La última soltera del grupo Capítulo 9 — Asiento Delantero #2
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Capítulo 9 — Asiento Delantero #2

—También parece disfrutar muchísimo de no tenerlos alrededor diez días.

—También normal.

—Me gusta que no conviertas contradicciones en diagnósticos.

Martín apoyó los codos sobre las rodillas.

—Trabajo con grupos. Si diagnosticara cada contradicción acabaría sin pasajeros.

—¿Y tú? ¿Echas de menos algo de la vida de antes?

—Ya te dije que diseñar, a veces.

—Me refiero al matrimonio.

La pregunta quedó entre ambos con bastante más intimidad de la que Claudia había previsto. Martín tardó un momento.

—Echo de menos tener historia compartida con alguien. Llegar a una cena y que una mirada baste para saber que los dos queréis iros. Saber qué compra cuando está enfermo. Que alguien conozca a tu familia sin presentación previa.

Claudia giró la botella entre las manos.

—Eso sí lo entiendo.

—¿Tú qué echas de menos cuando estás soltera?

Ella pensó en responder que nada, por reflejo. La frase ya estaba casi preparada. La dejó ir.

—Tener a quién contarle cosas pequeñas sin pensar si merecen un mensaje. Una señora que se ha colado en el supermercado. Una frase horrible de un cliente. Una serie que me ha dado rabia.

—Tienes cuatro amigas.

—Sí, pero es distinto. Con ellas tengo cuatro conversaciones paralelas y tres tardan horas porque hay niños, trabajos y vidas.

Martín asintió.

—¿Y qué no echas de menos de estar en pareja?

Claudia sonrió.

—Negociar cenas. Fingir interés por familias políticas en Navidad. Dormir con alguien que pone ocho alarmas. Que me pregunten a qué hora vuelvo sin mala intención y aun así me moleste.

—Tengo una alarma.

—Buen dato.

—Y cocino.

—Eso suena a ficha de Marta.

—Retiro declaración.

Claudia rió.

Marta apareció desde la esquina justo a tiempo para verlos sentados juntos.

—No voy a decir nada —anunció.

—Ni siquiera hemos preguntado —dijo Claudia.

—Estoy demostrando crecimiento.

—Hazlo en silencio.

Marta se llevó dos dedos a los labios y siguió caminando.

Martín esperó a que se alejara.

—Me gusta vuestra versión de la discreción.

—Dieciocho años de perfeccionamiento.

A la hora de comer, Martín terminó en otra mesa porque el restaurante había distribuido al grupo en dos zonas y faltaban sillas. Claudia se sentó con Eva, Nuria y Dani.

Claudia se repitió durante cinco minutos que daba igual tener a Martín en otra mesa. Al sexto levantó la vista para localizarlo.

Martín hablaba con Irene y Javier en la mesa de atrás. Parecía entretenido. Claudia volvió a su plato.

—¿Qué tal el trabajo de freelance? —preguntó Nuria.

La conversación la obligó a dejar de vigilar una mesa que no tenía motivo alguno para vigilar. Explicó cómo funcionaban sus encargos, los meses buenos y los que parecían organizarse para que todos los clientes pagaran tarde a la vez.

Dani trabajaba en producción audiovisual y compartió una teoría según la cual cualquier profesión creativa acababa convirtiéndose en perseguir facturas.

—Yo pensé que ser autónoma significaba libertad —dijo Claudia.

—La tienes —respondió Dani—. Eres libre de trabajar un domingo.

Eva se rió.

—Eso se parece bastante a tener hijos.

—Tú no puedes desgravar a los tuyos —dijo Claudia.

—No me provoques, que lo he intentado.

La charla siguió hacia trabajos, mudanzas y ciudades. Nuria contó que ella y Dani habían vivido separados un año por una oportunidad laboral y que casi todos sus amigos daban por hecho que la relación terminaría.

—Fue pesado —dijo—. No la distancia. La gente preguntándonos cada dos semanas si seguíamos bien.

Claudia dejó el tenedor.

—Eso debe de ser agotador.

—Muchísimo. Había días malos, claro. Pero que existieran días malos no significaba que hubiera que tomar una decisión definitiva.

Dani asintió.

—Al final volvió ella. Podría haber vuelto yo. Se dio así.

Claudia miró a Eva. Su amiga jugueteaba con la servilleta.

—¿Y nunca os dio miedo estar cediendo demasiado? —preguntó Eva.

Nuria pensó.

—Todo el tiempo. Por eso hablábamos mucho de qué quería cada uno aparte de la relación. Suena poco romántico, pero nos salvó de acumular facturas emocionales.

—Facturas emocionales —repitió Claudia—. Me lo quedo para un cliente.

—Te cobro.

Claudia sonrió, aunque la conversación se quedó trabajando por dentro. A unos metros, Martín se había levantado para ayudar a un camarero con una confusión en la cuenta. Lo vio revisar números, señalar algo y devolver el papel.

Le gustaba verlo en situaciones tan poco sexys y tardó en entender el motivo. Lo conocía precisamente ahí: horarios, mesas, cafés, maletas y gente que se olvidaba cosas. La intimidad del viaje estaba hecha de tareas.

Cuando terminaron de comer, Martín se acercó.

—¿Todo bien?

—Hemos hablado de facturas emocionales.

—Me he perdido lo mejor.

—No tanto. Dani intenta desgravar sentimientos.

—Eso explica la contabilidad creativa.

Eva se levantó con una sonrisa demasiado breve y fue al baño. Claudia siguió su movimiento con la vista.

—¿Le ocurre algo? —preguntó Martín en voz baja.

—Creo que sí, pero todavía no quiere contarlo.

—Entonces todavía no quiere contarlo.

Claudia lo miró.

—A veces eres irritantemente simple.

—Funciona con bastantes problemas.

—No con todos.

—Con ninguno importante. Pero evita empeorarlos mientras llegan.

Martín tuvo que marcharse enseguida porque Dani había olvidado una chaqueta. Claudia se quedó pensando en la frase mientras esperaba a Eva.

Le gustaba que él supiera cuándo una pregunta podía esperar.

Más tarde, durante la comida, Eva recibió una llamada y salió del restaurante. Volvió diez minutos después con gesto tenso.

—¿Los niños? —preguntó Lucía.

—Sí. Una cosa del colegio.

Claudia observó que no había mirado a nadie al responder.

Marta cambió de tema. Claudia guardó el detalle.

Durante esa misma comida, Claudia recibió un mensaje de Sergio con una fotografía de una camilla vacía.

SERGIO: He reservado hueco para tu lesión imaginaria.

CLAUDIA: Recuperación milagrosa.

SERGIO: Qué daño hacéis los pacientes a la profesión.

Ella estaba sonriendo cuando guardó el móvil.

Martín, sentado frente a ella, alcanzó a ver el nombre en la pantalla.