La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 7 #2
22%

Capítulo 7 #2

—Los exámenes para ascender de año están cerca, lo sabes —continúa Yvan, enderezándose un poco—.

Serán semanas intensas de pruebas constantes.

Los últimos dos se reservan para el Gran Torneo de los Marionetistas, que dura varias semanas.

Después de eso… viene lo verdaderamente duro: el bloque de intensivos de combate.

Y este año… somos sede. Prepárate para que todo se vuelva un completo caos.

Cynthia, que está sentada en el suelo con las piernas cruzadas, juega con un mechón de su cabello castaño claro. Lo echa hacia un lado con un soplido decidido.

—Yo quiero participar —dice con firmeza, aunque su voz suena suave, casi inofensiva—. Puedo hacerlo. Tengo marioneta.

Nos sorprende la seguridad con la que habla de ella, como si fuera parte de sí misma. Luego baja la mirada, pensativa.

—Pero Encastrol no querrá hacerlo, así que debo respetar su decisión. Aunque… dentro de unos meses, capaz lo convenza.

El silencio se instala por un momento. La lámpara parpadea y el aire se siente más pesado.

No hemos visto en acción la marioneta de Cynthia. Ella nunca nos ha dicho de qué raza pertenece, y nadie aquí lo sabe. Lo que sí me molesta es que varios estudiantes la molestan constantemente y ella no se defiende. No la tratan con el respeto que se merece; después de todo, tiene una marioneta.

La observo mientras acaricia distraídamente la tela de su falda, con una calma que parece esconder algo más profundo.

Flagbys la mira de reojo, como si quisiera decir algo, pero se contuviera.

Yo aprieto los puños, sintiendo que la injusticia hacia ella es también un reflejo de lo que todos cargamos: secretos, heridas, silencios.

En fin… —suspira un poco fastidiada—. La frontera es solo responsabilidad de Chatarra; los otros dos estados simplemente se hacen de la vista gorda porque tienen más responsabilidades que atender.

Prefieren dejar el problema de la frontera en nuestras manos, además de que tenemos más marionetistas aquí en la frontera y en la línea entre el Jardín de Espadas y el Páramo de Cosecha.

Eso les da razones para delegar ese asunto a nosotros.

—Mencionar el Jardín de Espadas me recuerda a la marionetista Haalynd y a su Luna Victoria.

La imagen de Haalynd, con su cabello oscuro y completamente rizado y sus ojos chispeantes, me vino a la mente, junto con la marioneta que siempre parecía bailar a su alrededor, como si compartieran un vínculo especial.

—Lo que sí me enoja… es que dicen que la frontera debe contener para que nada salga. ¿Y nosotros? ¿Nadie piensa en protegernos a nosotros? ¿Qué pasa si Conquista decide volver?

Cynthia se detiene de golpe. Su mirada ciega, cubierta por la venda verde, se vuelve hacia mí como si pudiera verme. Como si hubiera recordado de pronto quién soy. Uno de “los de la superficie”.

Un leve rubor le tiñe las mejillas pálidas.

—Disculpa, Rodry —murmura, más suave.

—Yo entiendo —respondo, intentando esbozar una sonrisa que sé que no puede ver, pero que espero sienta en mi voz—. No tienes que disculparte. Esteban me dijo algo parecido una vez… que la frontera es tanto para proteger al mundo exterior como para asegurarse de que lo de aquí no suba. Y yo…

Me detengo. Me cuesta decirlo. Me cuesta respirar.

—Yo me topé con un Venusfly.

Al principio no sé por qué se los comenté. Es un tema delicado, pero algo dentro de mí se encendió, como una idea en transición, en curso. Quizás porque siento que no puedo cargar con esto solo.

Yvan es inteligente, organizado y estructurado.

A pesar de que tenemos la misma edad, parece tomarse todo en serio, como si intentara sorprender a alguien o demostrar algo más grande.

Su hermana gemela, en cambio, comparte casi sus mismos rasgos: ojos azules, cabello dorado y pecas.

Flagbys, aunque un poco torpe, tiene talento para ciertas cosas, y estoy seguro de que puede aportar más de lo que aparenta.

Cynthia… ella es distinta. Aunque parece frágil, hay algo hostil en su interior, como si se contuviera demasiado cuando le lanzan insultos. Muchas veces soy yo quien interviene en el comedor para defenderla, pero ahora que lo pienso… quizás esa fuerza contenida sea más útil de lo que imagino.

Y entonces me doy cuenta: ellos podrían ayudarme. Si decido emprender por mi cuenta la búsqueda, organizarme y descifrar el porqué de la desaparición de mi mejor amigo, no tendría que hacerlo solo. Podría apoyarme en ellos, mientras sigo con los estudios aquí, fortaleciendo mis habilidades.

Porque, sinceramente, todo es confuso. Esteban no me habla, y me siento atrapado en este lugar, pasando horas, días, semanas… sin saber nada más sobre mi mejor amigo. Y esa ausencia me pesa como una piedra en el pecho.

Las miradas se giran hacia mí como un enjambre silencioso. Hay sorpresa, sí, pero también una chispa de inquietud. Como si acabara de arrojar una bomba en medio de nuestra conversación.

