Lo nuestro no venía en el contrato Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Francesca me explicó que desfilaría junto a otras cinco mujeres no profesionales, cada una con un conjunto diferente. Me presentó a una profesora de cuarenta y tantos años, una arquitecta cercana a los sesenta y una joven enfermera que confesó estar tan nerviosa como yo.

Aquello me tranquilizó bastante. Ninguna parecía tener experiencia sobre una pasarela y todas compartíamos una mezcla de ilusión y miedo que terminó por unirnos.

Ensayamos brevemente en una zona reservada. Una profesional nos indicó cómo caminar, dónde detenernos y cuándo regresar. No necesitábamos adoptar poses complicadas ni imitar a las modelos; bastaba con movernos con naturalidad y disfrutar del momento.

Cuando terminaron los ensayos, Dante apareció para comprobar que todo estuviera preparado.

Me contempló unos segundos antes de acercarse.

—Francesca tenía razón. Ese conjunto parece diseñado para ti.

—Todavía estoy a tiempo de escapar —le advertí.

—Y yo todavía estoy a tiempo de amarrarte.

Sonreí, nerviosa.

—Más te vale que esto salga bien.

—Estoy seguro de que así será.

El desfile comenzó poco después. Desde la zona de preparación escuchábamos la música y los aplausos que acompañaban a las modelos profesionales. Una pantalla nos permitía seguir parte de la presentación, aunque apenas conseguía concentrarme en las imágenes.

Cuando anunciaron el apartado dedicado a las mujeres reales, las otras participantes y yo nos colocamos en fila. La profesora que desfilaba delante de mí me dedicó una sonrisa de ánimo y me confesó que llevaba diez minutos pensando en salir corriendo.

—Pues si corres, avísame —le respondí—. ¡Que voy detrás de ti!

Nos reímos y aquella complicidad terminó de aliviar mis nervios.

La música cambió y una voz presentó la iniciativa, explicando que Valdieri Milano quería celebrar la diversidad de mujeres que inspiraban su nueva colección. Las primeras participantes comenzaron a salir mientras yo aguardaba mi turno, intentando recordar las instrucciones.

Entonces escuché mi nombre.

Una asistente me indicó que avanzara y, antes de que pudiera pensarlo demasiado, di el primer paso sobre la pasarela.

Las luces me deslumbraron durante unos instantes. Frente a mí se extendía un espacio blanco rodeado de rostros, cámaras y teléfonos móviles. Caminé despacio, procurando mantener la espalda recta y respirar con normalidad, hasta que distinguí a Carmina y Adrián en primera fila.

Mi primo estaba grabándome con el teléfono y sonreía de oreja a oreja. Carmina, emocionada, me enviaba besos con una mano mientras sujetaba el bolso con la otra.

Y junto a ellos estaba Dante, contemplándome con una sonrisa tan orgullosa que terminé olvidando buena parte de mis temores.

Llegué al final de la pasarela, me detuve unos segundos y giré con cuidado para mostrar el conjunto. Entonces ocurrió algo maravilloso: el público comenzó a aplaudir y yo, incapaz de contener la alegría, sonreí abiertamente.

Regresé caminando con una seguridad que no habría creído posible unos minutos antes. La música continuaba sonando, las luces iluminaban las prendas y, por primera vez en mucho tiempo, disfruté siendo el centro de atención sin preocuparme por lo que pudieran pensar los demás.

Cuando llegué al final, las otras participantes me recibieron con abrazos y felicitaciones. La enfermera me confesó que estaba temblando y yo le aseguré que, después de los primeros pasos, todo resultaba mucho más sencillo.

Poco después salimos juntas para el saludo final. El público volvió a aplaudir y Francesca nos acompañó hasta el centro de la pasarela, donde nos agradeció nuestra participación.

Aquellos minutos se convirtieron en uno de los recuerdos más felices de mi vida.

Cuando terminó la presentación, Carmina y Adrián aparecieron en la zona de preparación acompañados por Dante. Mi suegra se acercó corriendo y me abrazó con tanta fuerza que casi me hizo perder el equilibrio.

—¡Has estado espectacular!

Adrián me enseñó el vídeo que había grabado.

—¡Prima, esto es histórico! ¡No sabes lo guapísima que estabas!

Me reí mientras intentaba recuperar la compostura.

—¡Todavía me tiemblan las piernas!

Dante aguardó a que terminaran de felicitarme y después se acercó.

—Gracias por confiar en nosotros, Kyra. Has estado magnífica.

—¡Casi me matas del susto!

—Lo sé. Y te debo una disculpa por la sorpresa.

—Bueno, quizás pueda perdonarte —respondí con una sonrisa—. Aunque todavía no he decidido cómo voy a vengarme.

Él soltó una carcajada.

—Aceptaré las consecuencias.

Francesca nos interrumpió para comunicarnos que las primeras impresiones de la presentación estaban siendo excelentes y que varios asistentes habían destacado precisamente la participación de mujeres ajenas al mundo del modelaje.

Carmina volvió a emocionarse al escucharla.

—¡Es que mi niña tiene muchísimo talento!

La abracé, agradecida, mientras Adrián seguía enseñándonos fotografías.

Aquella tarde había descubierto algo que jamás habría imaginado: que podía enfrentarme a una situación completamente desconocida, superar la vergüenza y disfrutar de una experiencia extraordinaria.

Y mientras contemplaba el conjunto que todavía llevaba puesto, pensé que, cuando regresara a San Sebastián, tendría una historia maravillosa que contar.

Una historia que había comenzado con una sorpresa de Dante Valdieri y que, sin duda, recordaría durante el resto de mi vida.