Capítulo 9 #7
La bestia ruge de nuevo, pero esta vez, a su favor.
—No lo creo… —murmura Flag, con los ojos abiertos de par en par.
El gorila golpea al Venusfly con un puño que resuena como un trueno.
El impacto hace volar engranajes, fluidos aceitosos y pedazos de hierro.
Otra guadaña intenta cortar al gigante por la mitad, pero Cynthia mueve su muñeca y la criatura salta hacia atrás con agilidad brutal.
Luego, con un grito que no sé si es de ella o de su creación, lanza un golpe descendente que parte a otra Venusfly en dos y seguido de eso, un rugido de victoria.
La criatura mecánica se derrumba con un chillido metálico, sus piezas esparcidas sobre la arena.
—Ella es… fantástica —logro decir, sin apartar los ojos del espectáculo.
Yvan aparece a mi lado sin que me dé cuenta, su voz grave cortando el ruido del combate como una hoja afilada:
—Fantástica será la charla que tendrán cuando esto termine. Tenemos una nueva compañía, chicos.
La amenaza, aunque suave, tiene un tono tan autoritario que por un segundo olvido que estamos rodeados de monstruos. Pero el caos no acaba ahí. Un rugido dorado divide el aire. Uno que conozco demasiado bien.
Me giro hacia la colina y veo una silueta luminosa bajando a toda velocidad.
—No puede ser… —susurro.
El capitán Esteban entra en escena, liderando a su Destello Dorado. A su lado, está acompañado por Grealish, Murmush y… su papá.
Esteban levanta una mano.
—¡A los Venusfly! —ordena Esteban con una voz que corta el aire como un látigo—. ¡Grealish, rodear el perímetro!
Grealish asiente, y con un movimiento ágil de dedos y muñecas activa su marioneta arrojando una serpiente de fuego que se despliega alrededor del complejo de trenes.
Las llamas se elevan formando un círculo ardiente que impide la salida de los monstruos.
Veo claramente cómo algunos Venusfly intentan escapar, pero el fuego los retiene, obligándolos a retroceder.
El resplandor ilumina la arena blanca, tiñéndola de tonos rojos y naranjas bajo la luna.
—Bien, Grealish, eso es —añade Esteban, mientras sus manos se mueven con agilidad, como si él mismo estuviera avanzando en el campo de batalla. A su señal, Kendram lanza cuchillos de energía electromagnética que atraviesan el aire y revientan a los Venusfly en una lluvia de chispas y engranajes.
—¡Murmush, perímetro en altura, ahora! ¡Sobre los techos de los trenes! —grita Esteban.
Murmush corre con destreza, trepa a uno de los vagones y su marioneta comienza a disparar ráfagas de energía contra los Venusfly que intentan trepar por los costados.
El sonido metálico de las guadañas chocando con espadas de luz llena la noche.
Chispas, arena y gritos se mezclan en un caos que hace temblar el suelo.
Y aun así… no estamos retrocediendo.
—Rodry, ¿qué hacemos? —pregunta Flag, con la voz temblorosa, los ojos fijos en el círculo de fuego que nos rodea.
Observo el caos delante de mí: la mujer misteriosa desapareciendo, los Venusfly multiplicándose, nuestras fuerzas luchando por no triturarse. Trago saliva.
—Hacemos lo que vinimos a hacer —respondo con firmeza—. Vivir lo suficiente para descubrir qué esconden. Y… ayudar a proteger a los civiles. ¡Metámoslos dentro de los trenes, el perímetro de fuego los mantendrá seguros!
Flag aprieta los dientes y asiente. Yvan se adelanta sin dudar. Cynthia, sin mirarnos, sigue moviendo los hilos invisibles de su marioneta gigante que parece un gorila turquesa de cuatro brazos, que arrasa con los enemigos y abre espacio para que podamos actuar.
Nos lanzamos hacia los civiles atrapados. El círculo de fuego de Grealish ilumina sus rostros aterrados. Una madre grita buscando a sus hijos, un anciano tropieza intentando huir, y varios niños se aferran a las barandas oxidadas de los vagones.
—¡Por aquí! ¡Dentro de los trenes! —grito, levantando la voz por encima del rugido metálico de los Venusfly.
Flag ayuda a levantar a una mujer herida, Yvan carga a un niño en brazos, y yo empujo a dos adolescentes hacia la entrada de un vagón. El calor del fuego nos rodea, pero también nos protege.
Un Venusfly intenta atravesar el círculo, pero la serpiente de fuego creada de Grealish lo envuelve en llamas y lo reduce a un montón de hierro retorcido. El aire huele a aceite quemado y arena chamuscada.
Finalmente, logro meter a los últimos niños dentro de un tren y cerrar la puerta con un golpe seco. El silencio dentro del vagón contrasta con el estruendo afuera. Me giro, jadeando, y entonces lo veo. Esteban.
Está de pie sobre la arena blanca, la luna iluminando su silueta. Sus espadas brillan mientras mueve su marioneta, que lanza cuchillos de energía contra los Venusfly con precisión mortal. Sus ojos se clavan en mí, serios, pero con un destello de ironía.
—Están en graves problemas, saben, ¿no? —dice, con una media sonrisa, mientras otro cuchillo atraviesa el cráneo metálico de un Venusfly.
El círculo de fuego sigue ardiendo, las marionetas combaten sin descanso, y la ciudad de trenes se convierte en un campo de batalla bajo la luna.