Capítulo 20 #5
Flagbys da un paso adelante.
Otro.
Y otro.
El Fuego Fatuo se expande desde sus manos como un velo ondulante, una cortina luminosa que chisporrotea al contacto con el aire cargado de energía.
—Vamos… vamos… —murmura ella, con la voz quebrada.
La onda expansiva está a segundos de alcanzarnos.
Y todo depende de si ella logra contenerla junto a su reina reptil.
—Pero… —balbucea Flagbys, retrocediendo un paso, los ojos temblorosos.
—Flagbys, no es hora de dudar —la voz de Yvan corta el aire como un látigo—. Es tiempo de actuar. Vamos. Ahora.
El viento caliente nos golpea la cara. El cielo sigue teñido de naranjas violentos, como si el mundo estuviera ardiendo desde dentro. La onda expansiva avanza, rugiendo como una bestia sin forma.
—Flagbys… —me acerco, tomándole las muñecas. Siento su pulso acelerado, su piel fría por el miedo. Tommy yace inerte sobre mi espalda, pesado, silencioso, como si durmiera después de un esfuerzo titánico—. Tú puedes hacerlo. Yo confío plenamente en ti.
No sé qué me impulsa. Quizás el miedo. Quizás la adrenalina. Quizás la certeza de que, si no lo hago ahora, no habrá un después.
Me inclino y deposito un beso fuerte, urgente, fugaz sobre sus labios.
Flagbys se queda inmóvil, los ojos muy abiertos, el aliento atrapado. El mundo parece detenerse un segundo. Luego ella parpadea, traga saliva… y asiente.
—Está bien —susurra, con una voz que tiembla, pero no se quiebra—. Lo haré.
Sus manos se iluminan con un fuego rojo verdoso. El aire alrededor vibra, como si algo antiguo despertara bajo sus pies.
El Fuego Fatuo emerge.
La reina reptil aparece envuelta en un aura espectral, su lanza chisporroteando con llamas etéreas. Se eleva unos centímetros del suelo, la tela de su atuendo ondeando como si flotara bajo el agua.
—Vamos, mi reina… —murmura Flagbys, respirando hondo.
La marioneta gira la lanza en círculos amplios. El aire se retuerce, se comprime, se enciende. Un tornado de fuego azul verdoso se forma, rugiendo, creciendo, devorando el espacio entre nosotros y la onda expansiva.
Pero no es suficiente.
El suelo comienza a agrietarse. Rocas se levantan y se parten. El viento se vuelve tan caliente que siento que me quema los párpados.
—¡Flagbys, más! —grita Cynthia, cubriéndose el rostro con un brazo.
—¡Estoy intentando! —responde ella, con la voz quebrada por el esfuerzo.
La onda expansiva ruge, un muro de fuego y presión que avanza sin piedad.
Flagbys aprieta los dientes. Sus brazos giran en perfecta sincronía con los de su marioneta. La reina reptil replica cada movimiento con una precisión casi divina. El tornado de fuego se expande, se vuelve más denso, más feroz.
—¡Vamos! ¡Vamos! —grita Yvan, desesperado.
El fuego estalla hacia afuera.
Una explosión de luz naranja se expande como un latido gigantesco. La onda expansiva choca con el tornado y es desviada hacia el cielo. El impacto ilumina todo el campo con un resplandor cegador. Nubes naranjas densas se forman arriba, como brasas suspendidas.
Y luego… silencio.
El peligro desaparece.
Flagbys da un paso hacia mí, tambaleándose. Intenta abrazarme, pero sus piernas fallan. La sostengo antes de que caiga. Su cabeza reposa sobre mi pecho, su respiración agitada, su cuerpo temblando por el esfuerzo.
—Lo hiciste… —le susurro, acariciándole la nuca—. Lo lograste.
Ella sonríe débilmente, los ojos entrecerrados.
Cuando el polvo comienza a asentarse, cuando el calor deja de quemarnos la piel, una sombra corpulenta se acerca entre los restos del caos.
El Comandante de Protección y Paz.
Su armadura y su Corteza de Hierro están chamuscadas en los bordes.
Su rostro, duro como una estatua, no muestra emoción alguna.
Se detiene frente a nosotros. Nos observa.
Nos evalúa. Sus ojos recorren el campo: los estudiantes jadeando, los marionetistas exhaustos, el Decano acercándose con expresión incrédula.
Cruza los brazos. Luego se acaricia el mentón, pensativo.
—Sorprendente —dice al fin, con una voz grave que resuena como un tambor—. Jamás había visto un equipo de primer año con tanta osadía… y tanta coordinación… para ejecutar una táctica tan ejemplar.
Cierra los ojos un instante. Cuando los abre, hay una sonrisa mínima, casi imperceptible, en la comisura de sus labios.
—Y es por eso por lo que te elijo a ti.
Me señala directamente. Siento cómo el mundo se detiene otra vez.
—Participarás en el Gran Torneo de los Marionetistas como representante de tu Sociedad del Hilo de Chatarra.
Mis amigos se quedan congelados. Cynthia abre la boca. Esteban parpadea. Yvan suelta un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.
El Comandante continúa:
—A pesar de que… —mira a Tommy, aún inerte sobre mi espalda, con los ojos entrecerrados— obtuviste tu marioneta de una manera… peculiar. Tendrás que pasar por algunos filtros, claro.
Da un paso hacia mí. Su sombra me cubre por completo.
—Pero tú serás nuestro representante. Estoy seguro de que lo conseguirás.
Y por primera vez desde que todo comenzó… siento que el aire vuelve a entrar en mis pulmones.