La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—El hecho de que una de tus tres amigas maneje el arte del Espectáculo de Marionetas no significa que sea fácil conseguir información para acercarnos a Fylian, Rodrygo.

Y te traje aquí porque él me lo pidió. Así que dime tú: ¿cuál es la diferencia entre arriesgar tu vida para reencontrarte con él y prepararte para volver con vida? —Esteban suspira—. Ninguna.

Me mira con esa severidad que siempre arrastra consigo.

—Te lo volveré a decir, Rodry. Tus ojos tampoco van a brillar para decirme la verdad —añade, con un dejo de resignación—.

Y será mejor que empieces a actuar con un poco más de inteligencia.

Todo esto es jodidamente real. Tan real que te pueden romper los huesos estando secuestrado…

o torturado por esas personas. No busques que te lleve a Conquista solo para que tu hermana Myriam te entierre.

Pasa junto a mí sin mirarme directamente. Se detiene en el marco de la puerta antes de irse, como si dejara algo pendiente.

—Haz un esfuerzo y gánate tu herramienta. Que mi silencio y distancia parezcan algo negativo no significa que no esté haciendo todo lo posible… por él. Y también por ti, Rodrygo Clynk. Y deja de estar comiendo mucho cereal de granola. Los cocineros ya no saben cómo decírmelo.

Y se marcha. Sin agregar una maldita palabra más.

Golpeo la silla de mi cuarto con fuerza. Sale disparada contra la pared. Esto es una maldita broma. ¿Sermonearme a mí? ¿Qué demonios cree que hace Esteban?

El nuevo corte escolar ha comenzado. Son tres cortes en total. Las clases de Traducción de la lengua Veenum son nuestro primer reto en la Torre de Teoría. Ahora entiendo que esta es la lengua que hablan aquí, y que fue utilizada por quienes controlaban a las marionetas.

Nos sentamos en las gradas superiores. El profesor Wylcam nos da la bienvenida.

Yvan, Flagbys y Cynthia se acomodan cerca de mí mientras escuchamos los principios verbales y gramaticales.

Según Wylcam, esta lengua también es útil para misiones de sigilo: protege la información, impide filtraciones, y neutraliza las intenciones enemigas de usar el lenguaje como arma.

Asiento, aunque sigo con la cabeza en otra parte. Una parte que se llama: Esteban.

—Nos hemos atrasado un poco —dice Yvan mientras saca su tableta virtual, el cristal translúcido iluminando apenas su rostro bajo la luz tenue del aula que está en silencio mientras las palabras del profesor se comparten y viajan por el aire de la habitación.

Sus ojos recorren la información proyectada con rapidez, sus dedos bailan sobre el aire—.

Pero Flagbys consiguió entrevistar a Emmett en secreto.

Así que eso juega a nuestro favor. Y… también alcancé a analizar la rosa negra.

Al mencionar el nombre, un leve escalofrío me recorre la espalda.

Emmett. Desde que lo rescatamos del ataque de los Venusfly y el grupo de los encapuchados de cabello gris en Aprilcol, ese sujeto siempre ha sido un enigma andante.

Yvan alza una ceja como si leyera mis pensamientos, pero sigue hablando, sin dejar espacio al silencio.

—Para que todos lo sepan… —agrega, haciendo una pausa dramática mientras nos mira a cada uno— la marioneta de ella tiene una habilidad muy rara: manipulación temporal y sigilo. Limitada, sí, pero efectiva. Solo funciona con personas de mente débil, pero… ¿no es eso genial?

—¡Genial y más! —interrumpe Cynthia con un chispazo de entusiasmo inusual, su voz quebrando un poco la tensión. El brillo en sus ojos es como una chispa eléctrica, rápida pero contagiosa. Me sorprende verla así, tan viva. Me alegra. Por un segundo, todo el peso de lo que nos rodea se diluye.

Flagbys, al otro lado de la mesa, simplemente se encoge de hombros, pero su pequeña sonrisa traiciona su orgullo.

Su marioneta, una figura que apenas hemos logrado ver por completo, es una sombra elegante, sigilosa como el pensamiento antes de que se forme por completo.

La idea de que pueda alterar percepciones de tiempo me resulta… inquietante. Y útil.

—¿Cómo lo lograste? —pregunto, curioso, volviéndome hacia ella.

—No lo logré yo —responde Flagbys, y por un momento su voz se vuelve más baja, casi un susurro—.

Fue ella. Mi marioneta. Solo me dejo guiar.

La mente de Emmett… está llena de grietas.

En esas grietas es donde ella se mueve. Como las de todos.

Para añadir más a los casos de las clases de meditación, ahora entiendo un poco más el porqué no pide reforzar más la mente.

Las marionetas tienen capacidades de infiltrarse ahí y causar mucho daño al parecer.

El aire se torna más denso. Nadie dice nada por unos segundos. Todos pensamos lo mismo: si alguien como Emmett tiene una mente vulnerable… ¿qué tan peligrosa es la información que guarda?

