La Sociedad del Hilo (El Dragón Mecánico de la Rosa Negra) Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

—Las personas de Conquista creen que están a salvo…

pero en realidad, nunca lo estuvieron. Solo se encapsularon en una realidad alterna, una burbuja artificial que oculta lo que ocurre bajo sus pies.

Debajo de todo esto —Esteban señala el suelo con una inclinación apenas perceptible de la cabeza—, en las ciudades abandonadas de Chatarra y de los otros dos estados, hay otro sistema.

Otra administración. Tan estructurada como esta, pero alimentada por algo más oscuro.

El secreto de no descubrirse en su totalidad.

Sí, los de aquí no son tontos, saben que existimos, pero una cosa es que ellos sepan a que lo sepan sus ciudadanos.

Se encoge de hombros, desviando la mirada de mí, como si aquello que ha dicho fuera apenas la superficie de una verdad más honda.

Chatarra. Esa palabra resuena en mi mente.

Fue una de las primeras grandes ciudades y yace oculta bajo Conquista, construida antes pero ahora olvidada, o eso creo yo.

La imagen de un lugar en ruinas, lleno de sombras y ecos del pasado, me hace estremecer.

Se dice que todos los suministros se cortaron.

El acceso, bloqueado. Toda posibilidad de comunicación o rescate, anulada.

Un mundo sepultado por el silencio y la negación.

—Rodry… —su voz titubea. Por un instante, parece humano. Frágil. Pero no puedo dejarme llevar por eso.

Por una fracción de segundo, algo en sus ojos marrones se apaga, como una vela protegida del viento por una mano invisible. Y entonces vuelve a ser el capitán de siempre.

—¡Detente! —le grito. La rabia me brota del pecho como una llamarada.

Aprieto los puños con tanta fuerza que siento las uñas clavarse en la carne—.

¡Detente! Fylian no hizo nada malo. Él me salvó.

Me dio una razón para seguir respirando, incluso cuando no debía.

¿Y eso es un crimen? ¿Salvarme fue un error?

Mi pecho se agita. No puedo detenerme. Las palabras me arden en la garganta.

—Si está en Chatarra, lo buscaré. Si lo han llevado a otro estado, también lo haré. No me importa si lo están torturando. Que me torturen a mí. ¡Fui yo quien lo siguió! ¡Yo descubrí a los Marionetistas por mi cuenta! ¡Yo elegí quedarme!

Las emociones explotan dentro de mí.

Miedo.

Ira.

Culpa.

—Quizás este mundo esté cubierto de oscuridad… pero no le tengo miedo —continúo, bajando apenas la voz, sin perder firmeza—. He vivido en el infierno. Y cuando ya has vivido ahí, te das cuenta de que no hay monstruo peor que el que duerme en tu propia casa.

Mis ojos se humedecen, pero no lloro. No me permito quebrarme.

Siento cómo el aire se vuelve denso a mi alrededor; puedo sentir el miedo y la duda burbujear dentro de mí, pero también sé que he enfrentado cosas peores por culpa de alguien que… yo… no sé. Bajo un poco la mirada, pero sin dejar de visualizar el cuerpo de Esteban.

Esteban me mira fijamente, y con un gesto me pide que me detenga. Obedezco, aunque mi corazón late con fuerza.

—Yo fui el capitán de Fylian y su compañera Kyra, Rodry —dice Esteban al final, con una calma tan extraña que parece ocultar un terremoto por venir—. Soy su maestro. Y aunque tal vez debí regañarlo más severamente después de aquel día… jamás le haría daño. No son tan medievales, Rodrygo.

Hay una sombra que cruza su rostro al decirlo, rápida, casi imperceptible, como si esas palabras le costaran algo que no pienso preguntar todavía.

Me quedo paralizado, mientras sus palabras caen lentamente como gotas de tinta negra en un lago tranquilo.

