Capítulo 18 #3
—Es muy complejo. Investigar más sería arriesgado.
El segundo expediente habla de la ruta que vimos en los archivos del Santuario, que antes se usaba como base de exportaciones.
Tu amigo estuvo allí, regresó… pero lo que pude resumir es que, en la quinta misión, la última, se menciona un grupo de encapuchados de cabello gris.
Ellos se dedican a robar mercancía en las ciudades alejadas de la Sociedad del Hilo, para luego distribuirla en puntos de control de creación y contrabando. Y esto ya sabemos cómo se gestiona.
Respiro hondo antes de continuar.
—Caldyno debe operar en Bosqueoscuro, su hogar. Pero para expandirse, supongo que necesita posicionarse en puntos estratégicos… y desde ahí lanzar sus contraataques.
—Pudiera ser. Sabemos mucho, pero a la vez no. Da rabia no contar con la fuerza táctica y militar de Chatarra —dice Yvan, cruzando los brazos.
—¿Y si esperamos a ver cuál es su respuesta? Algo deben hacer ellos. Nosotros… ¿qué podríamos hacer? —pregunto, reflexionando un poco.
—Más de lo que ellos harían, Rodrygo —dispara Cynthia, bajando la cabeza con seriedad—. Recuerda lo que dijo Caldyno: su objetivo es el Destino Manifiesto.
Todos asentimos. Yvan teclea en su tableta y nos muestra un archivo.
—Hubo un tiempo en que el Ministerio de Protección y Paz quiso aplicar esa teoría de Caldyno… para tu hogar, Rodrygo.
—Sí. Se trata de la expansión de un poblado hacia otro.
Déjame darte contexto: durante la campaña de Gyselth, un hombre interfirió entre ella y Lyam de Conquista, asegurando que aquí, donde la magia existe, es el destino divino de Chatarra llevar su civilización, democracia y valores a otras regiones.
¿Y cómo lo hacen? Pues por algo Caldyno creó a los Venusfly, por eso distribuye todo hacía tu hogar y por algo…
tiene a ese dragón con él. Pero, quizás el dragón tenga un objetivo diferente.
Pues, Caldyno, a pesar de su retorcida idea, decía que la piedad era parte de su vocabulario.
¿Crees que intente eliminar y extender sin que nada ni nadie sienta ningún tipo de dolor?
—Si el Ministerio de Protección y Paz lo consideró una vez, ¿quién quita que permitan que los ataques se reproduzcan en cadena sin intervenir? —añado, mientras Yvan niega con la cabeza.
—Hay otra cosa que Caldyno mencionó: el Commercek.
Después de la derrota de Gyselth, así se llamaba la unión de los tres estados de esta región.
Ahora son autónomos y autoritarios sobre sí mismos.
Por eso no podemos dirigirnos a Bosqueoscuro tan fácilmente.
Caldyno está protegido por sus leyes, y enfrentarlo allí sería catastrófico.
Estamos debilitados para un tiempo de guerra civil.
Así que… debemos pensar una estrategia. Nosotros.
—¿Nosotros? —Flagbys abre la boca, incrédula—. Hermano, esto es demasiado para nosotros. No podemos simplemente organizarlo e ir como si fuese tan fácil.
—Lo es —responde Yvan, frunciendo el ceño. Parpadea un par de veces y me mira fijo—. Rodrygo.
Respiro hondo.
—Mis motivos son claros. Si esto perjudica a mi gente, a ustedes, y da respuesta sobre mi amigo, entonces sí. Seamos nosotros quienes intervengamos. Investiguemos. Debe haber estrategias… aunque seamos cuatro contra su ejército.
—Creo que la hay. Y Wyrramm, la marioneta del profesor, pudo grabarlo perfectamente —nos muestra la tableta.
En el video aparece el instante en que comienzo a controlar la marioneta de Flagbys.
Me incomoda un poco, pero seguimos mirando: el golpe contra el dragón, los Venusfly temblando como si una fuerza invisible los sacudiera, algunos cayendo del techo.
El cuerpo de Caldyno los observa con atención y se agacha.
—Esto se traduce como una conexión de energía: la fuente mayor alimentando a los más débiles. Para crear algo así, estoy completamente seguro de que Caldyno usó sus mejores artefactos en esa bestia rodeada de rosas negras.
Me detengo un momento, respiro hondo.
—Es lo que se me ocurre. Y claro… suena tan tonto como decir “derrotemos al dragón”, pero es la realidad. No conozco otra opción. Lo siento… es apenas una primera posibilidad.
—Oh… por Dios —murmura alguien. Yo niego con la cabeza, Yvan asiente con desgano.