—Nos atacó —suelto, con la voz aún marcada por esa punzada fría que me recorre la espalda cada vez que recuerdo la escena—.

Ya saben… cabeza de rosa, guadañas en vez de manos, espinas por todo su cuerpo delgado.

Era algo inquietante. Casi hermoso, pero retorcido.

Fue divertido, supongo, pero también… me dejó un miedo raro.

Profundo. Como si se hubiera quedado dentro de mí.

Yvan asiente lentamente, frunciendo el ceño como si pudiera ver al Venusfly con solo invocarlo en su mente.

—Sí. Conocemos bien a los Venusfly. Se dice que vienen de Bosqueoscuro, pero hay tantas teorías que ya no importa de dónde salieron.

Lo que importa es que si los ves… los enfrentas.

Aunque claro, la seguridad ha crecido, pero sin suficientes marionetistas…

eso es un lujo. Pero sobreviviste, Rodrygo. Y vaya bienvenida que te dieron.

El silencio se instala con un peso denso entre nosotros.

Casi puedo oír cómo cada uno procesa lo que acabo de decir.

Mis recuerdos no me dan tregua: su forma de moverse, quebrando ramas sin esfuerzo, cortando el aire con esas guadañas, como si danzara entre la muerte y la elegancia.

La piel de pétalos y venas oscuras, sus ojos sin pupilas…

una belleza tan macabra que todavía me eriza la piel.

—Ahora que lo mencionas —interrumpe Yvan, cruzándose de brazos—, en la zona rural al este de la Sociedad del Hilo hay un grupo que trafica con partes de Venusfly. Dicen que lo hacen para un festival local. Sí, suena raro.

—¿Partes de Venusfly? —pregunto, aún sin comprender del todo—.

¿Cómo… trozos de su cuerpo? ¿Y para qué, exactamente?

¿Qué clase de festival están organizando?

No me suena a algo que se haga en la Sociedad del Hilo.

—Pues, leyendo sobre este lugar, no parece tradicional unido a la existencia de las personas aquí.

Yvan suelta una pequeña risa, pero no es divertida. Es una risa cargada de desconfianza.

—Eso mismo me pregunto yo —dice Yvan, bajando la voz como si compartiera un secreto.

Sus ojos azules brillan con seriedad, y su postura rígida lo hace parecer mayor de lo que es—.

Se dice que existe un festival en el que los participantes usan los restos de los Venusfly para crear arte.

Esculturas, máscaras, adornos. Cuentan que hacen “piezas de colección” con las partes más inusuales, las más raras.

A algunos les pagan bien por conseguirlas.

Claramente, es algo completamente ilegal.

Pero existen métodos para marear a la autoridad.

Hace una pausa, mirando hacia nosotros.

—Y cómo lo sé… cerca de Aprilcol, un comerciante lo mencionó de manera imprudente. Creo que es un punto de inicio, ¿no lo crees, Rodry?

Cynthia, que hasta ahora había permanecido en silencio, frunce el ceño. Su cabello castaño claro cae sobre un hombro mientras sus dedos juegan con el borde de su falda.

—¿Un festival de arte usando partes de esas criaturas? —su tono es frío, calculador—. Eso suena a una excusa para algo mucho más oscuro. ¿Quién se atrevería a exhibir trozos de un Venusfly, sabiendo lo que representan? No tiene sentido.

Flagbys asiente lentamente, con la mirada fija en el suelo. Sus pecas resaltan bajo la luz tenue, y parece debatirse entre la incredulidad y la preocupación.

—A mí me huele a algo más —añade Flag, levantando la vista con seriedad poco habitual en ella—.

Estos grupos no solo buscan dinero fácil.

El tráfico de partes de Venusfly podría ser una forma de obtener algo más…

algo que ni siquiera sabemos qué es. La Sociedad del Hilo no tiene registro de ningún festival así.

Ni rastro. Y eso, para mí, es una señal.

Yo aprieto los puños, recordando el golpe brutal del Venusfly que me atacó. El miedo, el sabor metálico de la sangre, la impotencia. Y ahora, la desaparición de Fylian se mezcla con todo esto, como si las piezas encajaran en un rompecabezas demasiado grande.

—¿Y qué hacemos con esa información? —pregunto, con escepticismo y un nudo en la garganta—.

¿Acaso vamos a ir a esa zona rural a investigar un “festival” que ni siquiera sabemos si existe?

Nos arriesgaríamos a ser atrapados por esos grupos, si realmente están detrás de algo más turbio.

No quiero meterme en un lío sin tener un plan.

Yvan se da vuelta para mirar por la ventana. La brisa mueve su cabello dorado y su silueta se recorta contra la luz exterior.

—Lo que intento decir —su voz es firme, casi cortante— es que esto podría estar conectado con lo que está pasando en Chatarra.

Esos grupos no son solo artistas raros. Si están traficando partes de Venusfly, es posible que estén vinculados con algo mucho más grande.

Tal vez con los mismos movimientos que están causando disturbios en la frontera. O sobre desapariciones.