Lo nuestro no venía en el contrato Capítulo 20
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Capítulo 20

Aquella mañana entré en la boutique poco después de las nueve, después de despedirme de Dante, quien esperó a que me preparase y me acercó en coche.

Habíamos pasado nuestra segunda noche juntos y, aunque apenas llevaba unos minutos lejos de él, todavía sonreía al recordar la manera en que me había despertado, llenándome de besos mientras protestaba porque tenía que levantarse para reunirse con su equipo.

Las primeras sesiones fotográficas no comenzarían hasta la semana siguiente, de modo que podía dedicar la mañana a la tienda.

Dante tenía varias reuniones con los responsables de la campaña y habíamos quedado en hablar por teléfono cuando terminara.

Antes de separarnos, me había propuesto cenar juntos otra vez, una invitación que acepté encantada.

Carmina estaba colocando unos pañuelos en el escaparate cuando entré. Me examinó de arriba abajo y sonrió con una satisfacción que me hizo sospechar que no tardaría en empezar su interrogatorio.

—Buenos días, cariño. Veo que has decidido convertir el hotel de Dante en tu segunda residencia.

Dejé el bolso detrás del mostrador y me quité la chaqueta.

—Buenos días a ti también.

—¿Has desayunado? Porque después de dos noches seguidas con ese hombre, supongo que necesitarás recuperar fuerzas.

—Carmina, por favor.

—Solo me preocupo por tu alimentación. A tu edad hay que cuidarse, sobre todo cuando una empieza a practicar deportes que llevaba años sin ejercitar.

Me eché a reír, aunque noté que me ruborizaba.

—¿Podemos hablar de otra cosa?

—Por supuesto. ¿Qué tal la cama del hotel?

—¡Carmina!

Soltó una carcajada y se acercó para darme un beso.

—Está bien, no te preguntaré nada más. Aunque tengo que decirte que me encanta verte así. Hacía mucho tiempo que no salía esa sonrisa de felicidad.

Su comentario me enterneció. La abracé y permanecimos unos instantes juntas antes de que se apartara para continuar con el escaparate.

—Y ahora vamos a trabajar, que los vestidos no se van a colocar solos. Pero si esta noche vuelves a dormir con él, comenzaré a pensar que a Dantito le ha dado muy fuerte por ti. Y si no, también, porque es evidente que lo tienes loco.

—Todavía no sé qué haré esta noche.

—Pues yo tengo una ligera sospecha.

No pude evitar reírme otra vez.

Adrián llegó poco después con dos cafés y una bolsa de cruasanes. Nada más verme, dejó las cosas sobre el mostrador y me dedicó una sonrisa maliciosa.

—Buenos días, prima. ¿Qué tal el descanso?

—Estupendamente, gracias.

—Me alegro. Porque entre el desfile, la campaña y tu nueva afición por los hoteles de lujo, llevas una semana bastante intensa.

—¿Os habéis puesto de acuerdo para martirizarme?

—No ha hecho falta —respondió Carmina—. La inspiración nos viene sola.

Adrián sacó su ordenador y comenzó a enseñarnos una propuesta para las redes sociales de Valdieri Milano. Quería preparar varios vídeos con mujeres de distintas edades combinando las mismas prendas y había pensado que Carmina participara en uno de ellos.

—Siempre que no me hagas bailar delante de una cámara. Lo digo porque me está dando un poco de lata una rodilla y no quiero parecer poco glamurosa —le advirtió su tía.

—Eso se lo reservaremos a Don Vito. Tú solo tienes que demostrar que se puede ir elegante sin tener veinticinco años.

—Pues eso lo llevo demostrando toda la vida.

Nos reímos y continuamos examinando las propuestas hasta que Adrián recibió una notificación en el teléfono.

Lo vi consultar la pantalla y fruncir el ceño.

—Qué extraño...

—¿Qué ocurre? —le pregunté.

—Están mencionando a Valdieri Milano en varias cuentas italianas. Parece que ha pasado algo.

Abrió una publicación y comenzó a leer. Al cabo de unos segundos dejó de deslizar el dedo por la pantalla.

—Kyra, ¿has hablado con Dante desde que saliste del hotel?

—No. Tenía reuniones toda la mañana. ¿Por qué?

Adrián intercambió una mirada con su tía antes de entregarme el teléfono.

—Creo que deberías ver esto.

La noticia estaba publicada en un periódico digital italiano y aparecía acompañada de una fotografía de Dante durante un desfile. Debajo del titular figuraba la imagen de una mujer morena, muy hermosa, a la que no reconocí.

—Está en italiano —le comenté.

—Pero se entiende bastante. De todos modos, pongamos el traductor.

Al parecer, una modelo llamada Isabella había presentado una denuncia contra Dante Valdieri por unos presuntos abusos sexuales cometidos durante un encuentro privado en Milán.

Al escuchar aquel nombre, recordé inmediatamente la madrugada de nuestra primera noche juntos.

—¿Cómo has dicho que se llama?

—Isabella. Aquí aparece su apellido.

Apenas lo escuché. Mi pensamiento había regresado a la habitación del hotel, a la voz angustiada de Dante mientras dormía y a la conversación que mantuvimos a la mañana siguiente.

Isabella. Cuando le pregunté por ese nombre me salió con lo del accidente de coche.

—¿Qué fecha pone? —le pregunté.

Adrián volvió a examinar la noticia.

—Aquí está. Los hechos denunciados ocurrieron hace algo más de una semana.

