La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

—Muy bien. Será mejor prepararnos lo más pronto posible y partir. Yvan, danos tu plan y qué buscaremos específicamente.

Yvan asiente y se nos acerca, mostrando su tableta. La luz azulada ilumina su rostro, endureciendo sus facciones.

—Es hora de un nuevo show de los inválidos —dice al final, con un tono sarcástico que intenta disfrazar la tensión.

Según lo que nos comparte Yvan, la dirección escrita en la piel del brazo de Fylian indica una zona riesgosa.

Aun así, nos adentramos en ella, subiéndonos las capuchas.

Saltamos del tren en movimiento, rodamos sobre la tierra húmeda y nos limpiamos con rapidez.

El polvo se mezcla con el sudor, y el silencio de la noche nos envuelve.

Yvan enciende su tableta para asegurarse de los puntos donde estamos y hacia dónde iremos.

—Corran. Adéntrense al pueblo fronterizo y sigan en línea recta. El camino en bajada nos llevará al primer túnel —ordena, con su voz proyectada en nuestras mentes.

El pueblo es sumamente silencioso. Las personas parecen hacer vida normal, pero sus miradas son esquivas, como si supieran que algo se oculta bajo la superficie. Con nuestras capuchas puestas, no llamamos demasiado la atención.

—Este lugar sigue siendo jurisdicción de Chatarra —explica Yvan—. Si reconocen los emblemas de nuestros suéteres, pensarán que estamos de guardia. Pero lo extraño es que no hay ningún marionetista a la vista. Para ser una entrada fronteriza, debería haber vigilancia.

—¿Y por qué enviarían a Fylian aquí? —pregunto, con un nudo en la garganta.

—Porque es un expediente sellado para ejecución por el Ministerio de Defensa —responde Yvan, sin apartar la mirada de la pantalla.

Dejamos atrás las luces del pueblo y encendemos nuestras linternas, sujetándolas en las correas de nuestras mochilas.

Descendemos por un camino de tierra húmeda, con poca vegetación.

El suelo cruje bajo nuestras botas, cada paso resonando como un eco en la noche.

Cynthia nos sigue con la ayuda de un arnés, quedándose de última, mientras Yvan lidera la marcha con determinación.

El supuesto túnel que buscamos está lleno de tierra y vegetación, inactivo desde hace años.

Según las imágenes del expediente, se clausuró tras enfermar a la gente de Conquista con alimentos contaminados.

Ahora, convertido en un lugar perfecto para el tráfico, guarda secretos que nadie quiere revelar.

Mientras descendemos, las estrellas se intensifican en el cielo, brillando como testigos silenciosos. El frío aumenta, y una niebla densa comienza a brotar de la tierra, envolviendo nuestros pasos.

—No me gusta esto —susurra Flagbys, apretando mi brazo. Su voz vibra también en mi mente, gracias al enlace telepático de la marioneta de Yvan—. La niebla no es normal.

—Concéntrense —dice Cynthia, con voz firme. Sus manos se tensan sobre el arnés, y su pensamiento resuena en todos nosotros como un eco compartido—. Escucho algo… un crujido metálico.

De repente, mi sentido del olfato detecta algo inmediato: un olor a metal oxidado y algo más… más rancio, como carne vieja. El aire se vuelve pesado, casi irrespirable.

—¿Lo sienten? —pregunto, con la voz quebrada, pero también proyectando el pensamiento hacia el vínculo telepático.

Yvan se detiene, alzando la linterna. Su rostro se endurece.

—Sí. Es hierro… y putrefacción. Este lugar no está tan abandonado como dicen —resuena su voz en mi mente, más clara que en el aire.

El silencio se vuelve insoportable. Cada respiración suena como un rugido en mis oídos. La niebla se espesa, y el camino parece cerrarse sobre nosotros.

—Si algo pasa aquí arriba —dice Cynthia, con tono grave, tanto en voz como en pensamiento—, descender será casi imposible.

Nos miramos unos a otros. Nadie dice más, pero todos sabemos que estamos entrando en un terreno donde cada paso puede ser una trampa.

—Carne podrida… ¿pueden oler eso? —advierte Cynthia, reculando unos pasos sonoros sobre el suelo húmedo. Su pensamiento nos golpea con crudeza—. Apesta más que Yvan cuando comienza a sudar en un examen importante.

—No sudo tanto —refunfuña Yvan, tanto en voz como en mente—. Si en los salones hubiese más ventilación, quizás no lo haría. No lo controlo.

El enlace telepático amplifica la tensión. Cada palabra se siente más cercana, más íntima, imposible de ignorar.

—Chicos, concentrémonos. El olor se intensifica. Será mejor adentrarse hacia donde se origina. Pero debemos estar atentos —digo, y mis pensamientos se expanden hacia ellos como una orden compartida.

Todos asienten al mismo tiempo, tanto con gestos como con la vibración mental que nos une.

—Cynthia, irás detrás de Yvan mientras él abre el camino. Tú eres la mejor para controlar a tu marioneta, tu Canto de Tierra, ¿de acuerdo? —añado, y siento cómo mi voz interior se mezcla con la suya.

Ella asiente, y en mi mente escucho su respuesta firme:

—De acuerdo. Si algo se mueve bajo la tierra, lo sabré.

