Lo nuestro no venía en el contrato Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—Sí. Inicialmente te propondríamos una colaboración de seis meses, con varias sesiones de fotografía, vídeos promocionales y algunas apariciones en eventos de lanzamiento. Contarías con un equipo profesional de estilismo, maquillaje y producción. No tendrías que preocuparte por nada de eso.

—¿Y la boutique?

—Seguiría siendo una parte importante de tu actividad. De hecho, me gustaría que mantuviéramos los directos y que colaboraras en algunas presentaciones de la colección desde allí.

Intenté ordenar toda aquella información, pero cada respuesta abría nuevas preguntas.

—Dante, es una propuesta enorme. No sé si estoy preparada para algo así.

—Por eso quiero que conozcas también las condiciones económicas.

Retiró la mano para sacar una pequeña carpeta de su maletín y la colocó sobre la mesa.

—Mi equipo ha preparado una propuesta inicial. Tendrías unos honorarios fijos por los seis meses de colaboración, además de las cantidades correspondientes a determinadas campañas y apariciones. Los gastos de desplazamiento, alojamiento y producción correrían por nuestra cuenta.

Abrí la carpeta y examiné las cifras que aparecían en la primera página.

Tuve que leerlas dos veces.

—¿Esto está bien?

—Perfectamente.

Levanté la vista hacia él.

—¡Dante, es muchísimo dinero!

—Es una remuneración acorde con la colaboración que te estamos proponiendo.

Volví a mirar los números, intentando comprender que aquella cantidad pudiera corresponderme a mí.

Era suficiente para que, después de atender los impuestos y gastos que procedieran, la boutique pudiera afrontar con holgura la parte de la deuda con Hacienda que todavía nos preocupaba.

Y aún quedaría una suma considerable para mis propios ahorros.

—Con esto podríamos terminar de solucionar lo de Hacienda —murmuré.

Dante asintió.

—Sé que Carmina está pasando por un momento complicado con ese asunto.

Pero quiero que entiendas algo: no te ofrezco este contrato para ayudaros económicamente.

Te lo ofrezco porque creo que eres la persona adecuada para nuestra campaña.

Que además os permita respirar tranquilos es una consecuencia que me alegra muchísimo.

Agradecí aquella aclaración más de lo que él podía imaginar. No quería sentir que aceptaba un favor ni que nuestra situación económica condicionaba su decisión.

—No sé qué decirte.

—Puedes decirme que sí.

Me reí, todavía aturdida.

—¡Pero si acabas de proponérmelo!

—Entonces puedo concederte unos minutos más.

—¡Dante!

Él sonrió y volvió a cubrir mi mano con la suya.

—Kyra, sé que todo esto te parece demasiado grande. Pero llevo años trabajando con profesionales de la moda y sé reconocer cuándo alguien tiene una cualidad especial. Esta tarde has demostrado que puedes hacerlo. Lo único que te falta es creértelo.

Sus palabras me emocionaron. Pensé en la mujer que había sido durante los últimos años, en mi costumbre de mantenerme siempre en segundo plano y en las veces que Adrián había tenido que insistir para convencerme de aparecer en nuestros directos.

—Tengo que pensarlo —respondí finalmente.

—Por supuesto. Léete la propuesta con calma, consulta lo que necesites y habla con Carmina y Adrián. No espero que tomes una decisión esta noche.

—¿De verdad no te importa esperar?

—Nada en absoluto. Aunque debo advertirte que pienso seguir intentando convencerte.

—¡Eso ya me lo imaginaba!

—Y soy bastante perseverante.

—Empiezo a darme cuenta.

Terminamos la cena hablando de los detalles de la campaña. Cuando finalmente pedimos el postre, yo seguía mirando de vez en cuando la carpeta, incapaz de creer que aquel documento pudiera cambiar tantas cosas.

Regresamos al hotel en coche, conducido por el mismo chófer que nos había acompañado durante nuestra estancia. Las calles estaban más tranquilas y las luces de los escaparates se reflejaban sobre el pavimento mientras atravesábamos el centro.

Dante me preguntó si estaba cansada y le confesé que, después de todo lo ocurrido, dudaba mucho que pudiera dormirme pronto.

—Entonces espero que al menos tengas sueños agradables —respondió.

—Como sueñe con una pasarela, voy a echarte la culpa.

—Aceptaré también esa responsabilidad.

Cuando llegamos al hotel, el chófer detuvo el vehículo junto a la entrada y Dante descendió para acompañarme hasta la puerta. Llevaba la carpeta abrazada contra el pecho, todavía impresionada por su contenido.

—Mañana vendré a desayunar con vosotros —me anunció—. Quiero despedirme antes de que salgáis hacia el aeropuerto.

—No hace falta que madrugues por nosotros.

—Me apetece hacerlo. Además, quiero asegurarme de que Carmina se ha recuperado de su misteriosa indisposición.

Solté una carcajada.

Nos quedamos frente a la entrada, sonriendo. Dante se acercó un poco y levantó una mano para apartarme un mechón de cabello que se había soltado del recogido.

Sus dedos rozaron suavemente mi sien antes de deslizarse por mi pelo, en una caricia tan delicada que olvidé durante unos instantes lo que estaba a punto de decir.

—Has estado maravillosa hoy, Kyra —murmuró.

Lo miré y advertí que su expresión había cambiado. Ya no parecía el empresario seguro de sí mismo que acababa de ofrecerme un contrato extraordinario, sino un hombre que deseaba decirme algo y todavía no encontraba las palabras.

Se inclinó ligeramente hacia mí y, durante un segundo, tuve la certeza de que iba a besarme.

No me aparté.

Pero Dante se detuvo antes de que nuestros labios llegaran a encontrarse. Me acarició una última vez el cabello y sonrió con una ternura que me desarmó.

—Buenas noches, Kyra.

—Buenas noches, Dante.

Me dio un beso suave en la mejilla y retrocedió un paso, permitiéndome entrar en el hotel. Antes de cruzar la puerta, me volví para mirarlo. Seguía allí, junto al coche, esperando a que estuviera dentro.

Subí a mi habitación con la carpeta entre las manos y una sonrisa que no conseguía borrar.

Aquella noche tenía dos motivos para no poder dormir: una propuesta profesional que jamás habría imaginado recibir y un beso que no había llegado a producirse.

Y, por mucho que intentara concentrarme en las cifras del contrato, sospechaba que iba a pasar bastante más tiempo pensando en lo segundo.