Lo nuestro no venía en el contrato Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Noté que Adrián me observaba con curiosidad. La pregunta me pareció algo más complicada, sobre todo porque estaba hablando con el propietario de una firma cuyas campañas utilizaban precisamente ese tipo de imágenes.

—No creo que tengan nada de malo —respondí después de pensarlo unos segundos—. Las fotografías suelen ser preciosas y entiendo que forman parte de la imagen de una marca. Pero también creo que muchas mujeres agradecen ver cómo queda la ropa en personas que se parecen más a ellas.

—¿Por ejemplo?

—Pues mujeres de distintas edades, alturas y complexiones. Alguien puede enamorarse de un vestido al verlo en una modelo de un metro ochenta, pero después necesita saber cómo le quedará a ella. Por eso me gusta enseñar las prendas puestas, moverme con ellas y explicar cómo son los tejidos.

Dante sonrió con una expresión de satisfacción que me hizo pensar que mi respuesta le había parecido acertada.

—Estoy completamente de acuerdo contigo.

Carmina aprovechó para intervenir.

—¡Y eso que Kyra no quería salir en los directos! ¡Tuvimos que convencerla entre los dos porque decía que se moría de vergüenza!

—¿De verdad? —me preguntó Dante, divertido.

—Sí —admití, sintiendo que volvía a ruborizarme—. No estoy acostumbrada a que me graben.

—Pues resulta curioso, porque delante de la cámara transmites mucha tranquilidad.

—Eso es porque no se ven mis manos —bromeé—. El primer día estaba tan nerviosa que casi no conseguía abrocharme los botones de una blusa.

Dante soltó una carcajada franca que terminó relajándome un poco.

—Entonces tendré que felicitar también a Adrián por su trabajo detrás de la cámara.

—¡Eso llevo intentando explicarles desde que empezamos! —intervino mi primo—. Pero aquí todo el mérito se lo llevan ellas y el perro.

—Cierto, ¿dónde lo tenéis? —le preguntó Dante.

Carmina abrió mucho los ojos.

—¡Por Dios! ¡Que no te hemos presentado a Don Vito!

Antes de que pudiéramos impedirlo, se inclinó para recoger al carlino, que dormitaba a sus pies, y lo levantó hasta situarlo frente a la cámara. El animal llevaba el sombrerito negro ligeramente ladeado y una pajarita de terciopelo burdeos que Adrián había comprado especialmente para la ocasión.

—Este es Don Vito, nuestro director financiero —anunció Carmina con orgullo—. Hoy estrena sombrero porque también quería estar elegante para conocerte.

Dante comenzó a reírse al contemplar al perro.

—¡Madonna mia! ¡Pero si parece un auténtico mafioso!

—¡Exactamente! —celebró Carmina—. Por eso se llama Don Vito. Aunque te advierto que es bastante más peligroso delante de un plato de jamón que de una caja fuerte.

El empresario se inclinó hacia la cámara para observarlo mejor.

—Me parece un personaje extraordinario. ¿Va a participar en todos los directos?

—Siempre que le apetezca —respondí—. Aunque suele cobrar sus intervenciones en comida.

—Entonces es un profesional muy exigente.

—¡Y carísimo! —añadió Carmina—. No sabes lo que cuesta mantenerlo. Además, tiene un apetito que no es normal.

Don Vito decidió que ya había soportado suficiente protagonismo y comenzó a retorcerse en brazos de su dueña hasta conseguir que lo dejara en el suelo. Después se dirigió hacia su cuenco de agua, provocando otra carcajada de Dante.

—Creo que acaba de dar por terminada su participación en la reunión.

—Es que tiene una agenda muy apretada —le explicó Carmina—. Entre comer, dormir y vigilar la cocina, apenas le queda tiempo libre.

La conversación continuó durante casi una hora. Dante nos explicó que Valdieri Milano estaba estudiando nuevas fórmulas para acercar sus colecciones femeninas a un público más amplio, especialmente en España, donde pretendía reforzar su presencia durante los próximos meses.

Le interesaba conocer pequeños negocios con una identidad definida, capaces de ofrecer un trato cercano y de conectar con las clientas más allá de las campañas publicitarias tradicionales.

—No quiero adelantarme demasiado —nos explicó—, pero estamos preparando un proyecto que podría encajar muy bien con vuestra manera de trabajar. Me gustaría estudiar algunas posibilidades de colaboración y, si os parece bien, mantener el contacto durante las próximas semanas.

—¡Por supuesto! —respondió Carmina, entusiasmada—. Nos encantará conocer tus propuestas.

—Antes de concretar nada, necesitaría revisar algunos datos comerciales y conocer mejor vuestra estructura —añadió, dirigiéndose a Adrián—. Podemos organizar una segunda reunión cuando mi equipo haya estudiado la información.

Mi primo asintió y comenzó a tomar notas de los documentos que debía preparar. Dante aprovechó entonces para formularme otra pregunta.

—Kyra, ¿puedo preguntarte algo más?

—Claro.

—Si tuvieras que elegir una sola cualidad para una colección femenina, ¿cuál sería?

Me sorprendió la pregunta y tardé unos segundos en responder. Había muchas características que consideraba importantes, pero terminé pensando en las mujeres que acudían a nuestra boutique buscando una prenda especial.