Capítulo 11 #3
Cuando abandonamos el departamento creativo, Dante nos condujo hacia una sala de reuniones donde nos esperaba parte del equipo comercial.
Allí nos explicaron, de manera general, cómo pretendían introducir la colección en distintos mercados europeos y qué papel podrían desempeñar las boutiques independientes dentro de la estrategia.
La conversación resultó interesante, aunque Adrián fue quien asumió la mayor parte de las preguntas relacionadas con la distribución y las campañas online.
Dante intervino para aclarar algunos aspectos y nos aseguró que tendríamos tiempo de estudiar las condiciones antes de tomar ninguna decisión.
—Lo importante es que conozcáis el producto y comprobéis si encaja con vuestra manera de trabajar —nos explicó—. No quiero que os sintáis presionados. Una colaboración de este tipo solo funciona cuando ambas partes están convencidas.
Carmina le agradeció aquellas palabras y reconoció que la colección le estaba gustando mucho más de lo que esperaba.
—¡Y eso que venía con unas expectativas altísimas! —añadió, provocando las risas de varios asistentes.
La reunión terminó poco después de las seis. Dante nos acompañó hasta una pequeña zona de descanso donde nos ofrecieron café y refrescos, y aprovechó para preguntarnos qué nos había parecido la visita.
Adrián comenzó a explicarle algunas ideas que se le habían ocurrido para presentar las prendas en nuestras redes sociales.
Carmina intervino para destacar la calidad de los tejidos y la variedad de diseños, mientras yo comenté que me había gustado especialmente el interés por adaptar los patrones a diferentes tipos de cuerpo.
—Me alegra mucho escuchar eso —me respondió Dante—. Francesca también me ha comentado que vuestra conversación le ha resultado muy útil.
—Ha sido encantadora —admití—. Y me ha sorprendido que quisiera conocer mi opinión sobre los diseños.
—Pues tendrás que acostumbrarte. Aquí valoramos mucho las observaciones de quienes conocen a las consumidoras.
Carmina aprovechó para contarle que, en nuestra boutique, muchas clientas acudían buscando consejo y terminaban confiando en nuestras recomendaciones incluso cuando inicialmente tenían otra idea.
Dante la escuchó con interés y después nos explicó que aquella noche no teníamos ningún compromiso profesional obligatorio. Nos había reservado la posibilidad de cenar juntos, si nos apetecía, aunque también entendería que prefiriéramos descansar después del viaje.
—Me encantaría enseñaros uno de mis restaurantes favoritos —nos propuso—. Pero no quiero que os sintáis obligados. Ha sido un día largo.
Carmina abrió mucho los ojos.
—Dante, ¡por favor! ¡Después de todo lo que nos has enseñado, cómo vamos a rechazar una cena contigo!
Adrián sonrió y aseguró que estaríamos encantados de acompañarlo. Yo también acepté, aunque empezaba a notar el cansancio del viaje y agradecí que nuestro anfitrión nos ofreciera tiempo para regresar al hotel y cambiarnos antes de salir.
—Perfecto —concluyó Dante—. Entonces os enviaré los detalles y organizaré un coche para recogeros. Mientras tanto, descansad un poco y disfrutad del hotel.
Nos acompañó hasta el vestíbulo y se despidió de nosotros con la misma cordialidad con la que nos había recibido. Antes de que saliéramos, se volvió hacia mí.
—Kyra, espero que hayas disfrutado de la visita.
—Muchísimo. Ha sido fascinante conocer todo el trabajo que hay detrás de una colección.
—Me alegra. Y espero que mañana podamos seguir hablando de algunas de las ideas que has comentado con Francesca.
Asentí, todavía sorprendida por el interés que mostraba en mis opiniones.
—Por supuesto.
Dante sonrió y se despidió de los tres antes de regresar al interior del edificio.
Cuando nos acomodamos en el coche que nos llevaría al hotel, Adrián soltó un suspiro exagerado y se volvió hacia nosotras.
—Bueno, chicas, ¿qué os ha parecido nuestro anfitrión?
—¡Maravilloso! —respondió Carmina sin vacilar—. ¡Y la colección me ha encantado!
Mi primo asintió, aunque enseguida adoptó una expresión de fingida tristeza.
—Pues a mí también me ha gustado mucho todo, pero sigo esperando mis flores. No quiero parecer exigente, aunque empiezo a sospechar que Dante Valdieri tiene algo personal contra los hombres guapos.
Carmina comenzó a reírse.
—¡Ay, hijo, no seas tonto! ¡Que te ha regalado una corbata preciosa!
—¡Una corbata, tía! ¡Una corbata! A vosotras os recibe con ramos de flores y cumplidos, y a mí me entrega documentos comerciales. ¡Así no se puede competir!
—Pues la próxima vez le pedimos que te reciba con una docena de rosas —le ofrecí.
Adrián me rodeó los hombros con una sonrisa.
—No, prima, ahora ya no las quiero. Los detalles tienen que salir del corazón.
Continuamos riéndonos mientras el coche se incorporaba al tráfico de Milán.
Había sido una tarde extraordinaria y todavía nos quedaban muchas cosas por descubrir, aunque empezaba a comprender que Dante Valdieri no solo era un empresario brillante, sino también un anfitrión capaz de conseguir que sus invitados se sintieran importantes.
Y, aunque intenté restarle importancia, no pude evitar recordar que durante toda la visita había buscado mi opinión con una frecuencia que seguía sorprendiéndome.