Capítulo 7 #3
—Entonces tendremos que procurar que disfrutes de la visita —le respondió él, divertido—.
Me encargaré de organizar el viaje y el alojamiento.
Naturalmente, no quiero que os sintáis comprometidos a aceptar ninguna propuesta comercial por el hecho de venir.
Mi intención es que conozcáis el proyecto y podamos valorar las posibilidades de colaboración.
—Es un ofrecimiento muy generoso —comentó Adrián—. Nos encantaría participar.
Dante volvió a mirarme.
—¿Y tú, Kyra? ¿Te apetecería conocer Milán? ¿O también has estado en alguna ocasión?
La pregunta me sorprendió. Había permanecido escuchando la conversación con una mezcla de entusiasmo e incredulidad, intentando imaginar qué supondría viajar a Italia para conocer una colección antes de que llegara al mercado.
—Muchísimo —admití—. Nunca he estado allí.
—Entonces espero que podamos solucionarlo pronto.
Su sonrisa me hizo bajar la vista hacia la copa, aunque conseguí responderle con otra antes de que Carmina aprovechara para intervenir.
—¡Pues ya está decidido! ¡Nos vamos a Milán! ¡Ay, madre mía, qué ilusión! ¡Voy a tener que comprarme ropa nueva!
Adrián comenzó a reírse.
—Tía, tienes una tienda entera.
—¡Precisamente por eso! ¡No puedo ir a la capital de la moda con cualquier cosa!
Dante soltó una carcajada y nos aseguró que su equipo nos enviaría los detalles del viaje durante los próximos días. Después continuamos hablando de la colección, de las posibilidades de distribución y de las campañas digitales que podrían acompañar su lanzamiento.
La cena terminó bastante más tarde de lo previsto. Dante resultó un anfitrión extraordinario, atento a nuestras preferencias y capaz de mantener una conversación interesante sin convertirla en una interminable reunión de negocios.
Preguntó a Carmina por la historia de la boutique, escuchó con interés las explicaciones de Adrián sobre las redes sociales y, en varias ocasiones, me pidió mi opinión sobre cuestiones relacionadas con las clientas y las prendas.
Cuando nos levantamos para despedirnos, el empresario nos acompañó hasta la entrada del hotel.
—Ha sido un verdadero placer pasar la velada con vosotros —nos aseguró—. Espero que podamos repetir pronto.
—¡Por supuesto! —respondió Carmina—. Y la próxima vez tienes que venir a la boutique. Don Vito se va a enfadar muchísimo cuando se entere de que has estado en San Sebastián y no has ido a saludarlo.
Dante comenzó a reírse.
—Entonces tendré que organizar una visita antes de marcharme. No quisiera tener problemas con vuestro director financiero.
Se despidió de Adrián con un abrazo y después se volvió hacia mí.
—Kyra, me ha encantado conversar contigo. Espero que disfrutes mucho de Milán.
—Muchas gracias por invitarnos. Ha sido una cena estupenda.
—El placer ha sido mío.
Me ofreció una sonrisa cálida antes de despedirse de Carmina, que aprovechó para recordarle que debía avisarnos cuando regresara a España.
Cuando finalmente salimos del hotel, Adrián se volvió hacia nosotras con una expresión de entusiasmo que no consiguió disimular.
—Bueno, ¿qué os ha parecido?
Carmina soltó un suspiro exagerado.
—¡Que ese hombre es una maravilla! ¡Qué educación, qué elegancia, qué manera de tratar a las personas! ¡Y encima nos invita a Milán!
—La propuesta es muy interesante —reconocí—. Si la colección tiene la calidad que promete, podría encajar perfectamente con nuestra boutique.
Adrián asintió.
—Y lo mejor es que parece dispuesto a trabajar con nosotros de verdad. No nos ha ofrecido simplemente comprar unas cuantas prendas, sino participar en el lanzamiento y estudiar una colaboración a largo plazo.
Carmina nos escuchó durante unos segundos antes de sonreír con picardía.
—Pues yo tengo otra cosa que decir.
—A ver, tía —suspiró Adrián.
—Que Dante Valdieri es uno de los hombres más atractivos que he conocido en mi vida.
Mi primo soltó una carcajada.
—¡Por una vez estamos completamente de acuerdo!
—¡Y tú, Kyra, has estado muy calladita! —añadió Carmina, volviéndose hacia mí—. ¿No te parece guapísimo?
—Es un hombre atractivo, sí.
—¡Un hombre atractivo, dice! ¡Como si estuviéramos hablando del farmacéutico de la esquina!
Adrián me rodeó los hombros mientras comenzábamos a caminar.
—Prima, tienes que reconocer que el italiano juega en otra liga. Y no me refiero solamente a su cuenta corriente.
—¿Podemos hablar de la colección? —protesté, riéndome.
—¡Claro que podemos! —respondió Carmina—. ¡Pero primero déjanos disfrutar un poquito de las vistas!
Continuamos caminando entre bromas, todavía emocionados por aquella invitación inesperada. No sabía qué nos esperaba en Milán ni si la colaboración llegaría a concretarse, pero tenía la impresión de que nuestra pequeña boutique estaba a punto de entrar en una etapa completamente distinta.
Y, aunque todavía no había motivos para pensar que Dante Valdieri fuera a ocupar un lugar importante en mi vida, aquella noche regresé a casa recordando su sonrisa, su voz y la atención con la que había escuchado mis opiniones.
Quizás porque no estaba acostumbrada a que un hombre de su posición se interesara tanto por lo que tenía que decir.
O quizás porque, después de cinco años sin fijarme verdaderamente en nadie, empezaba a descubrir que algunas personas podían despertar mi curiosidad sin que yo hubiera hecho absolutamente nada por buscarlo.