Capítulo 6
“El vínculo marionetista-marioneta exige sincronización mental. La meditación reduce interferencias cognitivas, estabiliza la magia residual y fortalece el canal empático entre ambos. Las marionetas responden a impulsos profundos. Sin una mente entrenada en control y enfoque, el vínculo se fragmenta, y el resultado puede ser letal. Por este motivo, se ha impuesto de manera urgente, por decreto del Gran Maestro de las Marionetas, la implementación obligatoria de clases de meditación en todas las Sociedades del Hilo.”
—Fragmento del Compendio Oficial de Entrenamiento Vincular, Sección II, “Preparación Psíquica”
La tasquita de Aprilcol está casi vacía.
El frío de la noche se cuela por las rendijas de las ventanas, y el viento levanta polvo que golpea los cristales.
El calor de las tazas humeantes nos reconforta apenas, mientras las sombras de los faroles de la calle se filtran por la puerta entreabierta.
El murmullo de algunos parroquianos y el crujido de la madera vieja acompañan nuestra conversación.
Sobre la mesa, el orbe de Kendram flota entre nosotros, su luz dorada mezclándose con las sombras que se filtran por la puerta entreabierta.
—Haalynd me ayuda con la búsqueda de Fylian y Kyra —dice Esteban al final, con un tono que mezcla alivio y resignación.
Se sube la manga de su suéter negro y pasa una débil caricia por su cabello gris puntiagudo—.
No es una tarea fácil como crees, pero resulta que es una de las pocas que se ofreció.
A pesar de que odia las enseñanzas aquí.
Es libre de hacer lo que quiera, pero me debe mucho, como yo a ella, cuando éramos compañeros.
Hace una pausa, bebe un sorbo de la infusión caliente y suspira.
—Recibí un mensaje suyo. Pensé que sería seguro, que el punto focal era esa lechería, por muy estúpido que suene. No imaginé que se precipitaría tanto a ponerte en riesgo. Pero sabes cuáles son las consecuencias aquí.
Las palabras de Esteban me dejan perplejo.
Haalynd, la chica que parece vivir al margen de todo, ¿ayudando en la búsqueda?
Es como si el mundo se hubiera puesto de cabeza.
Pero también me da una chispa de esperanza.
Si alguien puede encontrar a Fylian y Kyra, quizás sea ella.
No sé… apenas conozco a la bonita chica de rizos marrones.
—¿Le debes mucho? —pregunto, con cautela.
Esteban suspira, como si estuviera recordando viejas batallas.
—Desde hace cinco años, creo yo. Sí. Haalynd y yo éramos inseparables. Los mejores en todo. Pero ella siempre tuvo un espíritu libre. Las reglas la asfixiaban. Y cuando decidió irse… fue como si me arrancaran un pedazo del alma. Es una buena amiga.
—¿Y por qué te debe algo?
Esteban baja la mirada, juega con la taza entre sus manos.
—Digamos que… cometió un error. Un error que la alejó. Y ahora me está devolviendo el favor. Supongo que es su manera de saldar una deuda. Hay muchas formas de pagar deudas, incluso las más difíciles.
El silencio nos envuelve por un momento. Afuera, el viento hace vibrar los postes de los faroles, y el polvo se arremolina como si el pueblo respirara.
Esteban me mira con seriedad.
—Rodrygo, lo importante es que alguien fuera de las instalaciones de la Sociedad del Hilo esté apoyando esta investigación.
Dentro, todo está vigilado, todo es controlado.
Afuera, en lugares como Aprilcol, podemos movernos con más libertad.
Eso redobla el esfuerzo, porque hay cosas que solo los marionetistas pueden enfrentar: amenazas directas, combates, desapariciones. Pero hay otras que no nos corresponden.
Se inclina hacia mí, su voz baja pero firme.
—El tema de Caldyno, por ejemplo. Eso no lo puede manejar un grupo de marionetistas.
Es un asunto político. El gobierno debe intervenir porque se trata de contrabando, de armas prohibidas, de estructuras que afectan a toda Chatarra.
La Sociedad del Hilo tiene fuerza militar, sí, pero no puede convertirse en un gobierno.
Para eso están las instituciones: el Ministerio de Defensa, el Cónclave, los directivos.
Ellos deben establecer límites, regular, y enfrentar lo que amenaza la estabilidad.
Esteban aprieta la taza con fuerza, como si quisiera quebrarla.
—Nosotros podemos luchar contra las sombras, contra quienes secuestran y contra los Venusfly. Pero si Caldyno sigue vivo y manipulando desde las sombras, eso es un problema de Estado. Y si el gobierno no actúa, todo lo que hacemos aquí será inútil.
El calor de la bebida me reconforta apenas, pero el peso de sus palabras me deja helado.
En Conquista, las ideologías retorcidas sobre el funcionamiento del mundo son tan comunes como el polvo en los túneles.
