Capítulo 22 #3
Durante la noche, desde mi habitación, observo a lo lejos cómo una extensa área de la Sociedad del Hilo se transforma en un hervidero de construcción.
Seguramente preparan el Gran Torneo de los Marionetistas.
Según la clase que nos compartieron esta tarde, el torneo es similar a nuestras prácticas de combate y simulación.
No usamos marionetas, claro está. Aunque, en el fondo, sé que el Comandante y hermano mayor de mi amiga Cynthia desea que algún día eso cambie.
Sin embargo, mientras exista un Cónclave del Hilo y un Maestro que respalde la causa, no sucederá.
El poder de las marionetas puede relucir en cualquier instante de adversidad.
Lo sé ahora más que nunca, enfrentándonos a Caldyno.
Salvando la vida de mi amigo Nick. No puedo dejar de pensar que Fylian pudo haberse topado con aquella criatura que yo mismo vi…
ese dragón con forma de rosa negra, oxidada y retorcida.
El recuerdo me estremece. Para distraerme, comienzo a ordenar la habitación, hasta que un golpe en la puerta me interrumpe.
La abro de golpe. Allí está él: el hombre que me llevó engañado a Chatarra.
Esteban. Extiende un pedazo de pastel de naranja, cuyo aroma dulce invade el aire.
No me mira al principio, su ceño fruncido parece una máscara de severidad.
Me resulta gracioso. Sonrío. Pero cuando finalmente alza sus ojos marrones claros hacia mí, se vuelven nítidos, brillantes, como los de un gato que pide comida. Esa expresión me parece… tierna.
Esteban no es feo. En absoluto. El aire de capitán que lo rodea le da cierta sensualidad.
Sin embargo, me freno en seco. Flagbys… no.
No sé qué pensaría ella. Pero aprovecho su presencia para conversar un poco.
Lo invito a pasar mientras me pongo una camisa.
Entonces entiendo por qué me miraba de esa manera.
—Eres tan desastroso —comenta, recorriendo con la mirada el caos de mi cuarto.
—Y tú tan ordenado que apuesto que mi Cynthia vomitaría delante de ti, pero sería el mejor amigo de Yvan sin duda alguna, junto a Xyram —respondo, ajustándome una camisa negra sin mangas.
Él viste el clásico suéter con capucha de la institución—.
Justo iba a empezar a limpiarlo todo, hasta que apareciste. Llegaste en buen momento.
Esteban me lanza una mirada fugaz, pero sus mejillas se tiñen de calor repentinamente.
Claro, el beso que me dio antes de mi prueba.
Tiene sentido. Lo pensé en su momento, pero no quiero hacerlo sentir incómodo.
Me acerco a él, aunque me detengo a cierta distancia, cuidando no invadir su espacio ni hacerlo sentir nervioso.
¿Esteban se pone nervioso? Eso… tendría que descubrirlo.
—No es sorpresa para nadie que ese torneo no sea del agrado del Cónclave —dice Esteban, cruzando los brazos y apoyando un pie sobre el otro.
Su mirada, inexpresiva pero tierna, se posa en mí; las pecas que surcan su rostro y su cabello gris, ligeramente alborotado, le dan un aire severo pero humano—.
La manera en que conseguiste tu marioneta no es, claramente, la tradicional que ellos dictaron hace mucho tiempo.
—Tampoco decidí que un enorme espejo cayera sobre mí —respondo con ironía, intentando restarle peso.
—Rodrygo… —su voz se endurece.
—Me vas a decir que renuncie, ¿verdad, Esteban? —pero él bufa y me callo de inmediato.
—Es increíble lo rápido que puedes llegar a hablar —replica, frunciendo el ceño—. Por más que mi actitud con el Comandante fue inaceptable y que me reprendieron, no. No vas a renunciar.
Su tono se vuelve más grave, más firme.
—Tuvimos una reunión con todos los capitanes y sus miembros.
Se reforzará la seguridad. Nadie ignora las intenciones de Caldyno, más aun siendo el Gobernador de Bosqueoscuro.
Es imperativo precaverse. Vendrá acompañado de los estudiantes de la Sociedad del Hilo en Bosqueoscuro… y ahí es donde entras tú.
Lo observo en silencio. Parece hablar con una seriedad que no admite réplica, y trato de prestarle toda mi atención.
—Nadie lo pidió, pero yo sí —continúa—. Te traje aquí para encontrar a Kyra y a Fylian. Si te adentras en el torneo y vigilas a esos estudiantes de Bosqueoscuro, quizás podamos frustrar cualquier eventualidad que Caldyno intente provocar.
—Sigo sin comprender por qué lanza ataques estratégicos a Chatarra si su foco principal debería ser Conquista —digo, aún confundido.
Esteban suspira, como si ya hubiera reflexionado sobre ello.
—También es confuso, pero no te sorprendas si pronto envía ataques directos a Conquista. Aquí en Chatarra está la sede principal del Cónclave, y desestabilizarla es vital. Además, somos frontera con su objetivo principal. No es tonto: sabe que necesitará más para llegar a tu tierra.
El silencio se extiende entre nosotros. La mención de Caldyno y sus planes convierte la habitación en un espacio cargado de presagio.
