Capítulo 24
No todos los hilos que nos atan se ven a simple vista. Algunos se tejen en los despachos, entre nombres y decisiones que nunca llegan a los oídos de quienes más deberían escucharlos.
—Fragmento de un memorando interno del Cónclave del Hilo, jamás distribuido a los nuevos marionetistas.
—¿En serio creen que soy tan tonta? —la voz de Kendall corta el aire con un filo inesperado.
Sus pecas resaltan sobre las mejillas blancas, y con un gesto elegante se lleva hacia atrás el cabello marrón que le cae hasta el rostro.
Sus ojos, brillantes y firmes, se clavan en mí.
Estoy con la espalda completamente pegada a la pared, incómodo, mientras ella avanza con pasos seguros.
—Creo que eso es un insulto, ¿no crees tú? —añade, arqueando una ceja.
Trago saliva. El Goldum, dormido a mi lado, respira con calma, ajeno a la tensión.
—Sé mucho de los Goldum, pero no es solo eso —continúa, con un tono rápido, aunque no tan atropellado como el de Flagbys—.
Ese amigo tuyo no parece tan listo. ¿Saben que soy marionetista?
¿Que quizás tengo habilidades más despiertas que ustedes?
Claro… no lo saben bien. Pero una marioneta tiene poderes especiales, habilidades que parecen absurdas, y mi conexión con Tamaramm es más fuerte de lo que creen.
Hace una pausa, me ofrece una silla con un gesto elegante. Me siento, intentando mantener la calma, mientras ella se coloca frente a mí, erguida, con las manos entrelazadas.
—El caso es que sí estaría dispuesta a ayudar. Pero cuando vea a ese amiguito tuyo… tenlo por seguro, le daré su merecido. Ya verá.
Su tono es firme, pero sus ojos brillan con una chispa de desafío.
—Sé que Nick es tu amigo —dice de pronto, bajando la voz, casi como si compartiera un secreto—.
Resulta que Nick y yo hemos sido destinados para el próximo curso a ser compañeros.
Claro, los de primero no lo saben aún. Quizás pronto les llegue el comunicado.
La organización de la Sociedad del Hilo cambiará un poco: en el segundo año tendremos compañero y un capitán.
Es parte de la nueva estructura. Más organizado para las misiones y demás.
El Goldum se mueve un poco, como si reaccionara a sus palabras.
—¿Y exactamente a base de qué los eligen? —pregunto, inclinándome hacia adelante, intentando sonar firme.
Kendall se encoge de hombros, con un gesto elegante pero sincero.
—Realmente no lo sé. Viene de estadísticas, de los directivos, de profesores, asistentes, administradores… hay mucha gente involucrada. Son niveles que no se pueden medir con ligereza si se quiere un éxito común en la organización. O en las organizaciones.
Se inclina un poco hacia mí, sus ojos brillando con intensidad.
—Ya sabes que el Conclave del Hilo rige cosas como el Ministerio de Defensa. Por eso ves a esos “tontitos” ir de un lado a otro, cargando papeles y órdenes.
—¿Incluso el Decano, con el que tienes conexión? —pregunto, con un tono más bajo, casi tanteando el terreno.
Ella sonríe, ladeando la cabeza.
—Incluso él. Aunque no lo parezca, Bellygam mueve más hilos de los que cualquiera imagina. Es por algo es la mano derecha del Gran Maestro, por supuesto.
El silencio que sigue es pesado. El Goldum suspira dormido, y yo siento que cada palabra de Kendall abre una puerta hacia algo más grande, algo que apenas empiezo a comprender.
—Sí… es que soy la sobrina del Decano Bellygam —dice Kendall, con un aire de orgullo contenido.
Se acomoda el cabello marrón que le cae hasta las mejillas pecosas y blancas, llevándolo hacia atrás con un gesto elegante.
Sus ojos marrones, atentos, me observan con firmeza—.
Por supuesto, no me has visto mucho porque mi conexión con mi marioneta fue peculiar.
Decidieron darme clases en instalaciones distintas.
Después de meses aparecí por aquí, pero siempre con un plan de estudios diferente.
Hace una pausa, suspira y sonríe con ironía.
—La verdad es que me tratan distinto por ser sobrina de un Decano. Mi padre es radical, de la vieja facción. Muy aburrido, siempre sirviendo a lo que supuestamente mantiene todo esto en pie. Pero sí, esa es mi conexión… y esos son los motivos por los que Nick y yo nos conocemos.
El Goldum, dormido a mi lado, se mueve apenas, como si reaccionara a su voz. Kendall baja la mirada hacia él y luego vuelve a mí.
—Sé que Nick está bien. Lo de la rosa fue duro, pero estará de alta pronto.
—Algo que no es fácil… —murmuro.
—Algo que es imposible, pero lo lograron —corrige ella, con un brillo en los ojos—.
Y creo que activaron mi teoría. Nadie lo sabe, porque casi nadie presta atención a las rosas negras y su efecto.
Algunos prefieren ignorarlo por miedo… o porque, si pudieran, se sacarían los ojos con un tenedor antes de enfrentarlo.
Se inclina hacia mí, bajando la voz.
—Las partículas negras que se aspiran cuando una rosa negra está cerca no son naturales. Son emitidas por un emisor… y sé que tú sabes quién es. A Nick le cayó de lleno, y esos detalles siempre son estratégicos. Intenté ayudarle, me preocupé, pero ahora entiendo. Está bien.
