Capítulo 28
—¡
B uenos días! ¿Qué tal van las cosas por esos lares? —la voz cantarina de Chloe hizo sonreír a Leire en el acto. Siempre era un auténtico placer escucharla.
—Las cosas van bien, aunque está siendo todo un tanto inquietante. Mis padres aterrizarán dentro de unas horas e iré a buscarlos al aeropuerto en tren; no me fío de que lleguen vivos a la estación por su cuenta.
—Amiga, tus padres no son tontos. ¡Saben perfectamente cómo coger un tren!
—Ya, pero no dominan ni el francés ni el inglés, y mucho menos el alemán. Me quedo más tranquila si voy a recibirlos. Además, tengo muchísimas ganas de verlos; necesito contarles tantas cosas…
—¿Les vas a hablar de Joyce?
Leire lo meditó durante un segundo. ¿Debía hacerlo? ¿Hasta qué punto lo suyo con él iba en serio?
—No lo sé, Chloe. Creo que es demasiado precipitado —admitió, dubitativa—. Ni siquiera estoy segura de hacia dónde vamos. Joyce está intentando solucionar unos problemas familiares muy gordos y… no creo que sea el momento oportuno para hablar de nosotros.
—Pero te gusta, ¿verdad?
Leire volvió a sopesar la pregunta en silencio.
¿Que si le gustaba? ¡Por supuesto! ¿Podría llegar a enamorarse de él?
Tragó saliva. Sabía de sobra que sí. El verdadero problema era que intentaba camuflar el regusto amargo de recordar que, en cuestión de días, ella regresaría a Madrid y Joyce se quedaría en Colmar.
¿Qué pasaría después? ¿Tenía algún sentido iniciar una relación en esas circunstancias?
—¿Leire? ¿Sigues ahí?
—Perdón, eh… La verdad es que no lo sé. O sea, sí lo sé: me gusta, y mucho. ¡Ay, Chloe, ¿¡qué demonios estoy haciendo?! Creo que puedo enamorarme de él. ¡Mierda! ¿Y si ya estoy empezando a sentir algo más por él? Chloe, tengo miedo. ¿Me estoy enamorando de Joyce?
Su amiga soltó una carcajada cómplice al otro lado de la línea.
—Eso solo lo sabes tú, cielo, pero yo diría que es más que probable.
Si aún tienes dudas, es que el proceso ya ha comenzado.
Solo había que escuchar cómo nos hablabas de él a Iván y a mí estos últimos días.
¡Por favor! ¡Poco más y saltan las alarmas antiincendios del hotel!
Tanto fuego debería haber alertado a los bomberos, porque madre mía…
Me pongo nerviosa solo de recordarlo. Ojalá encontrara yo a alguien que me tocase con tanta pasión.
Leire se sonrojó ante las ocurrencias de su amiga.
Recordar los momentos que había compartido con Joyce en aquella habitación provocó que un calor repentino le ascendiera desde el estómago, obligando a su corazón a bombear con una fuerza desbocada.
Estaba perdida. Se estaba enamorando de Joyce sin ningún atisbo de duda.
—Chloe… ¿y si no soy suficiente? ¿Y si la distancia es un impedimento muy grande para que Joyce quiera estar conmigo?
—Cielo, no voy a negar que empezar una relación a distancia puede ser complicado, pero si ese chico te quiere… hará lo que sea por estar contigo.
—Solo… no sé. Tengo miedo de enamorarme de él y que nada sea lo suficientemente bueno como para que esto continúe.
Además, el ahora mismo está ocupado con sus movidas familiares…
¿Y si estamos en el momento equivocado? ¿Y si este rollo del destino es mentira y solo es un capricho de la vida para hacerme sufrir?
Chloe se rio al otro lado de la línea.
—Creo que deberías calmarte un poco, Leire. Cuando las cosas estén más tranquilas con Joyce, habla con él del tema y sal de dudas. Tanto si sale bien como si no, nos tienes aquí, esperando para achucharte con fuerza.
—Gracias. No sé qué haría sin vosotros. ¿Y tú cómo estás?
—Leire decidió aparcar su propio bucle para interesarse por ella.
Chloe acababa de romper su relación con Biel y, aunque era una decisión firme, no sabía cómo lo estaba asimilando—.
Sé que tenías claro el final, pero eso no implica que no escueza, ¿sabes?
Es completamente normal y válido que te duela.
—No es por eso… —Un silencio denso inundó la conversación—. Es simplemente que no logro encajar con nadie, Leire. Siento como si algo estuviera roto dentro de mí.
—No creo que haya nada roto en ti, Chloe. Sinceramente. Es solo que aún no ha aparecido la persona adecuada. Cuando llegue el momento, lo sabrás al instante, créeme.
—¿Es eso lo que te ha pasado a ti con Joyce? ¿Así te sentiste?
—Al menos tengo la certeza de que él es especial y de que esto significa algo.
Algo que jamás experimenté con el imbécil de Hugo —Su amiga resopló al recordar el historial de aquel tipo—.
No sé si Joyce es el hombre de mi vida, pero sí sé que es diferente y que lo que siento ahora mismo es más que suficiente para asumir el riesgo de intentarlo.
— Wow , amiga. Acabas literalmente de confesarlo todo, ¡qué profundo!
—Leire sonrió para sus adentros mientras jugueteaba con el tejido de los cojines del sofá—.
Supongo que tendré que hacerte caso. El tiempo dirá si el destino decide cruzar a alguien en mi camino.
Quién sabe, igual estoy condenada a convertirme en una loca solitaria rodeada de gatos.