Esteban suspira, como si buscara las palabras exactas para que yo lo entienda.
—Rodrygo, lo que hace a Caldyno tan peligroso no es solo su poder ni sus Venusfly o su habilidad de contrata a la Liga de los Grises.
Es su inteligencia política. Todos saben que es un artista macabro, cuyas obras son más bien horrores disfrazados de arte.
Pero cuando asumió como Gobernador de Bosqueoscuro, promulgó una serie de leyes que lo blindaron.
Creó un “estatuto de preservación cultural” que le permitió justificar cualquier creación como patrimonio del estado.
Bajo ese marco, incluso sus experimentos más oscuros quedaban protegidos.
La tradición y la cultura es algo que Bosqueoscuro anhela y que mantiene a la gente viva después de lo que nos pasó con Conquista.
Esteban me mira con seriedad, sus pecas resaltando bajo la luz tenue.
—Y cuando las autoridades intentaron acusarlo, él mismo había diseñado un consejo de revisión artística, compuesto por sus seguidores.
Cada denuncia se convertía en un elogio, cada intento de atraparlo terminaba archivado como “acto de censura”.
Así logró aludir a la justicia. No es que no sepan quién es…
es que lo hizo intocable dentro de su propio territorio.
Hace una pausa, bajando la voz.
—Por eso es tan difícil enfrentarlo. No basta con demostrar lo que hace. Hay que romper el entramado legal que él mismo construyó. Y ahí es donde el Cónclave y nosotros debemos ser más astutos que él.
—No es tan eso, también es tener valiente ante todo esto —digo.
—El poder que yace arriba derrotó a Gyselth… imagínate lo que podría hacerle a él.
—Él tiene un enorme dragón —respondo con firmeza—. Con eso puede hacer frente a cualquier cosa que quiera retarlo.
—Sí, pero no es rival para ninguno de nosotros.
Y recuerda que tienes a tu equipo. Sé que no te agradó el comentario de Yvan, pero lamentablemente ellos son tus amigos.
Intentaron ayudarte cuando nadie se ofreció a buscar a Kyra y a Fylian, y eso dice mucho.
Son geniales para seguir contigo en esto.
Sus ojos se endurecen.
Asiento con la cabeza, tratando de ordenar mis pensamientos. Cuando creo que Esteban va a añadir algo más, simplemente asiente también y se encamina hacia la puerta.
—Bueno. Nos vemos.
Pero, antes de salir por la puerta, me apresuro a detenerlo, a enterrar mis dedos en la tela de su suéter negro.
—Yo… quiero, eh, ya sabes, pedirte disculpas por lo que pasó con tu hermanito. —Digo, y realmente hice un tremendo esfuerzo para que las palabras salieran, yo… creo que no estoy tan acostumbrado a eso.
Esteban suspira un poco, asiente y se marcha sin decir nada más, dejándome con el peso de sus palabras y la certeza de que Caldyno no solo es un enemigo en el campo de batalla, sino también en las sombras de la política.
Tenemos unas cuantas semanas libres de clases.
Aunque mis horarios cambiaron repentinamente desde que obtuve una marioneta, sé que las asignaturas de danza de marioneta, interpretación de batalla y comprensión en escenarios psicosociales, que me tocarán en el último corte de mi primer año, serán mis verdaderas preocupaciones después del torneo que se aproxima.
Troto junto a Flagbys.
Flagbys comienza a contarme cosas sobre las clases anteriores.
Me recuerda que las sesiones de meditación pueden retomarse siempre que queramos, aunque duda de que alguien aquí esté realmente interesado.
No todos toman en serio la necesidad de cuidar la mente.
Yo mismo pienso en mi hermano… en la situación marcada por él, que no puedo dejar pasar tan a la ligera.
Ella también me explica que en el segundo año los principios teóricos se profundizarán, porque son fundamentales para comprender las marionetas: su naturaleza, la protección que debemos darles y el respeto hacia el Cónclave del Hilo.
Seguimos trotando cuesta arriba. El aire comienza a quemar en mi pecho mientras intento alcanzarla.
Flagbys lleva un pantalón ajustado que resalta su cadera y la definición de sus piernas; al ser bajita, su figura se ve compacta y fuerte.
Su cabello dorado, recogido en una cola, se balancea con cada paso, y el camisón deportivo deja al descubierto parte de su abdomen.
—Sí, los torneos son transmitidos para todas las regiones —dice de pronto, lanzándome una mirada rápida por encima del hombro y sonriendo con picardía—. Así que trata de verte bien. Aunque… —su sonrisa se amplía, escondida— estás muy bien cómo estás.
No es que me considere especialmente atractivo, pero algo tiene esa chica que me llama la atención. Entonces ocurre: Flagbys no ve una roca en el camino y tropieza. Me apresuro a sujetarla antes de que caiga.
—¡Maldición! —exclama, sacudiéndose el polvo—. No entiendo por qué soy tan torpe.
La ayudo a ponerse de pie, y por un instante, su mirada se cruza con la mía. Hay algo en esa mezcla de fragilidad y fuerza que me deja pensando más de lo que quisiera.