Su tono se vuelve más técnico, casi como si estuviera dando una clase.
—Hay una reacción extraña con ondas musicales.
Se proyectan, pero deben convertirse en una fracción de segundo para poder desactivarlas.
El sonido inicial las activa, seguido de una desactivación inmediata por otro nuevo sonido.
Y creo que eso pasó cuando Nick me contó lo de tu caja de música…
y ese anillo que llevas ahora. Creo que en parte puede servir, Rodrygo.
Me quedo en silencio, procesando sus palabras. El anillo en mi dedo parece más pesado de repente.
—¿Sabes qué hago aquí, Kendall? —pregunto, con voz baja.
Ella asiente, sin dudar.
—Fylian y Kyra.
—Es algo tonto… —respondo, casi con un nudo en la garganta—. ¿Sabes dónde pudieran estar?
Kendall me sostiene la mirada. Sus pecas parecen más marcadas bajo la luz tenue, y su expresión se endurece.
—No lo sé con certeza. Pero si las rosas negras están involucradas… entonces ellos no están lejos de la fuente. Y esa fuente no es un lugar cualquiera. Es alguien.
—La verdad es que es difícil saberlo por todo el territorio que se alimenta aquí —dice Kendall, con voz firme, mientras se cruza de brazos y me observa con atención—.
Pero sé que hay mucha vinculación con todo esto.
Desconectar los hechos, las palabras y los acontecimientos sería un error… y tú no lo has sido.
Sus ojos brillan con intensidad.
—Las marionetas son un activo valioso que debería cuidarse para el desarrollo y la protección.
Más allá de lo frágiles que somos, la maldad no mide si estás herido o si descansas.
Simplemente te atacará. Por eso necesitamos personas tan experimentadas como ellos dos.
Es honrado y valioso cómo gestionas esto, Rodrygo.
Sé que lo lograrás. Pero enfocarte en el torneo quizás nos arroje mejores pistas.
Con los de Bosqueoscuro y Caldyno puedes llegar a completar algunos fragmentos.
Me rasco los rizos, intentando procesar sus palabras.
—Ha sido un poco fácil… —murmuro—. Es que pensaba que eras distinta.
Kendall sonríe apenas, ladeando la cabeza.
—Puede serlo. Pero no eres el único que no se tomó todo esto a la ligera. Esto tiene importancia y un impacto a futuro. Espero que al menos te haya servido de algo lo que te he dicho.
Se pone de pie con elegancia. Yo también me levanto, y antes de marcharse me regala un abrazo, cuidadoso pero firme. Su perfume, suave y terroso, me envuelve por un instante.
—Ánimo —susurra cerca de mi oído—. Sé que eres tan fuerte como pienso. Luego, quizás, podamos aventurarnos en algo y conocernos más el uno al otro. Pero cuentas conmigo, con Nick… y quizás con nuestro futuro compañero y capitán. Así que ánimo, Rodrygo.
El abrazo se rompe lentamente. El Goldum, dormido a mi lado, suelta un pequeño gemido como si aprobara sus palabras. Me quedo en silencio, con la certeza de que lo que acaba de decir no es solo un consejo: es una promesa.
—Una de las razones por las que decidí irme es la incapacidad de estos profesores de impartir mejores clases para que los estudiantes con medio cerebro, como tú, por ejemplo —Haalynd me pincha el pecho con un dedo regordete mientras caminamos a toda velocidad hacia la concentración del primer entrenamiento.
Su melena rizada baila al ritmo de sus pasos, y su piel bronceada brilla bajo el sol de la mañana.
Esta chica es un torbellino: gesticula como si dirigiera una orquesta y habla a mil por hora—, puedan identificar cuando les ponen un veneno tan poderoso en un vaso de leche fría. ¿Acaso eres un niño tomando eso?
Me escanea de arriba abajo con una mirada crítica y luego sigue caminando, sin detenerse.
—Se nota que eres de la superficie. No te culpo, nuestro nivel de desarrollo es muy distinto al tuyo. Pero no hay de qué preocuparse, podemos manejarlo.
Su voz sigue disparando palabras como flechas, tan rápido que me detengo en seco. Ella también se detiene, arqueando una ceja. El bullicio de la concentración ya nos alcanza: murmullos, gritos, pasos apresurados.
—¿Qué te sucede? —pregunta Haalynd, inclinando la cabeza hacia mí.
—¿Has encontrado más pistas sobre Fylian?
—suelto de golpe, con las mejillas ardiendo.
La pregunta me quema la lengua desde hace rato.
¡Vamos! Ella está aquí por algo importante, y necesito saber qué es.
—Ha pasado mucho tiempo. Entiendo que te gusta explorar el mundo a tu ritmo, pero…
ese día en el Jardín de Espadas escuché lo que Esteban te decía. Yo lo extraño mucho.
Haalynd me observa con un gesto más suave. Sus labios se curvan en una sonrisa nostálgica.
—Sé lo mucho que te importa tu mejor amigo. Lo conocí, me cayó bastante bien. Su corte de cabello siempre perfilado me agradaba, y una vez intentó cortarme las puntas del pelo.
Me quedo boquiabierto. Sí, ese es Fylian.