Dos
«Mira qué pena», dijo.
«¿Qué?»
«Una niña holandesa. Veinticuatro años. Se cayó en la ducha de un piso turístico en Ruzafa y se mató.»
«Ruzafa dónde.»
«No dice la calle. Dice cerca del mercado.»
Yo vivo cerca del mercado. Medio Valencia vive cerca de algún mercado. No le di importancia. Estaba rellenando una hoja de registro y tenía la letra torcida de sueño.
«Mira qué guapa era», dijo Rocío. «Mírala. Esta es la última foto que subió. El mismo sábado por la noche. Antes de salir.»
Me giró la pantalla.
Una chica rubia frente a un espejo. Pelo largo.
Una camiseta negra de tirantes. Los labios pintados de un rojo oscuro.
Sonreía con media boca como sonríen las chicas de su edad cuando se hacen fotos.
Sostenía el móvil a la altura del pecho.
Detrás de ella se veía una cortina de ducha blanca y una parte del suelo.
El suelo era verde y ocre. Tenía un dibujo de flores geométricas.
Me acerqué. Le quité el móvil a Rocío de la mano sin pedírselo.
«Eh», dijo ella.
Amplié la foto con dos dedos. La amplié más. La imagen se pixeló. No importaba. Ya lo había visto. En la esquina inferior derecha del espejo. Una línea fina en diagonal. Un rayo pequeño.
«Marta.»
«Espera.»
El marco era blanco. Madera pintada. Al lado del grifo había un vaso de cristal azul. Yo compré ese vaso en un mercadillo de Altea el verano antes de que naciera Alba. Tenía una burbuja atrapada en el cristal. Me gustaba por eso.
En la foto no se veía la burbuja. Pero el vaso era azul.
«Marta, ¿qué te pasa?»
Le devolví el móvil.
«Nada. Me ha parecido un baño que conozco.»
«Todos los pisos turísticos son iguales. Los decoran con la misma revista.»
«Ya.»
Me levanté. Fui al baño del personal. Me encerré. Me senté en la tapa del váter con la cabeza entre las rodillas como les decimos a los pacientes cuando se marean. Respiré por la nariz. Conté hasta diez. Conté hasta diez otra vez.
Pensé: hay muchas baldosas hidráulicas en Valencia. Es verdad. Hay miles. Están de moda. Los arquitectos jóvenes las rescatan de las casas viejas y las ponen en los pisos nuevos. Hay tiendas enteras que no venden otra cosa.
Pensé: hay muchos espejos con el marco blanco.
Pensé: hay muchos espejos rotos.
Luego dejé de pensar porque me llamaron por el busca.
Un hombre con una crisis de ansiedad que creía que se estaba muriendo.
Le tomé la tensión. Le puse la mano en el hombro.
Le dije que respirara despacio. Le dije que nadie se muere de esto.
Mientras se lo decía me temblaba la rodilla izquierda debajo de la mesa.
* * *
Busqué la noticia en el coche. A las ocho y doce. Con la calefacción puesta y el motor apagado.
El artículo era corto. Lo leí cuatro veces.
Diario del Turia · Sucesos
Muere una joven turista neerlandesa tras sufrir una caída en un apartamento de Ruzafa
Valencia. Jueves 9 de octubre.
Una joven de 24 años de nacionalidad neerlandesa fue hallada sin vida el pasado domingo en un apartamento turístico del barrio de Ruzafa. Según fuentes de la investigación, la joven sufrió una caída en el plato de ducha durante la madrugada del sábado al domingo y se golpeó la cabeza.
Fue el responsable de la gestión del inmueble quien encontró el cuerpo a media mañana durante la revisión posterior a la salida. Dio aviso de inmediato al 112. Los servicios sanitarios solo pudieron confirmar el fallecimiento.
El apartamento cuenta con licencia turística en vigor. La Policía Nacional descarta por el momento la intervención de terceras personas. La autopsia ha confirmado que la muerte se produjo por un traumatismo craneoencefálico compatible con la caída.
La joven, identificada como F. de W., viajaba sola. Había llegado a Valencia el viernes. Su familia ha llegado a la ciudad para hacerse cargo de la repatriación.
La víctima compartió en sus redes sociales una última imagen la noche del sábado. En ella aparece sonriente frente al espejo del baño poco antes de salir por el barrio.
Debajo estaba la foto. Más grande que en el móvil de Rocío. Más nítida.
Ahora sí vi la burbuja del vaso.
Me quedé mucho rato mirando a aquella chica.
Tenía pecas en los hombros. Un tatuaje pequeño en la muñeca.
