Capítulo 14
“El Umbral es el nombre no oficial de territorios no cartografiados, ubicados más allá de las fronteras mágicamente establecidas por la Sociedad del Hilo y el Cónclave.
Estos sectores presentan alteraciones impredecibles en el comportamiento de las marionetas, produciendo mutaciones tanto físicas como etéreas en su estructura y vínculo.
Su existencia no es reconocida por el Ministerio de Defensa, y toda mención pública está sujeta a censura directa del Cónclave del Hilo.
—Compendio Oficial de la Sociedad del Hilo en todas las jurisdicciones de la antigua Commercek.
—Tienes todo el pecho rojo y algunas heridas, pero vas a estar bien —dice Flagbys, con un tono apenado mientras pasa una toalla húmeda con agua antibacteriana sobre mi piel.
Su tacto es suave, pero firme, como si quisiera borrar no solo el ardor, sino todo lo que acaba de pasar.
Sí, fue una completa locura. Pero, estando en este sitio, puedes llegar a sentir que esos escenarios forman parte de la cotidianidad y por más que te enfrasques en querer detener o reducir los riesgos, es verdaderamente pesado y difícil.
Echo la cabeza hacia atrás, cierro los ojos un segundo y exhalo un suspiro leve.
—¿Te arde mucho? —pregunta.
—No —niego con la cabeza—. Realmente no duele.
No físicamente. —Mentalmente, hay algo que no está bien y lo identifico con el deseo de querer dormir por más de una semana.
No sé por qué. Quizás tenga mucho que ver con lo que aconteció con la marioneta de Flagbys.
Es como si mis ganas de correr o hacer cualquier actividad, como a su vez la de pensar, se esfuman repentinamente.
Estamos solo ella y yo en mi cuarto. Y aunque me agrada su compañía, no puedo evitar sentir la ausencia de su hermano.
Yvan fue llamado a la Torre Principal por los altos mandos para hablar sobre su intervención con la marioneta.
No sabía que usar nuestras marionetas para defendernos entre nosotros era una ruptura directa del código. Grave. Muy grave.
—Hay tantas cosas que no sé —digo en voz baja, más para mí que para ella—. Más allá de los riesgos con los Venusfly y ese grupo terrorista, también están estas reglas… tan complejas, tan estrictas…
Flagbys deja la toalla a un lado y me ayuda a incorporarme lentamente. Me mira con una expresión que no puedo descifrar del todo.
—¿Crees que estará bien? —pregunto. Estoy preocupado por Yvan, pero también por ella. Sus ojos lo reflejan.
Ella asiente apenas, y entonces, tras un momento de silencio, suelta algo que no esperaba.
—Yo también tengo una hermana. Tenía —corrige, con la voz apagada—. Se llamaba Isabel. Tenía quince años.
Sus ojos azules se clavan en los míos, y de pronto entiendo que lo que está a punto de decir no es algo que suela compartir.
—¿Qué sucedió?
—Las primeras veces… Yvan y yo no pudimos pasar las pruebas de meditación.
No era por falta de habilidad, sino porque…
fuimos testigos de cómo la mataron. Mi hermana.
La vimos morir. Frente a nosotros. Fue hace unos años.
El recuerdo todavía me aturde —hace una pausa, toma aire como si ese simple acto doliera—.
A veces, me cuesta incluso hacer memoria.
No sé si debería preguntar más. Quizás sea mejor guardar silencio, pero ella continúa:
—Su nombre era Isabel Perla. Bonito, ¿no crees?
—Muy bonito —respondo en voz baja.
—Antes de morir nos dijo algo importante. Que Yvan y yo… que nos perdonáramos. Tardamos tiempo en entender lo que eso significaba. Después de muchos fracasos, después de tantos intentos fallidos, hablamos… y lo hicimos.
Me acerco un poco a ella, sin pensarlo.
—¿Y tú? ¿Tu hermana sabía que vendrías aquí? —pregunta entonces, con voz suave.
Asiento. El pecho me duele, no tanto por la herida, sino por lo que voy a decir.
—Me pidió que la perdonara… a mi madre —corrijo enseguida. Flagbys parpadea, confundida.
—¿A tu madre?
—Sí. Ella y yo… no hablamos desde hace años. Pero mi hermana dijo que debía dejar ir ese rencor.
Ella asiente, como si entendiera perfectamente.
—A veces nos desgastamos tanto tratando de recordar por qué nos alejamos de alguien, que olvidamos que es más sabio soltar… y seguir —dice ella, y se gira un poco, suspirando.
Sé que en el fondo tiene miedo por lo que puedan hacerle a Yvan.
—No le pasará nada —le prometo—. Yvan es un gran estudiante. Un marionetista brillante. Solo quería protegerte.
Ella baja la mirada, y con un gesto suave, le levanto el rostro para que me mire.
—No hagas eso.
—Es mi culpa… —susurra, pero no la dejo apartar la mirada.
—No lo es. A veces ellas… simplemente no responden. Son violentas. Poderosas. Pero eso no las hace imposibles de comprender.
—Ella no me escuchaba… —musita.
—¿Le has preguntado su nombre?
Flagbys asiente con una sonrisa débil.
—Kyramm. Se llama Kyramm.
Asiento, complacido.
—Eso es un buen comienzo. El vínculo se construye desde esas pequeñas cosas. Si quieres, puedo ayudarte a fortalecerlo.
