Capítulo 13 #2
—¡Pues yo pienso hacerlo! —anunció Carmina, decidida.
Adrián comenzó a reírse mientras la observaba colocarse sobre el mosaico.
—Tía, ten cuidado, que con esos tacones vas a terminar en el hospital.
—¡No seas agorero!
Consiguió completar el giro entre risas y aplausos de varios turistas que aguardaban su turno.
Después insistió en que también participáramos nosotros.
Adrián aceptó encantado y realizó una vuelta exagerada que provocó nuevas carcajadas, mientras yo intenté cumplir la tradición sin perder el equilibrio.
Dante me ofreció la mano cuando terminé.
—¿Todo bien?
—Perfectamente. Aunque creo que mis zapatos no están diseñados para estas actividades.
—Entonces tendremos que elegir un recorrido menos exigente para el resto de la tarde.
Continuamos paseando por la galería y entramos en varias tiendas, donde Carmina y Adrián disfrutaron examinando prendas y complementos de firmas conocidas. Dante nos habló de algunos diseñadores italianos y de cómo había evolucionado la industria durante las últimas décadas.
En una de las boutiques, Adrián encontró una chaqueta de corte atrevido que decidió probarse. Cuando salió del probador, llevaba una prenda de color azul eléctrico con detalles metálicos que provocó la inmediata reacción de Carmina.
—¡Pareces una estrella del pop!
—¡Precisamente! —respondió mi primo mientras se contemplaba en el espejo—. ¡Me queda espectacular!
Dante lo examinó con una sonrisa divertida.
—Tienes personalidad suficiente para llevarla.
—¡Por fin alguien que comprende mi estilo! —celebró Adrián—. Kyra, cariño, toma nota.
Terminó comprándola después de discutir durante varios minutos sobre si realmente la necesitaba, aunque Carmina aprovechó para recordarle que había criticado sus compras durante horas.
—¡Una cosa es comprar por capricho y otra invertir en una prenda especial! —argumentó mi primo.
—¡Pues eso mismo digo yo siempre!
Salimos de la tienda entre bromas y continuamos hacia las calles del Quadrilatero della Moda . Dante nos mostró algunas de las vías más conocidas, donde las boutiques de lujo ocupaban edificios históricos y los escaparates parecían pequeñas exposiciones de arte.
Me impresionó especialmente la elegancia de Via Montenapoleone , con sus fachadas cuidadas, sus portales monumentales y el ir y venir de personas que parecían conocer perfectamente aquel mundo.
Había vehículos de alta gama estacionados junto a las aceras, escaparates de joyería y tiendas donde cada prenda estaba presentada con una atención extraordinaria.
—Aquí es donde muchas firmas muestran sus colecciones más exclusivas —nos explicó Dante—. Aunque Milán tiene otros barrios que también merecen mucho la pena.
Carmina se detuvo frente a un escaparate donde se exponía un vestido de noche de color verde esmeralda.
—¡Mirad qué preciosidad!
Adrián examinó la prenda y después consultó discretamente el precio.
—Tía, creo que por lo que cuesta podríamos comprar otro Don Vito. Y mantenerlo durante veinte años.
Solté una carcajada y Dante se acercó para observar el vestido.
—Es un diseño magnífico —reconoció—. Aunque hay muchas maneras de conseguir elegancia sin gastar semejantes cantidades.
—¡Eso es exactamente lo que les digo a mis clientas! —intervino Carmina—. ¡Que lo importante es saber elegir!
Nuestro anfitrión asintió y aprovechó para explicarnos cómo pretendía trasladar esa filosofía a la nueva colección. Hablamos unos minutos sobre precios, calidad y diseño, pero enseguida Adrián propuso que dejáramos los negocios para el día siguiente y continuáramos disfrutando de la ciudad.
Dante aceptó con una sonrisa.
—Tienes razón. Hoy estamos de paseo.
La tarde avanzó entre calles elegantes, pequeñas plazas y rincones que nuestro anfitrión conocía desde hacía años.
Nos mostró una librería especializada en arte y fotografía, una antigua cafetería donde solía reunirse con amigos y una tienda de objetos de diseño que despertó el entusiasmo de Adrián.
Cuando comenzaba a anochecer, regresamos al coche para dirigirnos al hotel. Carmina se acomodó en el asiento con un suspiro satisfecho.
—Dantito, ¡qué tarde tan maravillosa nos has regalado!
—Me alegra que hayáis disfrutado. Milán tiene muchísimo más que ofrecer, pero creo que por hoy hemos caminado bastante.
—¡Mis pies opinan exactamente lo mismo! —reconoció mi suegra.
Dante nos explicó que aquella noche tenía un compromiso profesional al que no podía faltar y que, por tanto, no podría acompañarnos a cenar.
—Espero que no os importe. Me habría encantado pasar también la noche con vosotros, pero tengo una reunión que se prolongará hasta tarde.
—¡Por favor, hijo! —le respondió Carmina—. ¡Bastante tiempo nos has dedicado ya!
—Además, nosotros podemos cenar tranquilamente en el hotel —añadió Adrián—. Creo que nos vendrá bien descansar un poco.
Dante asintió y nos recordó que al día siguiente asistiríamos al desfile privado de la nueva colección.
—Será una jornada especial. Me gustaría que estuvierais preparados para disfrutarla desde el principio.
—¡Estamos deseando verlo! —exclamó Carmina—. ¡No sabes la ilusión que me hace asistir a un desfile de tu firma!
—Espero que os guste. Hemos trabajado mucho para preparar esta presentación.
Cuando el coche se detuvo frente al hotel, Dante descendió primero y nos ayudó a salir. Se despidió de Carmina con dos besos y de Adrián con un abrazo, agradeciéndonos una vez más el entusiasmo con el que estábamos participando en aquella visita.
Después se volvió hacia mí.
—Kyra, espero que hayas disfrutado de tu primer paseo por Milán.
—Muchísimo. Ha sido una tarde preciosa. Gracias por enseñarnos tantos lugares.
—Me alegra. Y espero que mañana también tengas ocasión de descubrir algo que te sorprenda.
Sonreí, intrigada por aquella observación.
—Estoy segura de que el desfile será maravilloso.
—Eso espero. Descansa bien.
Me dio dos besos y regresó al vehículo después de despedirse de los tres.
Permanecimos unos segundos contemplando cómo el coche se alejaba antes de entrar en el hotel.
Adrián consultó su teléfono mientras caminábamos hacia los ascensores.
—Bueno, señoras, ¿qué os parece si cenamos algo ligero y nos acostamos pronto? Mañana tenemos un día importante.
—¡Me parece estupendo! —respondió Carmina—. ¡Pero antes quiero enseñaros las fotografías que he hecho! ¡Tengo unas doscientas!
—Tía, por favor, que solo hemos estado unas horas de paseo.
—¡Pues imagínate si hubiéramos tenido todo el día!
Me reí mientras los seguía hacia el ascensor. Estaba cansada, pero también extraordinariamente satisfecha.
Habíamos conocido lugares maravillosos, disfrutado de una comida deliciosa y pasado toda la tarde con un hombre que parecía empeñado en conseguir que nuestra estancia resultara inolvidable.
Y, mientras subíamos hacia nuestras habitaciones, pensé que todavía nos quedaba el acontecimiento más importante del viaje: el desfile privado de Valdieri Milano.
No podía imaginar que aquella presentación iba a reservarme una sorpresa mucho mayor de lo que esperaba.