con una sonrisa—. Muy buena pronunciación, Wylie. Estoy impresionado.

Wylie apartó de mí su mirada asesina y lo miró.

—¿Sabes klingon?

—Sí, y ha sido un insulto precioso.

—¿Cómo es que sabes klingon? —lo retó Bree.

—Estuve en un club cuando iba a secundaria —respondió Brody.

—Ah, entonces eras un friki. —Bree hizo una mueca—. Lo sabía.

¡Gracias! Quería gritarlo a los cuatro vientos. Saber eso era de frikis de pura cepa.

—Aunque es una suerte que los frikis me pongan —continuó ella—. ¿Puedes decirme guarradas en klingon cuando lleguemos a casa esta noche? —Parecía sinceramente intrigada ante la idea.

—Por supuesto —prometió él mientras se inclinaba hacia ella—. Sé decir guarradas. En su momento estaba convencido de que encontraría a una mujer que supiera klingon para charlar conmigo, así que me aprendí todas las guarradas.

—Ay, pobre iluso. —Bree se acercó a besarlo.

Yo estaba completamente perdido. Cuando alcé la vista hacia Wylie, me di cuenta de que los observaba con un anhelo melancólico. ¿Se sentía excluida o algo así? Todo aquello era una locura.

—Tú no hablas klingon, ¿verdad? —le pregunté a Nathan en tono exigente. Si se ponía a hablar en klingon, me largaba de allí. No necesitaba amigos.

—Por desgracia, no. —Nathan se encogió de hombros—. No tengo buen oído para los idiomas.

Algo era algo.

—Aunque puedo recitar entero el conjuro para invocar a los muertos de Evil Dead —dijo de pronto—. Está en latín.

—¡Oh! —Bella levantó la mano de golpe—. Yo me sé todos los de Cabin in the Woods y Drag Me to Hell.

—Uf, qué sexy. —Nathan soltó un gruñido descaradamente sexual—. Esta noche voy a querer que recites los dos.

Sí. Estaba atrapado en una dimensión infernal. Era la única explicación posible. Cuando levanté la vista para calibrar la reacción de Wylie ante todo aquello, me estaba taladrando con la mirada.

—Esto no es culpa mía —le espeté.

Ella puso los ojos en blanco y murmuró algo que parecía empezar por G.

—Ah, ha dicho que das asco —añadió Brody, muy servicial—. Su pronunciación es realmente buena. Si pusieran notas, habría sacado matrícula de honor.

—Genial —dije mientras agarraba un trozo de pan—. Eso sí que es algo de lo que presumir.

Wylie siguió taladrándome con la mirada.

La noche se me estaba yendo de las manos a toda velocidad. Tendría que haberlo visto venir.