La promesa que me llevó hasta ti Capítulo 19
53%

Capítulo 19

Ewan paró el coche en la puerta. Noté que iba a decir algo, pero no pude, o no quise, saber qué sería, así que abrí la puerta con rapidez y me bajé de la misma manera.

Entré en la casa, pero antes de cerrar cometí el error de girarme para volver a mirarlo.

Ewan seguía dentro del coche, con el motor encendido, quieto y observándome con una mezcla de confusión e intensidad.

Contuve el aire y le sostuve la mirada. Fue justo entonces, cuando nuestros ojos volvieron a quedarse enganchados durante unos segundos, cuando entendí una verdad que me golpeó en el pecho.

Me gustaba. Ewan Mackenzie me gustaba mucho y eso era algo que no podía permitirme, algo que no debía estar pasando.

Pero es que ya está pasando, Isla, me gritó una voz dentro de mi cabeza.

Pues tiene que dejar de pasar. Tienes que sacarlo de tu cabeza porque no está bien que te guste. Es un hombre casado, un hombre que lleva roto mucho tiempo y que no es para ti. No puede serlo, le contesté antes de apartar la mirada y cerrar la puerta, sintiéndome todavía peor.

No podía enfrentarme a Moira. No todavía. No con el sabor de los labios de su marido aún en los míos. Necesitaba sacar de dentro aquel peso que me estaba oprimiendo el pecho, pedir consejo, hablar, llorar si hacía falta, y solo había una persona con la que podía hacerlo.

Con pasos rápidos salí al jardín y fui hasta la zona más alejada. Saqué el teléfono del bolsillo del abrigo con las manos temblorosas y pulsé la marcación rápida.

—Hola, holita. ¿Qué dice mi hija adoptiva? ¿Se está portando bien o tengo que ir a verla y darle unos azotes en esa casa perdida de la mano de Dios?

—Erin…

Hubo dos segundos de silencio, justo los que tardó en reaccionar al oír el tono suplicante con el que había pronunciado su nombre.

—Isla, ¿qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Es la paciente?

—Erin… —Los ojos se me humedecieron, pero me contuve para poder seguir hablando—. He hecho algo horrible.

—Isla, no creo que eso sea cierto. Tú eres incapaz de hacer nada malo.

—Pues lo he hecho.

—Dime qué has hecho.

Era horrible decirlo en voz alta, pero tenía que hacerlo.

—He besado a Ewan Mackenzie, el marido de la paciente —solté de golpe, sin anestesia.

—Joder…

—Erin, me siento fatal. Me siento una traidora y la culpa me está matando.

—Vale, para, para. Vamos por partes. Primero espera, voy a poner el teléfono en altavoz. Finlay está aquí conmigo y así te oímos los dos. ¿Te parece bien?

—Sí, hazlo.

—Vale, ya está. Ahora coge aire y siéntate.

Lo hice. Respiré varias veces y me senté en el suelo, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol. Estaba húmedo y frío, pero me dio completamente igual.

—Estoy sentada.

—Perfecto. Ahora habla. Cuéntanoslo todo y no te dejes nada. Estamos aquí, Isla. Contigo.

Y eso hice. Durante los siguientes diez minutos hablé sin parar y les conté todo lo que había ocurrido desde que llegué allí, incluso aquello que me había callado cada vez que hablábamos por teléfono.

Les expliqué la historia del matrimonio, la versión de Moira, la de Ewan y la opinión de Mabel. También la petición que Moira me había hecho para que escuchara a su marido y lo ayudara a sanar, porque ella quería irse en paz sabiendo que él estaría bien.

Les hablé de cómo Moira lo miraba y del amor que todavía sentía por él, de Irina y de su mala sangre y de cómo aquella misma mañana había terminado yendo con Ewan, no demasiado convencida, a ver los terrenos devastados por el incendio.

Después les conté la conversación que habíamos tenido y cómo, sin que ninguno de los dos lo viera venir, habíamos acabado besándonos. También les dije que había visto confusión en sus ojos, pero no culpa ni arrepentimiento.

Por último, les confesé cómo me sentía en aquellos momentos, con la culpa y la sensación de haber traicionado a Moira instaladas dentro de mí.

Cuando terminé, me llevé una mano al pecho mientras esperaba alguna reacción por parte de mis amigos. Una bronca con voz tranquila de Finlay, una regañina de Erin con algún grito incluido… Algo.

Pero no llegó nada. Solo silencio al otro lado de la línea.

—¿Chi… chicos?

—Estamos aquí —dijo Finlay.

—¿Y?

