Capítulo 10 #3
Me enseñó un pañuelo de seda en tonos coral y verde oliva, acompañado de una tarjeta de bienvenida. Adrián apareció detrás de ella con una caja más pequeña que contenía una corbata de seda azul marino.
—Parece que nuestro anfitrión tiene un gusto excelente —comentó mi primo mientras examinaba el regalo—. Y sabe perfectamente cómo ganarse a una familia que trabaja en moda.
Carmina entró en mi habitación y comenzó a contemplarlo todo con una admiración que me hizo reír.
—¡Pero qué maravilla! ¡Y mira qué vistas! ¡Ay, hija, si es que este hombre nos está tratando de una manera extraordinaria!
Adrián consultó el programa que acababan de enviarnos desde la recepción.
—Tenemos la primera visita esta tarde. A las cuatro vendrá un coche a recogernos para llevarnos a las instalaciones de Valdieri Milano. Nos enseñarán parte de la empresa y podremos conocer al equipo que está trabajando en la nueva colección.
—¿Y Dante estará allí? —preguntó Carmina.
—Sí. Según el programa, nos recibirá personalmente.
Ella sonrió con satisfacción.
—¡Pues estupendo! ¡Así podremos agradecerle estos regalos!
Adrián nos recordó que todavía teníamos tiempo para almorzar, descansar un poco y cambiarnos antes de la visita. Decidimos pedir algo ligero en el hotel, porque ninguno quería llegar a la reunión después de una comida demasiado abundante.
Almorzamos en uno de los restaurantes del establecimiento, donde nos sirvieron unas ensaladas, pasta fresca y café.
Carmina aprovechó para comentar las fotografías que había tomado durante el trayecto desde el aeropuerto y comenzó a elaborar una lista de lugares que quería visitar durante nuestros ratos libres.
Adrián le prometió que intentaríamos organizar una tarde de compras, aunque insistió en que debíamos respetar los compromisos profesionales.
Después regresamos a nuestras habitaciones para prepararnos. Elegí un pantalón de vestir color marfil, una blusa azul claro y una americana entallada que había llevado especialmente para las reuniones.
Me solté el cabello, lo peiné con cuidado y me maquillé de manera discreta. Antes de salir, decidí anudarme al cuello el pañuelo que Dante me había regalado, porque sus colores combinaban perfectamente con el conjunto.
Cuando Adrián llamó a mi puerta, me examinó con una sonrisa de aprobación.
—Prima, estás espectacular.
—Gracias. ¿Crees que es demasiado formal?
—Vamos a visitar una firma de moda italiana. Aquí nunca se está demasiado elegante.
Carmina apareció unos segundos después con un traje de pantalón color verde oscuro, una blusa de seda marfil y el pañuelo que había recibido aquella mañana colocado sobre los hombros. Llevaba unos pendientes plateados y unos zapatos de tacón que le conferían una elegancia extraordinaria.
—¡Bueno! —exclamó al vernos—. ¡Pues ya estamos preparados para conquistar Milán!
Adrián se acercó para darle un beso.
—Tía, recuerda que vamos a conocer una colección, no a comprar la empresa.
—Hijo, ¡qué poca ambición tienes!
Bajamos al vestíbulo unos minutos antes de las cuatro. Mientras esperábamos, observé a los huéspedes que entraban y salían del hotel, muchos de ellos vestidos con una elegancia que parecía formar parte de su vida cotidiana.
Había hombres de negocios con trajes impecables, mujeres que arrastraban pequeñas maletas de firmas conocidas y parejas que conversaban en distintos idiomas mientras esperaban a los empleados de recepción.
A las cuatro en punto, un conductor se acercó a nosotros y nos saludó en español.
—Buenas tardes. Soy Marco y vengo de parte del señor Valdieri. El vehículo está preparado para llevarlos a nuestras instalaciones.
Adrián le estrechó la mano y Carmina aprovechó para preguntarle si Dante nos esperaba allí.
—Sí, señora. El señor Valdieri estará encantado de recibirlos. Me ha pedido que los lleve directamente a la sede de la firma.
Salimos del hotel y encontramos otra berlina negra estacionada junto a la entrada. Marco abrió las puertas y nos ayudó a acomodarnos, mientras Adrián comprobaba que llevaba el teléfono, la tableta y los documentos que había preparado para la reunión.
Me senté junto a la ventanilla y coloqué el bolso sobre las rodillas. Carmina ocupó el asiento central y Adrián se acomodó al otro lado, todavía revisando el programa de la visita.
—¡Qué emoción! —exclamó ella mientras se ajustaba el pañuelo—. ¡Vamos a conocer por fin la famosa colección!
Adrián levantó la vista de la tableta y sonrió.
—Y a ver cómo trabaja una de las firmas de moda más interesantes de Italia. Aprovechad para preguntar todo lo que queráis, porque una oportunidad así no se presenta todos los días.
Marco cerró la última puerta, rodeó el vehículo y ocupó su asiento al volante. Mientras ponía el motor en marcha, contemplé a mis dos compañeros de aventura, tan ilusionados como yo, y pensé en lo improbable que habría resultado imaginar aquella escena apenas unas semanas antes.
Carmina me apretó la mano con una sonrisa.
—¿Preparada, cariño?
—Preparada.
El coche se incorporó al tráfico de Milán y nos acomodamos en los asientos, dispuestos a descubrir qué había preparado Dante Valdieri para nosotros.