Una golondrina o una flecha. No se distinguía.
Tenía cara de buena persona. Tenía cara de chica que da las gracias al camarero.
Detrás de ella la cortina de ducha estaba a medio correr y se veía el borde del plato.
Y en el borde del plato se veía una baldosa. La tercera de la segunda fila empezando por el desagüe.
Estaba entera.
* * *
No recuerdo el trayecto a casa. Recuerdo que aparqué mal. Recuerdo que no saludé al conserje del bloque de al lado que siempre me saluda. Recuerdo que el ascensor tardaba y que subí andando los cinco pisos y llegué arriba con el corazón en la garganta.
Marqué el código. Pitó tres veces. Luz verde.
Dani se había ido ya al hotel. Alba estaba en el colegio. El piso olía a café y a tostadas quemadas. En el fregadero estaban la taza de Dani y el plato de Alba con un trozo de corteza de pan. Alba no se come las cortezas.
Fui directa al baño.
Saqué el móvil. Abrí la foto del periódico. Me puse en el mismo sitio donde había estado ella. Frente al espejo. Un poco a la izquierda. Con el móvil a la altura del pecho.
Mi cara apareció en el espejo donde había estado la suya.
Pelo naranja recogido de cualquier manera.
Ojeras moradas. Un uniforme verde arrugado debajo del abrigo.
Una mujer de treinta y seis años que acababa de hacer un turno de noche.
Detrás de mí la misma cortina blanca. El mismo vaso azul con la misma burbuja.
El mismo rayo pequeño en la esquina del espejo.
Hice la foto.
Luego puse las dos imágenes una al lado de la otra en la pantalla. La de ella y la mía. Las miré hasta que se me nublaron los ojos.
Eran el mismo baño.
No había ninguna duda. Ninguna. Ni siquiera la duda pequeña que una se guarda para poder seguir viviendo.
El mismo baño. Mi baño. El baño donde baño a mi hija.
El baño donde lloré a escondidas cuando murió mi madre para que Dani no me oyera.
El baño donde una chica de Utrecht se había pintado los labios de rojo oscuro un sábado por la noche mientras yo estaba en Teruel dándole puré de calabaza a mi padre.
Me senté en el borde de la bañera. No. No tengo bañera. Me senté en el suelo. Junto al hueco.
Pensé: se cayó en la ducha. Eso decía el periódico. Se cayó en el plato de ducha.
Miré el hueco. El cuadrado de cemento gris. La baldosa que faltaba.
Mi cuerpo entendió antes que yo. Lo noté en el estómago. Una náusea lenta que subía. La conozco. La siento cuando entra un niño por la puerta de Urgencias y por la cara de los padres ya sabes que no hay nada que hacer.
Fui al váter y vomité el café de máquina de las cinco de la mañana.
Luego me lavé la cara. Me enjuagué la boca. Me sequé con la toalla de Alba que tiene capucha de rana. Y me obligué a pensar como pienso en el trabajo. En orden. Paso a paso. Sin adjetivos.
Uno. Esa chica estuvo en mi baño el sábado por la noche.
Dos. El sábado por la noche yo estaba en Teruel. Dani estaba en casa con Alba. Eso me había dicho.
Tres. El periódico decía que la chica murió en un apartamento turístico con licencia. Mi piso no es un apartamento turístico. Mi piso es mi casa.
Cuatro. El domingo por la noche mi ducha olía a lejía y le faltaba una baldosa.
Cinco.
No había cinco. Me quedé mirando la pared.
No llamé a Dani. Lo pienso a menudo. Cualquier otra mujer habría llamado a su marido. Habría gritado. Habría llorado. Habría preguntado. Yo no. Yo me quedé sentada en el suelo del baño con el móvil en la mano y una sola idea en la cabeza.
Si lo llamo me va a mentir. Y si me miente ya no voy a poder saber nunca la verdad.
No sé de dónde me salió eso. Once años de noches en Urgencias.
Once años viendo entrar a maridos que juran que su mujer se cayó por la escalera.
A madres que juran que el niño se tiró el agua hirviendo encima él solo.
A hijos que juran que el abuelo come bien.
Una aprende que la primera versión es la que más cuesta desmontar.
Una aprende a no preguntar hasta saber la respuesta.
Me levanté del suelo. Tenía las rodillas marcadas por las juntas de las baldosas.
En la nevera, junto al dibujo de la mujer con los brazos largos, había un imán del ayuntamiento con los teléfonos de emergencia. Lo miré. Lo miré mucho rato.
Luego abrí el portátil en la mesa de la cocina y escribí en el buscador: ático Ruzafa apartamento turístico .