La promesa que me llevó hasta ti Capítulo 29
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Capítulo 29

La sonrisa me salió en los labios incluso antes de llegar a abrir los ojos del todo, y el motivo no era otro que sentir esos brazos fuertes y cálidos que me tenían bien agarrada por la cintura.

Eran los brazos de Ewan, por supuesto, en los que dormía todas las noches y que bajo ningún concepto me soltaban.

Lo quería. Lo quería como no había querido a nadie en mi vida y ya no podía concebir una vida en la que él no estuviera. No tenía ni idea de qué era lo que pasaría cuando todo acabara, porque iba a acabar, eso era un hecho. Moira se iría y mi trabajo en esa casa terminaría.

No es que le hubiera dado muchas vueltas, pero sí que no había podido evitar pensar en ello algunas veces.

Cuando todo acabara, yo tendría que volver a Perth. Allí tenía mi trabajo y Ewan el suyo en Pitlochry, y eso era algo que me ponía nerviosa cada vez que se me pasaba por la cabeza. Sería difícil encontrar una solución para seguir juntos, pero tendríamos que hacerlo.

Estaba claro que el cambio tendría que hacerlo yo. Eso no me preocupaba porque podría atender a pacientes allí; en cambio, Ewan tenía claro su lugar de trabajo y no podía cambiarlo.

Esa era la mejor solución o, al menos, en la que yo había pensado. Su opinión no sabía cuál sería, ya que de ese tema no habíamos hablado nunca. No era el momento. Eso era algo secundario que supuse que ya hablaríamos cuando llegara la ocasión.

Todos esos pensamientos salieron de mi mente cuando noté cómo se removía un poco detrás de mí y me apretaba un poco más contra él.

—Sé que estás despierta, te oigo pensar desde aquí —dijo antes de dejarme un pequeño beso en el hombro.

Me giré para mirarlo a la cara y, antes de hablar, le di un beso en los labios.

—Buenos días, guapo.

—Buenos días, preciosa —contestó pegándome más a él.

Noté su abultada erección contra mi pierna y mi cuerpo se encendió enseguida.

—Isla, tengo ganas de ti. Necesito hacerte mía, quiero oírte jadear, quiero hacerte chillar mi nombre.

—Y yo necesito que me hagas todo eso, pero aquí no. ¿Subimos?

Allí, en mi habitación, nunca hacíamos nada por respeto a Moira.

No éramos escandalosos, pero cuando estás en un momento de pasión incontrolada, como nos pasaba algunas veces, era imposible controlar los jadeos.

Por eso, si nos levantábamos con muchas ganas, subíamos a su habitación y allí, lejos de oídos sensibles, nos dejábamos llevar.

Ewan se levantó de la cama y me arrastró con él para cogerme en brazos. De esa misma manera salimos al pasillo y cargó conmigo hasta el piso de arriba mientras, por el camino, no dejó de besarme en ningún momento.

Nada más posarme en su cama, nos arrastró la pasión.

Saciados, duchados y vestidos con ropa cómoda, nos fuimos juntos a la cocina para desayunar tranquilos antes de que empezara la rutina diaria. Aunque ese día sería un poco distinta.

Era Nochebuena y el día se presentaba de lo más movido.

En un rato vendrían Poppy y Duncan, que pasarían con nosotros todas las Navidades hasta después de Año Nuevo, ya que Catriona no estaría en la ciudad porque se había ido de viaje con su nuevo novio y la niña se quedaría con su padre hasta que empezara de nuevo el colegio.

—No creo que mi hermano y la niña tarden en llegar. Seguro que le ha hecho levantarse a las cinco de la mañana.

Solté una pequeña risa porque eso mismo había pensado yo también.

Poppy era una enamorada de la casa de Ewan y de sus alrededores y, si por ella fuera, como ya había dicho en alguna ocasión, se quedaría allí a vivir.

Por eso, cada vez que sabía que vendrían, volvía loco a su padre para llegar cuanto antes y lo levantaba de la cama antes del amanecer.

—Me encanta Poppy, es divertidísima. A tu hermano lo trae loco con eso de que se eche novia.

—Loco es poco. El otro día le organizó una cita a ciegas con una vecina. Me lo contó ayer cuando hablé con él.

Solté una carcajada.

—¿En serio? ¿Y qué pasó? ¿Tenemos futura novia a la vista?

Ewan puso los ojos en blanco antes de echarse a reír.

—Por edad podía ser nuestra madre, así que no, no tenemos futura novia a la vista. Y encima, cuando llegó a casa, Poppy le echó la bronca y le dijo que era muy exquisito, que el amor no tiene edad y que no puede ser tan escogido y fijarse en esos pequeños detalles.

Hasta las lágrimas se me saltaron del ataque de risa que me entró. Poppy era única y el pobre Duncan tenía más paciencia con ella que un santo. Pero, desde luego, no podía negar que le alegraba la vida con sus locuras.

—Hoy será un día raro y especial.

