Capítulo 16 #2
Dante se acomodó a mi lado y me preguntó si había dormido bien.
—No demasiado —admití—. Tenía muchas cosas en las que pensar.
—Me lo imaginaba. Espero que la propuesta no te haya preocupado.
—Al contrario. Me ha ilusionado muchísimo.
Dejó la taza que acababan de servirle y se volvió hacia mí.
—¿Eso significa que has tomado una decisión?
Asentí, sonriendo.
—Quiero hacerlo, Dante. Acepto tu propuesta, siempre que podamos concretar todos los detalles del contrato.
Su expresión se iluminó de inmediato.
—Me das una alegría enorme, Kyra.
Me tomó una mano entre las suyas y la estrechó con afecto.
—Estoy convencido de que vamos a hacer un trabajo extraordinario juntos.
Carmina, que llevaba varios segundos intentando disimular que escuchaba nuestra conversación, terminó interviniendo.
—¡Qué felicidad! ¡No sabes lo que significa esto para nosotros!
Dante le dedicó una sonrisa.
—Lo importante es que Kyra esté ilusionada. Y me alegra muchísimo que haya decidido aceptar.
—Ilusionada está —aseguró Adrián—. Aunque todavía tendremos que convencerla de que deje de preguntarse por qué la has elegido.
—Eso será fácil —respondió nuestro anfitrión—. Bastará con enseñarle las fotografías del desfile.
Me reí y le advertí que no pensaba permitir que utilizara aquella estrategia cada vez que me entraran dudas.
Durante el desayuno hablamos de los siguientes pasos. Dante nos explicó que su equipo prepararía el contrato definitivo y que podríamos revisarlo tranquilamente antes de establecer las primeras fechas de trabajo.
La campaña comenzaría en España, con sesiones de fotografía y grabaciones que procurarían organizar para que afectara lo menos posible a mi vida, algo que en realidad ninguno de nosotros creía.
—Y quiero que participes en las decisiones creativas que afecten a tu imagen —me aclaró—. No se trata únicamente de que aparezcas delante de una cámara. Me interesa que aportes tus ideas.
Aquello terminó de convencerme de que había tomado la decisión correcta. La posibilidad de aprender y colaborar con profesionales de aquel nivel resultaba emocionante, pero todavía me gustaba más saber que mis opiniones seguirían teniendo importancia.
Cuando terminamos de desayunar, Adrián recibió un mensaje del chófer que nos llevaría al aeropuerto, gentileza de Dante. El vehículo estaría preparado en menos de veinte minutos y todavía debíamos recoger las maletas.
Nos levantamos y él acompañó a Carmina hasta la salida del restaurante. Ella aprovechó para darle otro abrazo y recordarle que tenía una invitación pendiente en San Sebastián.
—¡Y no te olvides de venir a casa! ¡Que Don Vito te va a fascinar!
—Te prometo que iré pronto —le respondió—. Además, ahora tendré bastantes motivos para viajar a España.
—Pues allí te esperamos, Dantito.
Adrián se despidió con un abrazo y una felicitación más por el éxito del desfile. Después, con una discreción que me pareció sospechosa, anunció que acompañaría a su tía a recoger las maletas.
—Prima, te esperamos en el vestíbulo. No tardes demasiado.
Carmina me lanzó un beso antes de alejarse con él.
Dante los observó marcharse y después volvió hacia mí con una sonrisa divertida.
—Creo que ambos son expertos en encontrar excusas para dejarnos solos.
—Llevan dos días perfeccionando la técnica.
—Pues tendremos que agradecerles su dedicación.
Nos habíamos quedado cerca de una pequeña zona de descanso situada junto al restaurante. A nuestro alrededor circulaban algunos huéspedes, pero la conversación y el movimiento de los empleados quedaban lo bastante lejos para permitirnos despedirnos con cierta intimidad.
—Gracias por todo —le expresé—. Por el viaje, por el desfile y por confiar en mí para este proyecto. Todavía me cuesta creer que me esté pasando algo así.
—No tienes que agradecerme que haya reconocido tu talento.
—Pues voy a hacerlo igualmente.
Dante sonrió y se acercó un poco más.
—Me alegra que hayas aceptado, Kyra. Y no solo por la campaña.
Aquella última frase me hizo levantar la mirada.
—¿Ah, no?
—Estos días he disfrutado mucho de tu compañía.
—Yo también de la tuya.
Durante unos instantes olvidé que teníamos un avión que coger y que Carmina y Adrián nos esperaban en el vestíbulo.
Dante estaba tan cerca que distinguía el perfume discreto de su colonia y los pequeños matices dorados de sus ojos castaños.
Me pregunté si recordaría lo ocurrido la noche anterior frente al hotel, cuando estuvo a punto de besarme, porque yo apenas había conseguido pensar en otra cosa.
Levantó una mano y acomodó detrás de mi oreja un mechón que se había desprendido de mi peinado. Sus dedos rozaron mi mejilla y permanecieron allí un instante, lo suficiente para que deseara acercarme un poco más.
—Voy a echarte de menos —me confesó en voz baja.
Sonreí, sorprendida por la emoción que me produjo escucharlo.
—Solo han sido unos días.
—Lo sé. Pero han sido unos días estupendos.
Se inclinó hacia mí y durante un segundo pensé que, esta vez, no se detendría. Me descubrí pendiente de sus labios, de la cercanía de su rostro y de aquella atracción que había crecido entre nosotros sin que ninguno se atreviera todavía a darle nombre.
Sin embargo, Dante desvió ligeramente la cabeza y depositó un beso lento y cariñoso en mi mejilla. Cuando se apartó, conservó mi mano entre las suyas y me dedicó una sonrisa que parecía prometer muchas cosas.
—Nos veremos muy pronto, Kyra.
—Eso espero.
—Puedes estar segura.
Me acompañó hasta el ascensor y esperó conmigo mientras llegaba. Antes de que las puertas se abrieran, me dio un último abrazo, cálido y prolongado, que me habría gustado disfrutar durante unos segundos más.
—Buen viaje. Y avísame cuando lleguéis.
—Lo haré. Gracias otra vez, Dante.
Entré en el ascensor y lo vi despedirse con la mano antes de que las puertas se cerraran.
Cuando llegué al vestíbulo, Carmina y Adrián estaban junto a nuestras maletas, conversando con el chófer. Mi suegra me examinó en cuanto me acerqué y una sonrisa traviesa apareció en sus labios.
—¿Te ha besado por fin?
—En la mejilla —le respondí, procurando parecer indiferente.
Adrián soltó una carcajada.
—Este hombre está consiguiendo que nos volvamos a España con una novela entera por escribir.
Carmina me rodeó los hombros mientras caminábamos hacia la salida.
—Pues que se tome su tiempo, cariño. ¡Que las cosas buenas hay que disfrutarlas!
Milán nos había recibido días atrás con una propuesta comercial que parecía demasiado importante para nuestra pequeña boutique, y nos despedía con un contrato prometedor, recuerdos extraordinarios y una ilusión que llevaba años sin permitirme sentir.
Mientras el chófer acomodaba las maletas, saqué el teléfono y encontré un mensaje de Dante que acababa de llegar.
“Hasta muy pronto, Kyra. Estoy deseando volver a verte”.
Lo leí dos veces antes de guardarlo, aunque no pude evitar sonreír durante buena parte del trayecto al aeropuerto.
Por primera vez en años, tenía la sensación de que mi vida estaba a punto de cambiar de una manera maravillosa.