—¿Pero tú dónde cojones te has ido? ¿A una casa a cuidar a una paciente o a un reality de la tele?

—Por Dios, Erin, no bromees. Estoy hasta temblando.

—No bromeo, es que, joder… vaya película tiene montada ahí esa gente.

—Sí, y solo faltaba yo haciendo de mala para completar el reparto.

—No, ese papel ya es de la hermana malvada. Porque vaya tela con Irina. Esa tiene el demonio o una docena de ellos metidos dentro del cuerpo.

Erin estaba flipando, lo sabía. La conocía de sobra y, cuando algo la superaba, se iba por la tangente y decía cosas que podían tener sentido, pero que solo se le ocurrirían a ella. Y eso era exactamente lo que estaba pasando.

—¿Isla? —intervino Finlay.

—Dime.

—Tú no eres la mala y tampoco creo que hayas hecho algo horrible.

—No es verdad, Finlay. He besado a un hombre casado.

—Ese matrimonio existe en un papel, Isla, pero por lo que nos has contado, lleva roto desde prácticamente antes de empezar. Ewan y Moira no tienen una relación de pareja desde hace años.

—Ella lo quiere…

—Pero él a ella no.

—Ya, pero eso no quita que me sienta una traidora. Moira ha confiado en mí para que lo ayude.

—Y eso es lo que estás haciendo. Ella te ha pedido que lo ayudes a gestionar el dolor, a mirar más allá y a entender que la vida continúa después de perder un amor. Quiere irse en paz sabiendo que él podrá seguir adelante y cerrar ese capítulo que lo mantiene atrapado.

—Os estáis ayudando los dos —dijo Erin, ya más tranquila.

—¿Por qué dices eso?

—Leches, porque yo estoy muy contenta de que os hayáis besado.

—¡Estás loca! ¿Cómo puedes alegrarte de algo así?

—Porque tú has conseguido que empiece a dejar caer esa venda y el muro que tiene a su alrededor, y él ha hecho algo que no pensé que fuera posible: ha conseguido que vuelvas a sentir. ¿Crees que no sabemos que después de lo de Liam decidiste cerrar tu corazón?

—Erin…

—No, escúchame. Han pasado tres años, Isla. Tres putos años en los que no has querido ni mirar a un hombre porque tienes miedo de que vuelvan a engañarte, pero no todos son Liam.

»Ewan no es como él. No te estoy diciendo que salgas corriendo a buscarlo y vuelvas a besarlo, pero tampoco te castigues por lo que has sentido.

—Ella está mal, sufre por él, lo ama y yo no quiero que sufra todavía más por mi culpa.

—Sí, lo ama y es muy duro decirlo, pero él a ella no. Nunca la ha amado de esa manera. Es horrible lo que le está pasando a Moira, en eso estamos de acuerdo, pero una cosa no cambia la otra.

—Pu… puede que solo haya sido un momento y ya. Puede que ni siquiera vuelva a hablarme.

—Yo no creo que haya sido solo un momento, Isla.

—Yo tampoco —añadió Finlay.

—Los dos lleváis tres años con el corazón cerrado. Él por unos motivos y tú por otros, pero al final los dos habéis acabado protegiéndoos para que nadie vuelva a haceros daño.

»A lo mejor el destino os ha puesto en el mismo camino porque sois la persona que el otro necesitaba encontrar.

—Erin, no te montes películas. Solo ha sido un beso.

—No me monto nada. Pero tampoco te engañes tú. En muy poco tiempo habéis conseguido remover cosas en el otro que llevaban años dormidas. No te cierres ni salgas corriendo por miedo. Deja que las cosas sigan su curso y ya verás qué pasa.

—Si eso fuera tan fácil, ¿por qué me siento tan mal? ¿Por qué siento que la he traicionado?

—Porque siempre piensas primero en cómo se sienten los demás antes de pararte a mirar cómo te sientes tú.

—Isla, no tienes que decidir nada ahora —intervino Finlay con una seriedad que pocas veces le había oído—. Deja que todo siga su curso. Si lo que ha pasado ha sido solo un beso, ahí se quedará. Y si hay algo más, ya tendrás tiempo de averiguarlo.

Hablamos un rato más y los dos insistieron en que no me culpara por sentirme atraída por Ewan ni me comiera la cabeza pensando en algo que ni siquiera sabía si volvería a ocurrir. Sobre todo, me pidieron que no volviera a cerrarme por miedo.

Decidí hacerles caso. No buscaría que pasara nada, pero tampoco iba a negar lo que sentía si volvía a ocurrir.