Capítulo 11 #2
—Aquí es donde comienza buena parte de nuestro trabajo —nos explicó Dante—. Cada colección requiere meses de investigación, pruebas y ajustes. No se trata únicamente de diseñar prendas bonitas, sino de conseguir que funcionen cuando llegan a las tiendas.
Una mujer de unos cuarenta años, de cabello oscuro cortado a la altura de la mandíbula y vestido negro de líneas sencillas, se acercó para saludarnos. Dante nos la presentó como Francesca, directora creativa de la nueva colección femenina.
—Francesca lleva más de diez años trabajando conmigo —nos explicó—. Y tiene la virtud de decirme que estoy equivocado incluso cuando todos los demás prefieren darme la razón.
La diseñadora soltó una carcajada.
—Alguien tiene que hacerlo, Dante. Si dependiera de ti, todas las chaquetas tendrían bolsillos imposibles y costarían lo mismo que un riñón en el mercado negro.
—Eso es una exageración.
—Solo un poco.
Carmina se rio y comenzó a hacerle preguntas sobre los tejidos que utilizaban.
Francesca nos mostró varias muestras y explicó que la nueva colección pretendía ofrecer prendas de buena calidad a precios más accesibles, utilizando procesos de producción eficientes y diseños que pudieran mantenerse vigentes durante varias temporadas.
—Queremos alejarnos de la idea de comprar algo para utilizarlo dos veces y olvidarlo después —nos comentó—. Estamos trabajando con piezas que puedan combinarse entre sí y adaptarse a diferentes momentos del día.
Me acerqué a una mesa donde habían colocado varias muestras de tejidos y examiné una de ellas. Era suave, tenía una caída preciosa y un grosor que me pareció adecuado para confeccionar pantalones de entretiempo.
—¿Este tejido lo vais a utilizar para pantalones? —le pregunté a Francesca.
—Sí. Estamos preparando dos modelos con él. Uno de corte recto y otro ligeramente más amplio.
—Tiene muy buena caída. Creo que puede funcionar estupendamente, sobre todo si no se arruga demasiado.
Francesca sonrió.
—Precisamente estamos haciendo pruebas para mejorar su resistencia a las arrugas. ¿Trabajas directamente con las clientas de la boutique?
—Sí, todos los días.
—Entonces me interesa mucho tu opinión. ¿Qué es lo que más suelen pedirte cuando buscan pantalones?
Le expliqué que muchas mujeres querían modelos favorecedores, pero también cómodos, con cinturas que no apretaran demasiado y tejidos que conservaran su forma después de varias horas.
Francesca escuchó mis comentarios con interés y comenzó a hacerme preguntas sobre tallas, largos y preferencias de nuestras clientas.
Dante se acercó mientras hablábamos y permaneció unos minutos escuchando la conversación. Cuando Francesca nos mostró uno de los prototipos, me pidió que examinara el corte y le dijera qué impresión me producía.
—Me gusta mucho —admití—. Aunque quizás probaría una cintura un poco más alta. Muchas clientas se sienten más cómodas con ese tipo de pantalón.
La diseñadora asintió y tomó una nota en su cuaderno.
—Es una observación interesante. Vamos a revisarlo.
Aquello me sorprendió. No esperaba que una profesional de semejante experiencia prestara tanta atención a mis comentarios, y mucho menos que considerara modificar un diseño después de escuchar una sugerencia mía.
—No quiero que penséis que estoy criticando vuestro trabajo —aclaré, algo avergonzada.
Francesca sonrió con amabilidad.
—Al contrario, Kyra. Nos interesa conocer la opinión de personas que trabajan directamente con las consumidoras. Los diseñadores podemos enamorarnos de una prenda, pero eso no significa que siempre resulte práctica.
Dante intervino entonces.
—Precisamente por eso quería que vinieras. Durante nuestra primera conversación me gustó mucho tu manera de entender la moda.
Lo miré, sorprendida por aquella observación.
—Gracias. Aunque tampoco soy ninguna experta.
—Conoces a tus clientas y sabes escuchar lo que necesitan. Eso tiene mucho valor.
Adrián, que había estado examinando varios bocetos junto a Carmina, se acercó para participar en la conversación. Comenzó a preguntar por los colores que habían seleccionado y por la posibilidad de presentar las prendas mediante vídeos cortos, además de los directos que ya organizábamos.
Francesca nos mostró entonces un panel con la gama cromática de la colección: tonos tierra, azul petróleo, verde oliva, burdeos y varios colores neutros que podían combinarse entre sí.
Carmina se entusiasmó especialmente con una chaqueta de color mostaza y comenzó a imaginar diferentes conjuntos para nuestras clientas.
—¡Esta se vendería estupendamente en la boutique! —aseguró—. ¡Y con unos pantalones negros quedaría preciosa!
Dante sonrió.
—Entonces tendremos que reservarte algunas unidades cuando llegue el momento.
—¡No me tientes, que soy capaz de llevármelas todas!
Continuamos recorriendo el departamento creativo y visitamos una pequeña sala donde se realizaban pruebas de vestuario.
Había varios maniquíes de diferentes tallas y un espejo de grandes dimensiones frente al que Francesca nos explicó cómo comprobaban el ajuste de las prendas antes de aprobar los modelos definitivos.
Me interesó especialmente descubrir que estaban ampliando la variedad de tallas y revisando determinados patrones para mejorar la comodidad.
Dante nos explicó que aquella decisión formaba parte de la filosofía de la nueva colección y que pretendían evitar que las mujeres tuvieran que renunciar a ciertos diseños por no ajustarse a las medidas habituales de la firma.
—Queremos que la ropa se adapte a las mujeres, no que las mujeres tengan que adaptarse a la ropa —resumió.
Carmina aplaudió, encantada.
—¡Eso es exactamente lo que llevo diciendo toda la vida!
Dante se volvió hacia ella con una sonrisa.
—Entonces estamos de acuerdo en algo fundamental.
La visita continuó con una breve presentación de algunos prototipos que todavía no podían fotografiarse.
Francesca nos mostró vestidos de punto, pantalones de diferentes cortes, blusas de tejidos suaves y varias chaquetas ligeras que me parecieron especialmente interesantes.
Aunque todavía no conocíamos los precios definitivos, Dante nos explicó que la intención era situarlos en una franja accesible para una clientela más amplia que la habitual de Valdieri Milano.
Adrián tomó numerosas notas y comenzó a plantear ideas para futuras campañas digitales.
Carmina, por su parte, se dedicó a examinar las prendas con una atención extraordinaria, preguntando por las costuras, los forros y los acabados.
Yo terminé participando en varias conversaciones con Francesca, que parecía disfrutar contrastando sus decisiones con nuestra experiencia diaria en la boutique.