Con la llegada de un primer ministro más disciplinario y comunicativo, esas ideas no solo se mantienen: se propagan como una plaga.
La política funciona como un sistema de transmisión, y cuando el discurso oficial legitima ciertas creencias, estas se multiplican con la misma rapidez que una infección en un organismo.
Lo que Caldyno pretende hacer es un verdadero dolor de cabeza.
Su filosofía del Destino Manifiesto no es solo una idea excéntrica: es un modelo de expansión política y cultural.
En su tiempo, cuando Chatarra era el centro del universo subterráneo, él planteó que una civilización podía crecer de manera orgánica, como un sistema biológico, hasta absorber todo lo que la rodeara. Y así sucedió.
Commercek, el proyecto que nació de esa ideología, se expandió como un imperio.
Conquistó territorios y los integró bajo un mismo orden, hasta abarcar los tres estados principales de la vida subterránea: Chatarra, Enlinzort y Bosqueoscuro.
Pero como ocurre en los sistemas reales —imperios, federaciones, uniones políticas—, la expansión desmedida llevó al colapso.
La estructura central no pudo sostener la diversidad de intereses, y los estados terminaron reclamando autonomía.
Commercek dejó de existir, fragmentado en entidades independientes que aún conservan cicatrices de aquel dominio.
Todo esto lo sé gracias al profesor Wylcam, que insiste en que comprender la historia política y científica de nuestro mundo es tan vital como aprender a manejar una marioneta.
Me permite leer hasta que me sangran los ojos, porque si quiero rescatar a Fylian, necesito saberlo todo.
La memoria histórica es un arma, y en un mundo donde las ideologías pueden ser tan letales como las armas de Caldyno, ignorar el pasado sería un error fatal.
Esteban, mientras tanto, se ha comido las uñas y vemos el amanecer de regreso en la Sociedad del Hilo.
El personal de mantenimiento limpia cada rincón como hormigas alrededor de un dulce, y los pájaros cantan como si estuvieran en un coro celestial.
Esteban suspira, apoyando los codos en sus muslos.
No sé qué decirle. Tiene un montón de problemas que reportar.
Haalynd ha rechazado su regreso a la Sociedad del Hilo, y aunque admite que es genial, prefiere explorar los túneles a su propio ritmo, porque la educación aquí le parece arcaica.
—Es mucho —dice en voz baja, clavando sus uñas en sus muslos cubiertos por su pantalón negro.
El sol sube lentamente, iluminando las paredes de las torres, los muros que nos rodean, las habitaciones del centro menor y las salas de reuniones—.
Es mucho que reportar —mira hacia arriba, cierra los ojos y vuelve a suspirar—.
Fylian y Kyra… El tiempo pasa y no sé por dónde empezar.
Ellos… se les asignó su primera misión porque tuvimos un año espectacular juntos, y yo…
—su voz se entrecorta, y siento un hormigueo en el pecho y las mejillas—.
Los recomendé para formar a nuevos estudiantes, para inculcarles los valores por los cuales sus marionetas los eligieron.
Ahora, mi primer problema fue buscarlos, encontrarlos.
Y ahora tengo que reportar lo de Caldyno, y seguro me asignarán para resolverlo.
El torneo se acerca, y no hemos cosechado talento.
Hay pocos con marionetas en segundo y tercero, y siento que no se está poniendo empeño en educar a los de primero, porque las marionetas ya no quieren hacer nada por nosotros —su voz se vuelve gruesa, pausada y fría—.
Nos abandonan poco a poco. Ya no hay marionetistas listos, y esto… me consume.
—Yo… —no sé qué decir, pero me obligo a hablar—. ¿En qué puedo ayudarte?
—Tú también eres parte de mis problemas —ouch.
Eso no fue ni gracioso ni amable. Siento un peso en el pecho y un dolor de cabeza—.
Ni siquiera has querido asistir a la Torre de Meditación.
Ahí hay clases de manipulación cerebral, la zona de simulaciones, la zona de meditación, y el profesor encargado es el mejor.
Y tú solo te dedicas a leer. Te traje aquí para buscar a tu mejor amigo, para recolectar pistas, para encontrarlo, porque no puedo solo.
Nadie se ofrecerá a buscar a Fylian y a Kyra, porque hay otros problemas que atender.
Así que es hora de decidir: ¿te conviertes en una ayuda o en un problema?
—El capitán Esteban se levanta bruscamente y desaparece en la oscuridad de uno de los túneles que llevan a las instalaciones inferiores. Suspiro y apoyo la espalda en el muro.
Soy un desastre. Miro al cielo, azul y hermoso, despejado y con pocas nubes.
El viento es suave y huele a café. Fylian, lo siento.
Esto es muy grande. Tenías razón, el miedo corroe como una rata a su presa.
Ir a clases de meditación no es mi idea favorita.
Me siento cansado, pero me levanto y me dirijo a mi habitación, arrastrando los pies y con una desmotivación que casi todos notan.