—Te lo explicaré… Los marionetistas sí existen, de eso ya te ha quedado lo suficientemente claro.

Esa magia de la que has leído… es real, Rodry.

Pero no te confundas: no la vas a encontrar en cuentos bonitos ni leyendas heroicas.

Esto no es como lo imaginas. Así que abre bien los oídos.

Presta atención. Por el punto focal yace en toma de poder, estrategia y como puede converger en la evolución humana.

Porque al final de todo, marionetistas o no, somos humanos todos, ¿no?

La voz del Capitán Esteban retumba frente a mí, grave, firme, como si estuviera esculpida en piedra.

—La Sociedad del Hilo es un sector oculto dentro de Chatarra —me explica, y siento cómo cada palabra pesa—.

No aparece en registros, ni en mapas oficiales.

Se encarga del arte, de la educación… y también de la creación de fuerzas protectoras.

Podrías llamarlo una división militar, pero en realidad es mucho más que eso.

Es el núcleo donde se forman los marionetistas. Los verdaderos.

Hace una pausa. El viento se desliza entre los árboles, como si también escuchara con atención. Yo contengo la respiración por un momento.

—Ellos eligen a sus candidatos —continúa—.

No es algo que se solicite. No se entra por voluntad propia.

La Sociedad observa, evalúa, mide cada gesto, cada decisión…

y entonces decide. Los jóvenes escogidos son llevados a la fortaleza, un lugar escondido bajo los cimientos de Chatarra.

Allí se entrenan no solo para controlar marionetas, sino para mantener el equilibrio. Para proteger lo que aún es justo.

Su tono se vuelve más sombrío, casi un susurro que me eriza la piel.

—Tras la Aniquilación de los Marionetistas por orden del Gobernador, todo debe manejarse bajo cuerda.

Nada puede salir a la superficie. Cada movimiento está calculado, cada palabra distribuida con cuidado.

La misión de la Sociedad es clara: proteger, propagar y organizar su sistema de vivencia.

Y, sobre todo, impedir que la oscuridad suba al exterior.

Porque, aunque la superficie siempre nos ha tratado con rudeza, si la oscuridad se libera…

no habrá muro ni ejército capaz de contenerla.

Esteban se inclina hacia mí. Sus ojos brillan con una mezcla de severidad y esperanza.

—Recuerda esto, Rodrygo: la Sociedad del Hilo no es un refugio, es una prueba. Los que entran no solo aprenden a mover marionetas… aprenden a mover el destino mismo. La suerte poco juega aquí, digamos que se va de vacaciones.

Sus ojos se fijan en los míos, y siento que cada palabra tiene un peso que apenas puedo sostener.

—Cómo te dije; yo fui el capitán del grupo de Fylian —continúa—. Pero su equipo no era convencional. Nada de eso de escuadrones de cinco o siete miembros. No. Solo estaban él… y su compañera: Kyra.

Hace una pausa, como si midiera el peso de lo que viene.

—Fylian se ascendió a capitán hace un par de semanas, junto a Kyra. Nuestra última misión juntos fue cuando tú… nos viste. Lo que presenciaste fue el final de una etapa. El comienzo de otra.

—Oh —se me escapa, casi petrificado, mientras la incredulidad se apodera de mí—. ¿Y por qué me estás contando esto ahora? ¿No recuerdas que casi me matas por descubrirlo? ¡Me trataste como si fuera una amenaza, o un puto animal de mierda!

Las sombras se alargan, y el reflejo de la luna en el agua se distorsiona como si algo invisible hubiese agitado la superficie.

Esteban baja la voz. Su tono se vuelve casi humano. Casi.

—Rodry —dice con un tono que me hace sentir que las malas noticias están a punto de caer como un rayo—. Fylian está desaparecido. Él y su compañera, Kyra, llevan una semana sin dar señales de vida.

Trago saliva, sintiendo que todo el aire del cuarto se vuelve más espeso.