Los cuentos más atroces El clavo
92%

El clavo

Un mercader había hecho buenos negocios en la feria; había vendido sus mercancías y llenado sus bolsas de oro y plata. Entonces quiso emprender el viaje de regreso y llegar a su casa antes de que cayera la noche. Así que cargó en su caballo el baúl con el dinero y se puso en camino.

Al mediodía descansó en un pueblo, y cuando quiso continuar, el mozo de cuadra le sacó el caballo y le dijo:

—Falta un clavo, señor, en la herradura de la pata trasera izquierda.

—Que falte —respondió el mercader—; la herradura aguantará sin duda las seis millas que aún me quedan por recorrer. Tengo prisa.

Por la tarde, cuando volvió a apearse y mandó dar de comer al caballo, el mozo de cuadra entró a la habitación donde estaba y le dijo:

—Señor, a su caballo le falta una herradura en la pata trasera izquierda. ¿Lo llevo al herrero?

—Que siga faltando —respondió el hombre—; el caballo aguantará muy bien el par de millas que quedan. Ando de prisa.

Siguió cabalgando, pero al poco rato el caballo empezó a cojear.

No llevaba mucho cojeando cuando empezó a tropezar, y no llevaba mucho tropezando cuando cayó al suelo y se rompió una pata.

El mercader se vio obligado a dejar el caballo donde estaba, desatar el baúl, echárselo a la espalda y volver a casa a pie. Y no llegó hasta bien entrada la noche.

—Y ese maldito clavo —se dijo a sí mismo— ha sido la causa de toda esta desgracia.

Apresúrate despacio. [36]