La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 27 #4
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Capítulo 27 #4

Yvan no responde. Frunce el ceño, completamente absorbido en la pantalla, tecleando con furia, como si el mundo entero se hubiera desvanecido para él. Sus hombros se encorvan, y el sudor le brilla en la frente.

Me quedo observando, intentando adivinar qué pasa por su cabeza, pero mis pensamientos son un revoltijo y sus silencios no ayudan a despejarlo. Aclaro la garganta para romper el mutismo.

—Yvan…

Él no me mira. Sus dedos siguen moviéndose, casi con desesperación, como si cada tecla fuera un golpe contra algo invisible.

—Es un código gubernamental —dice Yvan finalmente, como si fuera lo más obvio del mundo—.

Recolecté un fragmento, como una escama de dragón.

Sé lo de Kyra, y creo que también sabemos que Fylian tiene una conexión completa y absoluta con Caldyno.

Pero el dragón, un virus y la música… es lo que él quiere tratar de encajar.

El punto principal, creo, es el origen del control y la planificación.

Un escalofrío recorre mi columna vertebral.

—¿Cómo? —pregunto, con la voz apenas audible.

Yvan gira una pieza de metal entre sus dedos, observándola con la intensidad de alguien que ha encontrado algo mucho más grande de lo que esperaba. La pieza brilla débilmente bajo la luz azul del monitor, pero hay algo en ella que no encaja. Algo inquietante.

—Esta placa… —dice, casi como si hablara consigo mismo—. No es solo un trozo de chatarra de la bestia. Es una identificación. Aquí suelen poner identificaciones a todo, aunque sea mínimo. Pero esto… esto es extraño. Difícil de ver.

Me acerco, incapaz de apartar la vista de sus manos. El metal parece viejo, erosionado por el tiempo, pero ahora que lo dice, puedo ver algo más. Una serie de marcas, apenas visibles, impresas en la superficie. No son simples grietas. Son símbolos. Simétricos. Intencionales.

El monitor parpadea, proyectando sombras que se mueven sobre la placa como si los símbolos cobraran vida. La tensión en el aire es palpable.

—Pensé que era solo una criatura salvaje… —murmuro, aunque ya sé que eso no tiene sentido. No cuando las piezas encajan de esta forma.

Yvan levanta la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de miedo y certeza.

—No era salvaje. Nunca lo fue. Se creó. Se diseñó. Y si esta placa está aquí… significa que alguien lo registró, lo nombró y lo liberó con un propósito.

Yvan sostiene la pieza metálica con firmeza, y su voz se vuelve más grave:

—Pero hay algo extraño en los componentes. No corresponden únicamente a maquinaria, ni a fragmentos de la Rosa Negra, ni a los restos de los Venusfly que hemos enfrentado. Hay trazas biológicas. Restos de tejido orgánico. Es más humano de lo que debería ser.

Un silencio helado se instala en la sala. Cynthia se incorpora lentamente, con el rostro pálido.

—¿Humano? ¿Quieres decir que… que están usando cuerpos? —su voz se quiebra, como si la idea misma la desgarrara.

Yvan asiente, sus ojos clavados en los símbolos de la placa.

—Exacto. Esto da luz verde a la teoría de que Caldyno está utilizando cuerpos humanos como base para fabricar su sub-ejército.

No es solo metal y circuitos: hay fibras musculares, fragmentos óseos, incluso patrones neuronales integrados en la estructura.

Es un híbrido. Una fusión de carne y máquina.

Flagbys aprieta los puños, su respiración se vuelve más pesada.

—Eso es… tenebroso. Una abominación.

—Lo es —responde Yvan, con un tono seco—.

Pero científicamente tiene sentido. Los cuerpos humanos ofrecen una matriz biológica flexible: receptores nerviosos que pueden conectarse a circuitos, tejidos que se regeneran más rápido que el metal, y una capacidad de adaptación que ninguna máquina pura posee. Caldyno lo sabe. Por eso los usa.

El recuerdo de Kyra me golpea como un martillo. Su rostro, su voz, la forma en que se convirtió… todo encaja demasiado bien con lo que Yvan describe.

—Lo siento… —susurro, sintiendo que las palabras apenas salen de mi garganta.

Yvan continúa, implacable:

—Los expedientes de Fylian se traducen en esto: identificar si realmente Caldyno está relacionado con la Rosa Negra, con los repuestos que sirven para crear y expandir el mar, y con el detonante que activa todo el proceso.

La respuesta es sí. Sí a todo. Y lo más peligroso es que alguien más arriba aprobó esto.

Nos enviaron solos a enfrentar algo que nunca debió liberarse.

Cynthia se cubre la boca con la mano, sus ojos llenos de lágrimas.

—Entonces… Fylian… ¿puede estar vivo?

—Sí —responde Yvan, con un brillo oscuro en la mirada—. Pero la pregunta no es solo si está vivo, sino dónde. Entre las conexiones con Caldyno, la Liga de los Grises, los Venusfly… o…

Hace una pausa, y su voz se convierte en un susurro cargado de miedo:

—El maldito Dragón Mecánico de la Rosa Negra.

El nombre queda suspendido en el aire como una sentencia. Flagbys baja la mirada, Cynthia aprieta los dientes, y yo siento que todo se conecta en un entramado demasiado grande, demasiado oscuro. Yvan parece verlo todo, como si las piezas del rompecabezas se alinearan en su mente.

—No hay vuelta atrás —digo, con un poco de rabia picándome la garganta—. Es hora de un buen show de los inválidos.