La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 24 #5
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Capítulo 24 #5

Un recuerdo vago me golpea. Papá también desapareció.

Enviaron un brazo entero a la puerta de la casa.

Escuché a mamá gritar, a mis hermanos caer de rodillas…

pero yo no sentí nada. Quizás porque ya estaba sufriendo demasiado.

Quizás porque pensé que ese momento sería fugaz, que nos recuperaríamos.

Pero ¿cuándo me recuperaría yo de los abusos de mi hermano?

Solo cuando él se marchó a crear una nueva vida pude respirar.

Las clases de meditación me ayudaron a entender que todo eso dejó millones de puertas mentales sin llaves. Atormentado.

El Goldum salta a mi regazo y me devuelve a la realidad.

Lo acaricio por encima del lomo. Va a crecer bastante, como todos los de su especie.

Me alegra que me eligiera. Como también me alegra que Tommy me eligiera a mí.

Sé que no soy excepcional. Nadie espera que lo sea.

Pero quizás debería serlo, para poder encontrar a mi amigo.

Unos golpes suaves en la puerta me sacan de mis pensamientos.

Me apresuro a abrir. Son mis amigos, incluyendo a Yvan.

Los invito a pasar y cierro la puerta de madera negra tras ellos.

Cynthia se sienta en la esquina de mi cama, Yvan ocupa la silla, y Flagbys se recuesta contra la pared desnuda, con los brazos cruzados.

La habitación, a oscuras salvo por la luz de la luna, se llena de un resplandor tenue: el turquesa de Encastrol junto a Cynthia, el gris apagado de la marioneta de Yvan, y el naranja cálido de Kyramm cerca de Flagbys.

Y, por primera vez, un cuarto orbe se enciende a mi lado: dorado, cálido, todavía extraño para mí. Tommy.

—Se complican cada vez más las cosas, ¿no? —pregunto, rompiendo el silencio.

Todos asienten levemente.

—Fylian es más difícil de encontrar —continúo—. Pero lidiar con Caldyno lo es aún más, sabiendo que los ataques pueden reproducirse por órdenes suyas. Me quiere fuera. Siento que me dejaron como un blanco fácil.

El silencio que sigue es pesado. Cynthia baja la mirada, acariciando el borde de la cama con sus dedos. Yvan se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, pensativo. Flagbys aprieta la mandíbula, como si quisiera decir algo, pero se contuviera.

El Goldum se acomoda entre nosotros, como si también quisiera escuchar.

—También la posibilidad de que soborne y manipule a estudiantes de la Sociedad del Hilo para sabotearte.

Debes tener aún más cuidado —añade Cynthia, cruzándose de brazos.

Su voz es firme, pero sus ojos reflejan preocupación—.

Mi hermano no es un hombre que tome decisiones a la ligera.

Ningún comandante lo es. Hay una razón poderosa para que te ponga a ti.

Y creo que es porque, de alguna manera, sabe en los lugares que hemos estado.

Puede ser. La inteligencia del Ministerio de Defensa es superior. Capaz de trazar líneas.

—Solo que ocupan su tiempo en cosas más importantes que intentar compartir fuerza para ubicar a dos estudiantes con marionetas de la Sociedad del Hilo —agrega Yvan, con tono calculador.

Se inclina hacia adelante, sus manos apretando el respaldo de la silla—.

Como sabemos, las misiones asignadas fueron impuestas por el Ministerio de Defensa.

Así que comparto lo mismo que dice Cynthia.

Sobre todo, porque el hombre que perseguí no era un encapuchado de Caldyno, sino proveniente de Ciudad Origen.

La capital de Chatarra. La base del Ministerio de Defensa.

Hace una pausa, y su mirada se endurece.

—Es grave, Rodrygo. Y será mejor que intentemos seguir bajo las sombras. Es mucho para nosotros cuatro. Lo entiendes, ¿verdad?

Respiro hondo, mis manos se tensan sobre mis rodillas.

—Jamás les pediría arriesgar sus vidas por alguien con quien quizás hayan tenido poca interacción —digo, con voz baja pero firme—.

Pero es momento de aceptar que… por más que lo desee con todas mis fuerzas, intervenir es una alianza, un conflicto, una ideología.

A estas alturas, es gravemente riesgoso.

Y más para cuatro estudiantes de primer año, novicios en ser marionetistas, sin misiones lo suficientemente grandes para adquirir verdadera experiencia.

Flagbys baja la mirada, sus ojos se nublan con tristeza. Cynthia se lleva las manos al rostro, descansando los codos sobre sus muslos, como si el peso de todo esto la aplastara. Yvan suspira, se pone de pie y se cruza de brazos, esperando que prosiga.

—Intentaré tener un poco más de cuidado. Lo prometo.

Todos asienten al unísono. El Goldum se acerca a cada uno, buscando caricias, y ellos lo acarician antes de marcharse sin decir nada más. El silencio que dejan tras de sí es denso, casi palpable.

Después de un rato, tocan a mi puerta nuevamente. Es Haalynd, preparada para asistir al punto de concentración.

—¿Estamos listos? —me pregunta, con una sonrisa que intenta suavizar la tensión.

Desde que vine a este lugar nunca estuve listo. Nadie lo está. Pero asiento, forzosamente. Ella suspira.

—Tranquilo, Rodrygo —me dice, colocando una mano firme sobre mi hombro—. Todo estará bien. Lo que te puedo decir es que las redirecciones son necesarias para llegar a la meta ideal. Sigue adelante. Algún trozo de camino te ayudará a vincularte nuevamente con el paradero de Fylian.

Sus palabras me atraviesan como un bálsamo. Por primera vez en el día, siento que alguien me recuerda que aún hay un camino, aunque esté lleno de sombras.