Yvan rompe el silencio con un gesto de su dedo en la tableta, mostrándonos un mapa holográfico del establecimiento de Emmett.

—Parece que había puntos estratégicos para almacenar mercancía en la parte trasera del establecimiento —dice Yvan, ampliando el mapa con un gesto de su mano.

Su voz es baja, casi en tono de conspiración.

La luz holográfica proyecta sombras en su rostro, haciéndolo ver más serio, más maduro de lo habitual—.

Eran indetectables. Bien ocultos. Supieron cómo burlar las redadas de los especialistas, incluso en una zona donde la vigilancia es brutal.

Hace una pausa y señala con precisión.

—Quise trazar un patrón. Primero, la lechería funcionaba como punto de emisión. Por debajo, un circuito subterráneo permitía que los mensajes —o en este caso, los productos— llegaran al receptor de manera rápida y discreta. Así también funciona o, bueno, funcionaba el puesto de Emmett.

La línea roja del holograma se extiende como una cicatriz sobre el mapa.

—Todo parece indicar que Aprilcol conserva un rango de túneles.

Estos túneles se construyeron originalmente como refugios durante las primeras guerras civiles, cuando todo aún se llamaba Commercek.

Sorprendentemente, el trazado conecta con un punto de descarga cercano a…

—baja aún más la voz, casi un susurro, y marca el lugar con la línea gruesa roja— el mismo sitio donde se codificó la tarjeta verde.

Se inclina hacia nosotros, con los ojos brillando de concentración.

—La tarjeta no es un simple identificador.

Funciona como llave de apertura, pero solo en ese punto específico.

El código de rastreo se inyectó para delimitar la activación: no abre cualquier sede, solo esa.

Es un sistema de control diseñado para que la apertura quede registrada y, al mismo tiempo, restringida.

El silencio se vuelve pesado. La explicación de Yvan no suena a teoría improvisada, sino a un análisis meticuloso, como si cada palabra estuviera respaldada por datos y cálculos invisibles.

Hace una pausa. El aire del salón parece comprimirse.

—Lamentablemente —continúa—, compartir esta información sería como colocarnos una cuerda sobre el cuello. Literalmente. Si alguien más la escucha… podrían acusarnos de colaborar, de encubrir.

Se inclina un poco hacia adelante, sus ojos clavándose en los nuestros con una intensidad que no le conocía.

—Así que decido reservarla. Solo para nosotros. Para nuestro objetivo. Para Fylian. ¿Les parece bien?

Asiento, sintiendo cómo el pulso se me acelera con solo pensar en lo que podría haber en ese lugar.

La calma está a punto de terminar.

—¿Entrevistarlo? —frunzo el ceño—. ¿Qué impide que ya haya hablado con los demás? Con los capitanes. Con los directivos. Fue un caso de alta gravedad, ¿no creen ustedes?

Mis ojos lo taladran. Pero él niega con la cabeza.

—No dirá nada. Solo a ella, a Flagbys —señala con la barbilla a su hermana, que escucha al profesor con atención concentrada—. Le contará todo solo a ella, pero a cambio de que nos deshagamos de la mercancía cuanto antes.

—¿Dónde está esa mercancía?

—En su establecimiento aún. Teóricamente no se dañó, según él. Podemos revisar después de interrogarlo esta noche.

—¿Y qué esperan conseguir? —insisto.

—Pistas del segundo bloque de búsqueda, sobre Fylian y Kyra.

Ellos también rastrearon ese sitio… los lagos boscosos en la frontera con Bosqueoscuro y hay mucha conexión, aunque no lo creas, Rodry —asiento, en silencio—.

Pero hay más. Debemos precavernos. Grealish y Murmush dijeron que mañana llegarán nuevas personas.

Como tenemos el día libre, podríamos escabullirnos.

Es increíble cómo Yvan puede armar estos planes en momentos tan críticos. Tomo notas sin muchas ganas, prestando más atención a lo que dice él que al profesor.

—Y aún hay más —añade Yvan—. Hoy comienzan los preparativos administrativos para el torneo. Seremos sede. Así que pronto vendrán estudiantes de otras jurisdicciones. Hay que estar atentos y no dejarnos distraer. Rodrygo…

Pone una mano en mi hombro.

—Este corte te irá muy bien. Te lo aseguro —me sonríe.

—Gracias —respondo—. Y una duda, ¿la rosa negra? —Yvan niega con la cabeza.

—Lo único que pude analizar hasta ahora es que su estructura parece originarse alrededor de un núcleo de calor, lo cual le permite resistir temperaturas extremadamente altas.

Debo seguir investigando, porque de momento no he podido determinar ninguna relación directa con otros elementos conocidos.

Incluso al comparar fragmentos de Venusfly que recogí en las batallas, no encontré coincidencias en la composición ni en los patrones energéticos. Con ella… sigue siendo un misterio.

Estamos entrando a diciembre. Los vientos invernales ya soplan con fuerza. Después de clase, nos dirigimos a un patio alejado de las torres principales de la Sociedad del Hilo. El lugar es enorme… y, a pesar de eso, hay tan pocos marionetistas.