La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 4 #5
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Capítulo 4 #5

—¿Ustedes creen que siquiera quiera protegernos?

Pues, el objetivo de este lugar es eso, protegernos de ellos.

¿Estaría dispuesto a enfrentar a su gente artificial?

—no resisto más. Cruzan la línea. Me pongo de pie y me giro para enfrentarlos.

Ambos están sentados juntos. Son tres en total, pero uno se limita a verme con rostro sosegado.

Todos somos de primer año y quizás sea nuevo al igual que ellos en algunas cosas, pero la chica, que tiene rostro algo puntiagudo y cabello corto negro con anteojos, me enseña un dedo y me irrita aún más.

El sonido de un silbido los detiene y noto que es el profesor Wylcam, quien, mientras acaricia su alargada barba, me ordena, con un simple gesto de cabeza, que regrese a mi asiento sin decir más.

—Rodrygo Clynk —comienza el profesor Wylcam con su voz aguda—, ¿qué tal tus primeras semanas en la Sociedad del Hilo?

—Aparte de que el desayuno es espectacular, todo bien —respondo con seguridad—.

Aunque, ¿podríamos cambiar las meriendas de fruta por semillas de girasol?

¡Quizás me convierta en uno y le agrade a más gente aquí!

—Miro a mi alrededor. Algunos me ignoran, pero la pareja que siempre se ríe de mis comentarios me guiña un ojo.

Son amables, aunque sospecho que me hablan para no ser excluidos. No me molesta.

—Bien —Wylcam se gira hacia la enorme pantalla blanca detrás de él, donde todos podemos ver las diapositivas—. ¿Cuántos marionetistas existen actualmente en Chatarra, Rodrygo? Recuerda que las calificaciones son importantes…

—¿Y de qué sirve si las marionetas no se vinculan con cualquiera? —alguien pregunta desde atrás.

Frunzo el ceño. ¡Pienso lo mismo! Pero el capitán Esteban me pidió que me comportara.

—Solo hay treinta y tres marionetistas en Chatarra, la mayoría en la frontera con Bosqueoscuro —respondo—. Sin embargo, el mejor marionetista de todos los tiempos es usted, profesor Wylcam —le guiño un ojo, y él sonríe.

El auditorio es circular, con paredes de madera oscura. Wylcam está a un lado, con la pantalla detrás y un escritorio al frente. Veo a algunos tomando notas, otros murmurando cosas poco amables, y a la pareja de hermanos de cabello dorado riéndose y asintiendo hacia mi dirección.

—Las marionetas, Rodrygo, ¿qué son? ¿Dónde se encuentran?

¿Y por qué eligen a su manipulador en vez del manipulador a ellas?

—Wylcam se apoya en el escritorio, cruzado de brazos, con una mirada inquisitiva que parece querer perforar mi alma.

Trago fuerte. La respuesta no es tan difícil, pues en la Red de Conquista, a pesar de haber poca información, se sabe lo que fueron los marionetistas y qué son sus herramientas.

—Las marionetas son máquinas complejas, con una tecnología que supera con creces la nuestra —comienzo, recordando los datos que recopilé—.

Las marionetas son máquinas con habilidades sobrenaturales, capaces de unirse a un humano para potenciar su fuerza, como si fueran una extensión de nosotros mismos.

Los marionetistas las desarrollan, les dan forma y vida, y ellas, a su vez, nos transforman en algo más.

Las marionetas poseen una conciencia superior, una chispa de inteligencia que las hace únicas, y eligen a su compañero por su fuerza, no solo física, sino también emocional, y su capacidad de adaptación, su habilidad para fluir con el cambio.

Si no eres bueno, si no tienes lo que se necesita, no te eligen, te rechazan.

—¿Y qué te hace pensar que eres bueno? ¿Qué te hace especial, chico de la superficie? —alguien pregunta con tono despectivo, con una burla que me llega al alma. Ni me molesto en girar para ver quién fue el que emitió el comentario, no quiero darle el gusto de verme afectado.

—Imagínate que lo elija una marioneta antes que a los de tercer año. Mi hermano lo mataría —otro comentario, una amenaza velada.

—O yo lo mataría a él —respondo con calma, con una voz que oculta la furia que siento—. Tendría una marioneta, un arma poderosa, y tu hermanito estaría muerto, sería solo un recuerdo.

—Vuelve a mencionar a mi hermano y te juro que te golpeo hasta deformarte la cara, sin importarme los mandamientos del Conclave del Hilo —me responde, y yo sé que es la chica con los anteojos redondos. Pero no pienso girarme a verla. No estoy aquí para eso.

—¡Silencio! —grita Wylcam, y su marioneta, que está detrás de él, emite un sonido aturdidor, un rugido metálico que hace eco en la sala—.

Las nuevas generaciones solo quieren poder y popularidad, como si fueran celebridades.

Si no cambiamos, si no recuperamos nuestros valores, ¿en qué nos diferenciamos de la gente de la superficie?

—todos callan, sintiendo la vergüenza en sus rostros—.

El corazón debe purificarse antes del cambio, debemos encontrar la humildad y la sabiduría.

Como dice Rodrygo, las marionetas son superiores a nosotros, son maestras, no solo armas —Wylcam acaricia a su marioneta, con un gesto de respeto y admiración—.

Busquen sus valores, encuentren la esencia de lo que significa ser un marionetista.

La próxima clase hablaremos de Gyselth, un ejemplo de humildad y poder, para que aprendan que la fuerza bruta no lo es todo, que la inteligencia y la compasión son las verdaderas armas.

—Wylcam me mira fijamente, con una mirada que me hace sentir observado, y su marioneta también, sus cuatro ojos metálicos brillando con una luz extraña—.

Creo que alguien marcará la diferencia pronto, alguien que nos mostrará el camino —asiente hacia mí, como si me estuviera dando una responsabilidad.