Sus ojos brillan por un instante, con algo parecido a la esperanza.
La noche afuera está cargada de humedad y un frío de esos que se cuela en los huesos. Yo sigo sin camisa, pero en este momento me importa poco. Ella me está mirando. Yo la estoy mirando.
—Tú y Kyramm van a ser las mejores —le digo con una sonrisa.
—Eso espero… —bromea—. Si no, seré historia en un abrir y cerrar de ojos.
—Cuando llegaste aquí, a la Sociedad del Hilo… ¿te sentías lista?
Ella niega lentamente.
—No. Nunca te sientes listo. Solo… avanzas.
Sus palabras me hacen recordar el momento en que llegué. El pueblo anterior, la comida que aún recuerdo con gusto. Y luego, la pregunta de Esteban al recibirme: “¿Estás listo para lo que hay aquí?”
No lo estaba. Tal vez aún no lo estoy. Pero si Fylian está en peligro… entonces sí. Entonces tengo que seguir. Porque este lugar, este mundo de marionetas, vínculos rotos y secretos escondidos, puede quebrarte los huesos, pero también puede enseñarte cómo volver a armarte.
—Te quería preguntar algo, Rodrygo.
—También me puedes decir Rodry —respondo rápido, con una pequeña sonrisa—. Así me dicen de cariño. Ya sabes, como a ti te pueden decir Flag.
Ella sonríe levemente.
—Está bien, Rodry —dice, enfatizando el apodo con un tono amable—. ¿Qué te ha parecido la experiencia en Chatarra?
La pregunta me toma un poco por sorpresa, pero ordeno mis ideas para responderle con claridad.
—Mucha tradición. Unión. Humanización. Hospitalidad —respondo con sinceridad. Es lo primero que me viene a la mente, pero es real.
Desde la frontera de Chatarra hasta los pueblos y pequeños núcleos urbanos que se extienden hasta el corazón mismo de la Sociedad del Hilo, la gente aquí es distinta.
Más humana. Bailan, se ríen, disfrutan de la vida con lo poco que tienen.
Aunque no están tan atrasados tecnológicamente, la forma en que viven es muy distinta a Conquista.
Allí todo es más automatizado, más frío… más rutinario.
Flagbys asiente, con esa expresión soñadora que le he visto antes.
—Espero algún día conocer el lugar de dónde vienes —dice, y sin añadir más, sale de mi habitación.
Cae un poco de nieve en esta oportunidad. Es ya de tarde. Un domingo tranquilo en la Sociedad del Hilo. Sin tantos pasos por todos lados, ni bulla. Silencio. Lo que a mí particularmente me gusta, y más cuando cae la noche.
El campo de entrenamiento está casi vacío por ser un día de descanso.
Solo queda el eco seco de unos pasos firmes, una figura moviéndose entre sombras, y el sonido metálico y desacompasado de una marioneta que no logra encontrar su ritmo.
Pero yo sé que pronto lograrán vincularse.
Me cruzo de brazos, recostándome sobre una pared.
Desde este punto se ve fácil, pero sé que no lo es.
Kyramm se tambalea frente a Flagbys. Parece dudar de cada movimiento, como si algo dentro de ella no supiera hacia dónde ir. Flagbys respira entrecortado. Está frustrada, los dedos le tiemblan como si el vínculo se le estuviera escapando de las manos.
—Estás forzándola —digo desde la penumbra, dejando que mi voz la alcance con cuidado—. Kyramm es todo lo opuesto a ti por lo que veo. Pero, se ven bastante bien juntas, ¿no crees? —le digo, simplemente, para suavizar un poco las cosas porque considero que es lo que ella necesita en estos momentos.
Ella se sobresalta. Gira la cabeza y me mira por encima del hombro, sorprendida. No dice nada al principio, pero sé que está pensando en si debería hablarme o no.
—¿No deberías estar descansando? —agrego, mientras me acerco, tranquilo—. Después de ayer…
Me detengo a un par de pasos. Su cabello cae sobre los hombros, suelto, y se mueve con un leve temblor. Está agotada.
—No puedo —susurra al fin, sin levantar la vista—. No si sigue sin responderme.
Hace una pausa breve. La veo apretar las manos, luchando contra algo más grande que el cansancio.
—Las clases de Clockyn son cada vez más estrictas —continúa—.
A medida que escasean los marionetistas, los pocos que quedamos debemos duplicar la fuerza de diez.
Diez, Rodry. En uno solo. No quiero quedarme atrás.
Por más torpe que sea, debo intentarlo… aunque me parta en mil pedazos. ¿Me entiendes?
Sus palabras me atraviesan. Sí, la entiendo. Más de lo que cree.
—Te entiendo —respondo, sin pensarlo demasiado—. Estás luchando por mantener viva una conexión. Yo me esfuerzo porque… bueno, mi principal objetivo aquí es encontrar a mi mejor amigo. A Fylian.
Ambos tenemos razones que nos consumen. Pero es eso lo que nos mantiene de pie, ¿no?
—No estás sola, Flag —añado después de un momento, con voz más baja—. Y no eres torpe. Eres valiente.
Observo a Kyramm. Hay algo roto en su conexión. No es desobediencia. Es miedo. O desconfianza.
—No es que no quiera —le digo, bajando un poco la voz—. Es que estás tratando de imponerle algo que aún no nace. Ella necesita confiar en ti. No obedecerte.