Capítulo 16 #2
—¡Para nada! Pero ya sabes cuánto valoro mis momentos de soledad —se defendió Leire con una sonrisa.
Chloe, incapaz de contener la intriga, tomó la bolsa y extrajo la prenda.
—Es un vestido. Me pareció bonito.
—¡Uy! ¿Pero esto qué es? ¡Es una pasada!
—Chloe miró a su amiga y entornó los ojos con picardía—.
Tú tienes una cita con Joyce esta tarde, ¿a que sí?
—Leire intentó negarlo con una sonrisa culpable, pero Chloe estalló en vítores—.
¡Sí! ¡Tenéis una cita! ¿Y te vas a poner esto?
¡Ay, madre, pruébatelo ya! ¡Pruébatelo, que quiero verlo!
Leire se refugió en su dormitorio con la percha entre las manos y se cambió de ropa. Cuando cruzó de nuevo el pasillo, a Chloe se le desencajó la mandíbula.
—Estás… estás preciosa, Leire. Guapísima. Pareces la protagonista de un cuento. ¡Te queda de escándalo! Joyce no va a poder apartar los ojos de ti.
—Cállate, que me da vergüenza.
—¿Vergüenza de qué? —le reprendió Chloe, tomándola de los hombros—. Eres una tía guapa y ese rojo te sienta de maravilla. Y Joyce, si tiene dos dedos de frente, sabrá valorarlo.
—No es eso lo que me preocupa.
—¿Y qué es entonces? —Chloe la estudió, desconcertada por el repentino cambio en su tono.
—Creo que tengo miedo a que nunca sea suficiente… A no ser suficiente yo, ni el vestido, ni nada de lo que ofrezca. ¿Me entiendes?
—¿Esto es por Hugo? ¿Ese malnacido te ha hecho creer que no estás a la altura? —Chloe comenzó a alzar la voz, visiblemente indignada.
—No… bueno, en parte sí. Que no tuviera las narices de contarme que se había echado novia solo demuestra que era un capullo integral —Chloe asintió con vehemencia—.
Pero a lo largo de mi vida me he topado con demasiadas personas que me han hecho sentir que nada de lo que hago está bien, o que siempre falta algo para que sea lo bastante bueno.
Por eso, cuando llegasteis vosotros a mi vida, todo cambió.
Porque me aceptasteis tal y como soy, con mis luces y mis sombras.
Me habéis abrazado en mis peores batallas y seguís aquí, a mi lado.
Estoy increíblemente agradecida por ello, porque vosotros me demostráis que sí soy suficiente. Pero a ojos del resto…
—Leire, cariño —Chloe le tomó las manos con emoción y la obligó a dar una pequeña vuelta sobre sí misma—.
Siento muchísimo que hayas tenido que cargar con ese pensamiento.
La gente a veces es egoísta y te lleva a darte grandes decepciones, pero nunca, bajo ningún concepto, vuelvas a pensar que no eres suficiente. ¿Me oyes?
Leire asintió mientras una lágrima solitaria le resbalaba por la mejilla. Su amiga se la limpió con delicadeza.
—Eres más que suficiente, Leire. Ojalá te hubiera conocido mucho antes. En cuanto te cruzaste en mi camino, supe que eras de esa clase de personas que merece la pena conservar. No sabes lo afortunada que me siento de compartir mi vida con alguien tan maravillosa como tú.
—Gracias. Tú también eres increíble, Chloe —Leire se sorbió la nariz y estrechó a su amiga en un cálido abrazo—. Gracias por no dejarme sola, por hacerme ver que lo intento y que con eso basta. Que lo que hago no es en vano.
—Por supuesto que no. Lo que haces es importante y lo más importante de todo, te estás dejando llevar, estás haciendo lo que te pide el corazón.
—La razón por la que he accedido a tener una cita con Joyce es porque siento que hay algo que me impulsa a hacerlo, ¿sabes?
—Chloe la escuchó en silencio mientras le hacía señas para que continuara—.
Pero tengo que ser consciente de que esto es lo que es, como un amor de verano, pues ambos tenemos nuestras vidas y vivimos en partes del mundo diferentes.
—Pero eso no implica que puedas disfrutar, ¿lo sabes, verdad? —Leire asintió.
—Bien, pues entonces olvídate de todo eso y céntrate en disfrutar de esta experiencia, con o sin Joyce, pero recuerda que este viaje es tuyo y te mereces ser feliz.
Y haz las cosas porque tú quieres hacerlas, no para agradar al resto —.
Chloe esbozó una sonrisa protectora y giró la cabeza al oír el ruido de la cerradura.
Iván entró en el apartamento y, al reparar en las mejillas enrojecidas y el atuendo de Leire, se llevó las manos a la cabeza.
—¿Pero qué ha pasado aquí? Amore , ¿estás llorando? ¿Y por qué llevas puesto ese vestido? ¡Ay, Dios mío, maricarmen, estás espectacular! ¡Que alguien me explique qué está pasando u os juro que me da un síncope aquí mismo! ¡No entiendo nada!
Chloe y Leire estallaron en carcajadas ante la teatralidad de su amigo y, sin pensárselo, se abalanzaron sobre él para fundirse en un abrazo a tres bandas.
—Sigo sin enterarme de nada, pero yo también os quiero un montón —rio Iván, rodeándolas con sus brazos corpulentos.
Tras separarse, Chloe le hizo un rápido resumen de la conversación. Iván adoptó un semblante serio y apuntó a Leire con su dedo acusador.
—A ver, Leire. Si tú crees que no vales la pena, apaga y vámonos, porque entonces nadie en este planeta la vale.
¡Eres la tía más guapa, lista, divertida y sexy del mundo entero!
—Chloe le clavó una mirada con una ceja enarcada e Iván rectificó al instante—.
Junto con Chloe, evidentemente. Las dos sois las mujeres más despampanantes del planeta; si yo fuera hetero, no sabría ni hacia dónde mirar.
Las dos amigas irrumpieron en risas y aprovecharon para interrogarlo sobre su encuentro con el apuesto Bastian.
Al parecer, la química entre ambos había sido innegable, a pesar de que la comunicación consistía en una mezcla de español, inglés y un chapurreo de francés por parte de Iván que apenas resultaba inteligible.
Leire se sintió la mujer más afortunada de la Tierra por tener los amigos que tenía y por sentirse tan acompañada en aquel caótico viaje.
De pronto, consultó el reloj de la pared y un escalofrío de anticipación la recorrió entera: eran las cinco de la tarde.
¡Solo disponía de una hora para prepararse!
Y quería estar deslumbrante. Era ahora o nunca.
El momento de brillar. Pero no quería brillar para dejar con la boca abierta a Joyce, sino para vestirse para ella misma y demostrarse que pasara lo que pasara, las acciones de los demás no la definían a ella.
Quiso aprovechar la oportunidad que tenía delante como un reto, como un momento de cambio, acontecido por los descubrimientos que estaba haciendo sobre su abuela.
Si ella había sido una mujer valiente que había arriesgado todo por un amor imposible, ella podría con cualquier cosa que se propusiera.
Y qué mejor escenario que las calles iluminadas de Colmar en plena Navidad para empezar a quererse un poquito más a sí misma.
—Abuela, esto es por ti —dijo Leire para sus adentros—. Porque siempre fuiste la mujer fuerte en la que yo siempre me quise convertir. Este es el momento ideal para empezar a hacerlo.