Lo nuestro no venía en el contrato Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

—Que haga sentirse bien a quien la lleva —respondí—. No necesariamente más guapa que otra persona ni más joven ni más delgada. Simplemente bien consigo misma. Creo que cuando una mujer se siente cómoda y favorecida con lo que lleva puesto, se nota en su manera de caminar y de comportarse.

Dante me escuchó sin interrumpirme y, cuando terminé, sonrió.

—Es una respuesta excelente, Kyra. Muchas gracias.

Carmina me dio un pequeño codazo, orgullosísima, mientras Adrián fingía limpiarse una lágrima de emoción.

—¡Qué bonita es mi niña! —exclamó su tía—. ¡Y pensar que hace unos días no quería ni ponerse delante de un teléfono!

—Carmina, por favor...

—¡Pero si estoy diciendo la verdad!

Dante volvió a reírse y consultó brevemente su reloj.

—Me temo que tengo que despedirme. Ha sido un verdadero placer conoceros. Me habéis confirmado que vuestra boutique tiene algo muy especial, y espero que podamos encontrar una manera de trabajar juntos.

—¡El placer ha sido nuestro! —le aseguró Carmina—. Y si alguna vez vienes a San Sebastián, estás invitado a visitarnos. Eso sí, tendrás que conocer a Don Vito en persona.

—Será un honor —respondió él con una sonrisa—. Aunque quizás deba llevarle algún regalo para ganarme su confianza.

—¡Jamón! —exclamamos Adrián y yo al mismo tiempo.

Dante soltó una carcajada.

—Lo dejo apuntado. Buona notte , y muchas gracias por vuestro tiempo.

Nos despedimos y Adrián cerró la videollamada. Durante unos segundos permanecimos sentados frente al ordenador, hasta que Carmina soltó un suspiro exagerado y se llevó una mano al pecho.

—¡Madre mía, qué hombre!

Adrián comenzó a reírse.

—Tía, por favor, que acabamos de terminar una reunión de negocios.

—¡Y qué negocios, hijo! ¡Qué educación, qué elegancia, qué manera de hablar! ¡Y esos ojos! ¿Os habéis fijado en esos ojos?

—Yo me he fijado en que nos ha hecho preguntas muy interesantes —le comenté mientras me levantaba para recoger los vasos de agua.

—¡Pues yo me he fijado en todo! —replicó Carmina—. Y te aseguro que ese italiano tiene un atractivo extraordinario.

Adrián se acomodó en el sofá con una sonrisa divertida.

—Pues en eso tengo que darte la razón, tía. Ese hombre está para ponerle un monumento en la plaza del Duomo.

—Y tú, Kyra, ¡qué calladita has estado! —me reprochó Carmina—. ¡Con lo simpático que era!

—He respondido a todas sus preguntas.

—Sí, cariño, pero estabas tan nerviosa que pensé que ibas a pedirle permiso para respirar.

—Es un empresario importante y no estoy acostumbrada a hablar con personas así.

Adrián se levantó para ayudarme a recoger el ordenador.

—Pues lo has hecho estupendamente, prima. Además, me ha parecido curioso que te preguntara tantas cosas sobre tu manera de entender la moda.

—Será porque soy quien presenta las prendas —le respondí, restándole importancia.

—Puede ser —admitió, aunque su expresión sugería que estaba considerando otras posibilidades—. En cualquier caso, creo que hemos causado una impresión excelente.

Carmina recogió a Don Vito, que ya había recuperado su sombrero después de quitárselo durante la reunión, y le dio un beso en la cabeza.

—¡Pues claro que sí! ¡Con este equipo no podemos fracasar! Aunque, si te digo la verdad, estoy deseando que ese hombre venga a visitarnos. Me encantaría conocerlo en persona.

—Primero tendremos que ver qué propone —le recordó Adrián—. No sabemos todavía si busca una colaboración puntual, una campaña o algo más importante.

—Pues que proponga lo que quiera, cariño. Mientras sea un negocio honrado y nos permita seguir vendiendo ropa, yo encantada.

Me acerqué al escaparate para comprobar que las luces estaban apagadas y contemplé durante unos segundos la calle, donde varias personas caminaban bajo una lluvia fina.

La reunión había resultado mucho más agradable de lo que esperaba, aunque seguía sorprendida por la atención que Dante había dedicado a mis opiniones. No estaba acostumbrada a que alguien de su posición se interesara tanto por lo que pensaba una dependienta de una pequeña boutique.

Cuando regresé junto a ellos, Carmina continuaba comentando las virtudes del empresario italiano, mientras Adrián buscaba información sobre las últimas campañas de Valdieri Milano.

—Por cierto, prima —me comentó al enseñarme una fotografía de Dante durante un evento de moda—, reconozco que tienes un gusto excelente para ponerte nerviosa delante de los hombres.

—¡Adrián!

—¿Qué? Solo estoy diciendo que, puestos a pasar vergüenza, al menos has elegido a uno que merece la pena mirar.

Carmina soltó una carcajada tan sonora que Don Vito se sobresaltó en sus brazos.

—¡Hijo, qué razón tienes! ¡Este italiano nos va a dar muchas alegrías!

Negué con la cabeza, divertida, mientras comenzábamos a recoger nuestras cosas para marcharnos. Aquella noche todavía no sabía si Dante Valdieri volvería a ponerse en contacto con nosotros ni qué clase de colaboración tenía en mente.

Lo que sí sabía era que había conseguido despertar nuestra curiosidad y que, por primera vez desde que Adrián nos propuso vender ropa a través de las redes sociales, empezaba a comprender que aquella aventura podía llevarnos mucho más lejos de lo que habíamos imaginado.