Flagbys aprieta mi brazo otra vez, y su pensamiento llega como un susurro nervioso:

—Rodrygo… siento que alguien nos observa.

El aire se vuelve más denso. La niebla parece moverse como si tuviera vida propia, y el olor a carne podrida se intensifica, golpeándonos en cada inhalación.

Yvan se detiene de golpe, levantando la linterna hacia un punto oscuro.

—Silencio. Hay algo adelante.

El vínculo telepático se llena de tensión. Nadie respira. Nadie se mueve. El túnel está cerca, pero la sensación de que no estamos solos es más fuerte que nunca.

Entablamos una nueva marcha, esta vez por un camino recto, sin inclinación, con la vegetación creciendo a nuestros lados.

El sonido de pequeños sapos y grillos revolotea en el aire seco, mientras el cielo desaparece poco a poco bajo las hojas que nos cubren.

Nos bajamos las capuchas: el calor comienza a subir considerablemente, aunque pequeñas burbujas de niebla emergen del suelo húmedo, como si la tierra respirara.

Es extraño, antinatural. ¿Cómo puede suceder algo así?

Lo que me preocupa es que, a medida que nuestros pies dibujan mejor el camino, la visibilidad se vuelve más dificultosa. La niebla se espesa, y la inquietud crece.

—Yvan, ¿alguna explicación para la niebla? —pregunto, con la voz entrecortada.

Él busca en su tableta sin detenerse, los dedos moviéndose con rapidez.

—Nada, Rodrygo. No detecto nada químico. Es que algo no está del todo bien aquí, ¿sabes? La presión del aire es irregular y los niveles de temperatura crecen evidentemente, como si hubiera…

De repente, un golpe seco, áspero, resuena a nuestra derecha. Apuntamos con urgencia nuestras linternas hacia el lugar. Flagbys recula, posicionándose detrás de mí, con los ojos abiertos como platos. Otro golpe. Y otro. Algo pesado cae desde arriba.

El haz de luz revela lo impensable: el cuerpo desmembrado de una persona.

El recuerdo me golpea de inmediato: Haalynd me habló de la creación de los Venusfly, derivados de partes humanas a través de la tecnología sádica de Caldyno.

En Chatarra, alguien intentó recrear eso.

Sé que la existencia del creador de los Venusfly en la superficie es irreal, pero presenciar su obra aquí hace que cualquiera se paralice de miedo, que el cuerpo se rinda al terror.

Avanzamos unos metros y el horror se multiplica: más cuerpos, colgados en árboles, algunos sin brazos, otros con torsos abiertos como muñecos rotos.

El corazón se me sube al estómago, y un líquido natural de mi cuerpo se me sube a la cabeza, provocando náusea y rabia. Mis sienes palpitan con violencia.

Busco la mano de Flagbys. Ella me mira con los ojos aguados, temblando. No es una escena propia de ver. Toda esa gente… ¿quiénes eran y cómo llegaron aquí?

Echo un vistazo hacia atrás. El silencio es absoluto. Estamos muy lejos de cualquier contacto humano.

El pensamiento me golpea como un martillo: Fylian estuvo aquí.

Y el miedo se convierte en desesperación: esos cuerpos de rostros irreconocibles… podrían ser él y su compañera Kyra.

La marioneta de Yvan mantiene el enlace mental. Sus pensamientos llegan como cuchilladas:

—Rodrygo… no mires demasiado. Si reconoces algo, perderás el control.

Cynthia interviene, su voz firme resonando en mi mente:

—Concéntrate. Si Fylian está vivo, no puede ser uno de ellos. Esto es un mensaje, no una tumba.

Flagbys aprieta mi mano con fuerza, y su pensamiento se filtra como un susurro desesperado:

—Pero… ¿y si sí lo es? ¿Y si ya no queda nada que salvar?

El silencio mental que sigue es más aterrador que los cuerpos colgados. La niebla se espesa, y cada paso nos acerca más al túnel, más al secreto que Caldyno dejó aquí.

—¡Por los cielos…! —deja escapar Yvan al final, con la boca abierta y los ojos desorbitados mientras inspecciona los cuerpos colgantes. Sus pupilas tiemblan como si no pudieran contener el horror.

A pocos metros, la entrada metálica y circular del túnel se revela entre la niebla, oxidada, como la boca de un monstruo esperando devorarnos. Supongo que es el túnel que conecta con Conquista.

Antes de que Yvan pueda reaccionar, un chirrido agudo se emite desde la oscuridad, lastimando nuestros oídos. El sonido rasga el aire como el filo de una daga. La niebla, ahora más densa, se abre en dos, y una sombra se desliza en una danza mortífera, de un lado a otro, con movimientos inhumanos.

Nos juntamos instintivamente, formando un círculo.

Nuestros dedos comienzan a emitir las luces características de nuestras marionetas, pero ninguno se atreve a invocarlas todavía.

La sombra alargada se mueve con una velocidad imposible, y puedo sentir el latir de los corazones de mis compañeros martillar en sus pechos, como si quisieran romper los huesos para escapar.

Un grito.

Me giro de golpe, justo a tiempo para ver cómo Cynthia es arrastrada hacia las profundidades de la oscuridad. La niebla se cierra sobre ella como una boca hambrienta. Su grito se pierde en el aire, desgarrador, y nos deja paralizados.