—Debemos derrotar al Dragón Mecánico de la Rosa Negra. Si cae, sus Venusfly se debilitarán. Ahí debe estar la magia cibernética que usa. Quedará sin fuerza para combatir. El resto de sus hombres de cabello gris será más fácil de manejar.
—Suena bien —interviene Cynthia, rascándose la barbilla—. Pero aún no somos expertos en el arte de las marionetas. Rodrygo todavía no tiene una. Además, mañana será su prueba final.
Gira su cabeza hacia mí.
—Escuché rumores de lo que hiciste en la clase con el profesor de meditación, Rodrygo. Controlaste una marioneta… y la de un profesor.
Creo que mi barbilla está a punto de tocar el suelo.
Qué rápido se extienden los rumores aquí.
Me pregunto si fue el mismo profesor quien propagó aquel acontecimiento o si alguien más lo hizo, que lo dudo, era una sesión privada.
Es algo que no sé ni comprendo, tampoco es algo que haya podido encontrar en ningún libro.
Parece demasiado extraño, incluso para un lugar donde todos están rodeados de pizcas de magia y sucesos sobrenaturales.
Pero ¿qué puedo hacer para remediarlo? No lo sé. Tampoco sé cómo esto llegará a los directivos. Esteban ya me lo advirtió. ¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo?
Al pensar en Esteban, siento un pequeño vuelco en el corazón. Debe ser por todo lo que está pasando. Y de pronto me acuerdo de mi amigo Nick… quizá lo haya encontrado, o quizá no. Creo que sería uno de los primeros en saberlo, ¿no?
Noto que todos me miran al mismo tiempo.
—No es un juego. Eso es algo poco común aquí —sentencia Cynthia, rompiendo el silencio.
—No lo hago porque quiero. La vez que pude controlar una marioneta…
ni siquiera sé si realmente la controlé.
Fue para protegernos de ese enorme dragón.
Mejor enfoquémonos en entrenar duro y trazar la siguiente misión después de que yo pueda pasar la clase de combate y simulación, y obtener mi propia marioneta.
—No me molesta cooperar con ustedes, aunque no tenga marioneta —digo, encogiéndome de hombros.
—Sí, pero no está bien que controles las marionetas de otros, Rodrygo. Es magia con la que juegas. No es algo que puedas hacer a tu gusto —responde Cynthia, frunciendo el ceño.
—No lo hago por gusto, Cynthia. Entiende que es algo que desconozco. Y si ustedes también lo desconocen, ¿qué quedará de mí? —mi voz se endurece—. Además, si hablamos de gustos, tú tienes uno: el de mentirnos, por no decirnos qué relación tienes con el Comandante de Protección y Paz.
Cynthia se pone de pie y nos da la espalda.
—No hay mucho de qué hablar sobre ese tema, chicos.
—Es tiempo de que nos lo digas, Cynthia —dispara Flagbys.
—Confiamos en ti. Ahora te toca a ti confiar en nosotros —agrega Yvan, cruzándose de brazos.
Ella suspira.
—Les diré… pero mejor salgamos. Escuché que algo bonito sucederá esta noche. ¿Les parece subir a lo alto de la torre?
—¿Algo bonito? —pregunto.
Asentimos al mismo tiempo. Nos ponemos nuestros suéteres y subimos juntos hacia la cima de la torre.
Afortunadamente para nosotros, no hay nadie en el amplio techo de la Torre de Reposo, un círculo perfecto de roca negra que se alza como un guardián silencioso sobre la Sociedad del HIlo.
El viento helado nos golpea los rostros, trayendo consigo un murmullo que parece provenir de las entrañas de la piedra.
Procuramos sentarnos al borde, con cuidado, como si el vacío mismo nos observara.
Ayudamos a Cynthia a acomodarse y nos alineamos en una fila: Flagbys a mi lado derecho, Yvan al izquierdo, y Cynthia junto a él.
Ella nos pide que levantemos la mirada. Obedecemos.
En ese instante siento que mi corazón se detiene, suspendido en el aire, para luego reanudarse en latidos de pura alegría.
Flagbys desliza lentamente sus dedos entre los míos.
Me sorprendo, bajo la mirada y descubro sus dedos entrelazados con los míos.
Una calidez inesperada me recorre. Sonrío, con toda la sinceridad que puedo ofrecer.
Desde que estoy aquí, este es el momento más bonito y divertido que he vivido con el grupo de los inválidos.
Sobre nuestras cabezas, el cielo nocturno se abre como un telón infinito: millones de estrellas fugaces y cometas rasgan la oscuridad limpia, sin luna y sin nubes.
Los colores son incontables, formando un arcoíris cósmico que se entrelaza con el fuego de las colas de las estrellas.
Es un espectáculo que parece imposible de describir, como si el universo nos regalara un secreto.