—¡No digas tonterías! Y si fuera así, no le veo el problema. Se puede ser inmensamente feliz con una misma y recibiendo el afecto de hijos gatunos. No me parece un mal plan.
—Ya… pero yo quiero enamorarme, Leire. Quiero encontrar a alguien que me nuble el juicio por completo y me haga sentir que puedo comerme el mundo a su lado.
—Y llegará, Chloe. Pero si lo buscas con ansia, no aparece. A veces, lo que es para ti, ni aunque te quites; y lo que no, ni aunque te pongas.
—Gran frase —aplaudió Chloe. Su amiga siempre tenía las palabras exactas para reconfortarla. ¿Qué haría ella sin sus consejos?—. Por cierto, ¿qué tal está Iván?
—Oh, bien. Ya sabes cómo es… de aquí para allá, no para quieto un segundo —Leire sonrió al pensar en él.
Era un culo inquieto, pero una persona extraordinaria—.
Estuvo esperándome en el coche más de dos horas a que yo terminara de hablar con Biel para no dejarme sola…
Si eso no es amistad de la buena, que baje Dios y lo vea.
—Iván es un amor de tío. Aunque tuviera mil asuntos en la cabeza, jamás te habría dejado desamparada con semejante marrón encima.
Chloe asintió, profundamente agradecida de haber contado con su apoyo tras la ruptura.
Iván podía arrastrar sus propias tormentas internas y librar batallas silenciosas de las que apenas hablaba, pero si uno de sus amigos lo necesitaba, lo dejaba todo.
Para él, el bienestar de su círculo siempre era prioritario; jamás, bajo ninguna circunstancia, se desentendería de Chloe o de Leire.
A veces, de hecho, ambas sentían que Iván tendía a olvidarse de sí mismo para anteponer las necesidades ajenas, un hábito al que él siempre restaba importancia asegurando que no tenían por qué preocuparse.
—Leire… tengo que colgar, mi familia ya me está reclamando. Mis tíos londinenses son un poco remilgados, ¿sabes? Londres es una ciudad preciosa, pero cada vez que piso esta maldita casa siento que me succionan el alma.
—¡Resiste, amiga! No te dejes contagiar por el pijerío británico. Disfruta al menos de las comodidades y pasa una feliz Navidad, Chloe.
—Feliz Navidad, Leire. Te quiero muchísimo.
—Y yo a ti. Ha sido un regalo tenerte en Colmar. Gracias por formar parte de este viaje.
Tras colgar entre risas y prometerse una llamada obligatoria después de Navidad para organizar la Nochevieja, Leire dejó el teléfono sobre la mesa y sintió una punzada de lástima por su amiga.
Sabía perfectamente que viajar a Londres constituía una auténtica tortura psicológica para Chloe, independientemente de los lujos que la rodeasen.
El hermano de su padre nadaba en abundancia y poseía una residencia espectacular en Notting Hill, uno de los distritos más exclusivos de la capital, a escasos metros de Hyde Park.
Chloe, que jamás se había sentido identificada con aquel estilo de vida ostentoso ni con sus códigos de vestimenta, debía tolerar de continuo los sutiles desprecios de una familia que los miraba por encima del hombro por el simple hecho de tener menos ceros en la cuenta bancaria.
Lo peor era que sus padres insistían en asistir año tras año; ella sabía de sobra que lo hacían con la secreta esperanza de que, tarde o temprano, una parte de la fortuna del tío cayera en su bando.
Chloe había intentado hablar con ellos sobre la actitud clasista de sus familiares, pero a su madre parecía resbalarle todo.
Ella ignoraba las pullas y disfrutaba del viaje, encajándolo como una oportunidad de oro para vivir a cuerpo de rey, dormir en sábanas de seda y beber a costa ajena.
Siempre le repetía lo mismo: « Hija, ¿cuándo vamos a tener otra ocasión como esta para vaciar botellas del mejor Chardonnay y Pinot Noir ?
Haz el favor de sonreír ». A Chloe le enfurecía la dejadez de su madre y que le importara tan poco ser humillada con tal de darse el capricho durante unos días.
Intentaba eludir el compromiso siempre que podía, pero en fechas tan señaladas, la asistencia de toda la familia era obligatoria.
Revivió con un regusto amargo la conversación telefónica que había mantenido días atrás con su tío mientras removía su taza de specialty coffee en la cocina de la mansión, un espacio equipado con la última tecnología dedicado exclusivamente al café, como no podía ser de otra manera.
« No consiento que rechaces la invitación de tu tío, jovencita.
Te hemos reservado nuestra mejor habitación de invitados y te he preparado cinco mil libras para que te compres un bolso de marca para que luzcas con glamour estas fiestas, pero tienes que venir a celebrar la Navidad con nosotros. No acepto un no por respuesta ».
A Chloe le ofendía profundamente que intentaran comprarla con dinero y lujos, ofreciéndole las mejores comodidades en su millonaria casa.
Y por si con su tío no tenía suficiente, sus primos resultaban doblemente insoportables: un par de pijos estirados que lucían trajes cortados a medida por sastres de alta costura y se paseaban siempre con una sonrisa bobalicona en el rostro.
Los detestaba, pero no le quedaba más remedio que aguantar el tipo. Otra Navidad más.
Al menos, podría ponerse hasta el culo de vino y champán de marca y comer jamón ibérico 5 Jotas , que su tío encargaba todas las navidades.
A caballo regalado, no le mires el diente, decían…
Si iba a soportar un sinfín de chorradas familiares y comentarios fuera de lugar, al menos lo haría disfrutando de los mejores vinos y comidas de chef. Que le quitasen lo bailado.