Me mostró la pantalla y leí el día y el mes varias veces, convencida de que estaba confundiendo las fechas.

Pero no había ningún error.

Era la segunda noche de nuestra estancia en Milán. La misma en la que Dante nos había acompañado a recorrer la ciudad y, después de pasar la tarde con nosotros, se despidió alegando que tenía un compromiso profesional.

—Pasó el día con nosotros —murmuré.

Carmina se acercó a mi lado.

—¿Qué quieres decir, cariño?

—Es la noche en que Dante nos dejó porque tenía un compromiso profesional.

Adrián consultó de nuevo la fecha.

—Es verdad. Cenamos los tres solos.

Me sujeté al borde del mostrador mientras intentaba ordenar mis pensamientos.

Dante nos había mentido sobre su compromiso en Milán y, días después, volvió a mentirme cuando le pregunté por Isabella.

Esta vez había utilizado una historia familiar, con tantos detalles que todavía podía recordar su voz mientras me hablaba del accidente. También me había enseñado una cicatriz.

Y yo la había acariciado, conmovida por su sufrimiento.

—Tengo que hablar con él —anuncié.

Carmina me tomó de la mano.

—Antes deberíamos averiguar qué está pasando. Una denuncia no significa que haya cometido esos hechos.

—Lo sé. Pero me ha mentido.

—¿Sobre qué? —me preguntó Adrián.

Les conté lo que había ocurrido aquella madrugada y la explicación que Dante me ofreció a la mañana siguiente. A medida que avanzaba, la expresión de mi primo se volvió más seria.

—¿Te aseguró que Isabella era su hermana?

—Sí.

Carmina se llevó una mano a la boca.

—Pero, Kyra, quizás tiene una hermana que se llama igual.

—Da lo mismo, ya te digo que su angustia actual no procede de ese accidente.

Adrián recuperó su teléfono.

—Voy a buscar más información.

Encontró varias publicaciones que identificaban a Isabella como una modelo italiana que había trabajado anteriormente para Valdieri Milano. En algunas fotografías aparecía junto a Dante durante actos de la firma; en otras, ambos posaban rodeados de invitados en fiestas y presentaciones.

Una de las noticias mencionaba que entre ellos había algo más que temas profesionales.

Me costó seguir leyendo.

—Voy a llamarlo —decidí.

Marqué su número y esperé mientras sonaban los tonos. Dante respondió al cuarto.

—Kyra, preciosa. Precisamente iba a llamarte.

Su voz me resultó tan familiar que durante unos segundos deseé que todo fuera un malentendido.

—¿Has visto las noticias? —le pregunté.

Al otro lado de la línea escuché el movimiento de una silla.

—Sí. Acaban de informarme desde Milán.

—Necesito hablar contigo.

—Por supuesto. He regresado al hotel. ¿Quieres que vaya a buscarte?

—No. Voy yo.

—Kyra, espera. Hay cosas que necesito explicarte.

—Entonces será mejor que empieces a pensar cómo hacerlo.

Terminé la llamada y recogí mi bolso.

Carmina quiso acompañarme, pero le expliqué que prefería hablar con él a solas. Adrián me ofreció llevarme en coche y acepté.

Durante el trayecto intentó tranquilizarme, aunque tampoco él conseguía ocultar su preocupación.

—Escúchame, prima. Lo que ha publicado la prensa es una acusación. Todavía no sabemos qué ocurrió.

—No estoy diciendo que sea culpable.

—Ya lo sé.

—Pero estuvo con ella aquella noche y tengo claro que me ha mentido.

Adrián detuvo el coche ante un semáforo.

—Eso tendrá que explicártelo.

—¿Cómo voy a creer su explicación después de semejante mentira?

No encontró una respuesta que pudiera consolarme.

Dante me esperaba en el vestíbulo del hotel. Había dejado la chaqueta sobre uno de los sillones y tenía el teléfono en la mano. Cuando me vio entrar, se levantó y avanzó hacia mí, pero debió de advertir mi expresión porque se detuvo antes de abrazarme.

—Gracias por venir. Podemos subir a mi habitación para hablar con tranquilidad.

—Prefiero quedarme aquí.

Me condujo hasta una zona apartada del vestíbulo, donde apenas había otros huéspedes, y esperamos a que un camarero terminara de retirar unas tazas antes de sentarnos.

—Lo que están publicando es muy grave —comenzó a explicarme—. Mis abogados ya están ocupándose del asunto.

—¿Conoces a esa mujer?

Se pasó una mano por la mandíbula.

—Sí.

—¿Tuviste una relación con ella?

—Tonteamos. Nos vimos en ciertas ocasiones durante unos meses, pero terminó antes de que te conociera.

Me obligué a escuchar su respuesta sin interrumpirlo.

—¿La viste durante nuestro viaje a Milán?

Dante tardó unos segundos en contestar.

—Sí.

—¿Qué noche?

—La que han publicado.

Apreté las manos sobre mi regazo.

—La noche de tu compromiso profesional.

—Kyra, necesito que entiendas por qué fui a verla.

—Primero quiero saber por qué nos mentiste.

—Isabella llevaba semanas intentando hablar conmigo. Me llamaba constantemente y había empezado a presentarse en las oficinas. Aquella tarde me aseguró que tenía algo importante que decirme y que no aceptaría otra negativa.

—Y fuiste.

—Pensé que podríamos resolver nuestras diferencias y terminar con aquella situación.

—¿Dónde os encontrasteis?

—En su apartamento.