—Lo será.

El rostro de Ewan se volvió serio de repente y, sin que hablara, ya sabía el pensamiento que se le había pasado por la cabeza porque yo también había pensado lo mismo varias veces.

—Serán sus últimas Navidades, ¿verdad?

Dejé la taza de café en la mesa, me levanté y fui hasta él para abrazarlo.

—Lo serán, por eso tenemos que hacer que sean muy especiales. Nada de tristezas, Moira solo quiere ver sonrisas. Nos costará, pero hay que intentar que así sea.

—Lo haremos —dijo antes de besarme.

La rutina de la mañana con Moira no varió; eso tenía que seguir su ritmo. Pero ese día fue mejor porque Poppy nos acompañó durante todo el proceso y Moira estuvo de lo más entretenida oyendo todas sus aventuras.

Ese día para mí era muy especial y estaba muy contenta por pasar las Navidades con toda la familia Mackenzie, a la que ya consideraba también la mía.

Pero, por otra parte, no podía evitar echar de menos a Erin y Finlay, con los que las había pasado siempre, y ese año sería el primero que no lo haría.

Habíamos hablado de ello y habíamos quedado en hacer una videollamada esa noche durante la cena, pero no sería lo mismo y eso me tenía un pelín triste. Aunque, claro, no se lo había dicho a nadie y me lo había guardado para mí.

—Tía Moira, ¿sabes que hoy vamos a comer en el salón grande y que me ha dicho Mabel que también cenaremos allí?

—¿De verdad? —le contestó fingiendo no saberlo—. Eso es porque es un día especial y mañana lo será mucho más. Seguro que Papá Noel nos deja a todos montones de regalos.

—Yo no he pedido muchas cosas; lo que me traiga, bienvenido sea. Pero a ver si se acuerda de mi padre y le trae una novia envuelta en papel de regalo. Pero una que le guste, porque es muy pesado. Ninguna le parece bien; a todas les encuentra alguna pega.

Moira, Mabel y yo no pudimos evitar echarnos a reír por la desesperación con la que lo dijo.

—Poppy, es que las novias no se buscan ni se eligen. Llegan cuando tienen que llegar.

—¿Cómo que no? Pues la tía Moira bien que le buscó una novia al tío. Eligió a Isla por catálogo, pues yo quiero hacer lo mismo con la novia de mi padre —le contestó a Mabel dejándola muda.

Moira y yo nos miramos y negamos con la cabeza a la vez que nos reíamos porque la niña tenía razón y eso no podía negarlo nadie.

—¿Qué son esas risas? —preguntó Ewan entrando por la puerta seguido de Duncan.

Poppy se lo explicó en dos minutos y los dos acabaron uniéndose a nuestras risas.

—¿Así que eres una novia por catálogo? —me susurró Ewan, que estaba a mi lado.

—Eso parece —contesté divertida.

—Pues no puedo negar que tuve la mayor suerte del mundo porque Moira eligió a la mejor y más bonita para mí.

Su respuesta hizo que me ruborizara y que miles de mariposas revolotearan dentro de mí. Había muchas maneras de decir «te quiero» sin pronunciar esas dos palabras y Ewan acababa de hacerlo.

—¿Tía?

—Dime, cariño.

—¿Tú podrías buscar en algún catálogo una novia para mi padre? Al parecer tienes buen ojo y se te da bien elegir.

Duncan resopló. Los demás nos echamos a reír y Poppy esperó muy seria la respuesta de Moira.

—De hecho, puede que tenga a alguien en mente que creo que sería la novia perfecta para tu padre. Pero tendrás que esperar unos días para ver si mi intuición ha vuelto a funcionar. Lo veremos enseguida cuando se conozcan.

Los cuatro adultos levantamos las cejas a la vez, sorprendidos, mientras Poppy se ponía a dar palmas por lo mucho que le había gustado la contestación de Moira.

—Estás bromeando, ¿verdad? —le preguntó Duncan.

—No. En tres días mi médica vendrá a verme y he pensado que estáis hechos el uno para el otro.

Nada más nombrar a la doctora Smith, de nombre Mary, no pude evitar sonreír. Era una mujer encantadora, guapa, educada y muy empática. En el tiempo que llevaba en esa casa, había venido cuatro veces a ver a Moira y, por lo que había hablado con ella, me gustaba muchísimo.

—Es perfecta —dije sin pararme a pensarlo.

—Estoy de acuerdo —añadió Mabel.

—Pues yo no voy a ser menos, estoy de acuerdo con ellas —dijo Ewan, conteniéndose la risa al ver la cara de espanto que estaba poniendo su hermano.

—Papá, estás perdido. Somos cinco contra uno. Este año acabas con novia, como que me llamo Poppy Mackenzie. Ellos me ayudarán, así que ríndete a lo inevitable.

La comida en el salón estuvo llena de risas y de resoplidos por parte de Duncan, ya que su hija no dejó el tema de la doctora en ningún momento.