La Mestiza (Academia Darkblood 1) Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

—Como desees —sonrió el demonio. Una hilera de colmillos relucientes apareció en la oscuridad—. Ven conmigo, humana, y tu otra amiga cambiaformas no correrá la misma suerte.

Ash movió la cabeza mientras intentaba levantarse del suelo.

—No lo hagas, Luna.

Me acerqué, casi sin respiración. Si Cinder moría, no me lo perdonaría nunca. Era mi mejor amiga, prácticamente la única que había tenido en aquella escuela.

—Eso es, pequeña, ven conmigo.

Me hizo un gesto para que me acercara, con un dedo deformado.

—Si la matas, no voy a ir a ningún sitio contigo —espeté.

Él miró abajo, al cuerpo inerte de mi amiga.

—Por ahora sigue viva.

—Necesito comprobarlo.

El demonio abrió la mano lentamente, señalándola.

—Ven a verlo.

—¡No, Luna!

Ash se retorcía en la nieve, pero la sustancia negra seguía aferrada a su cuerpo y no se desprendía de él fácilmente.

Me arrodillé junto a Cinder y solté el aire que llevaba reteniendo en cuanto vi el leve movimiento de su pecho. Seguía viva.

—¿Ves? —dijo la criatura— Tu amiguita está bien. Ahora nos toca irnos.

Antes de que pudiera reaccionar, una mano enorme, peluda y cubierta de garras se cerró alrededor de mi hombro. Sentí las uñas clavándose en mi piel.

Apreté los ojos con fuerza, haciendo una mueca de dolor mientras recuperaba el equilibrio. El monstruo comenzó a arrastrarme entre los árboles y los gritos de Ash quedaron atrás poco a poco.

Entonces un chillido agudo rasgó el aire. Una sombra oscura pasó junto a nosotros, a toda velocidad. Y de repente, el agarre sobre mi hombro desapareció. Caí de bruces sobre la nieve.

¡Uf! Con aquel golpe vi las estrellas. Parpadeé rápidamente y me impulsé en cuanto pude para levantarme del suelo mientras resonaba otro aullido.

A unos metros de distancia, una figura oscura inmovilizaba al demonio contra el suelo, golpeando a la criatura con sus brazos gruesos y musculosos. El estruendo de los huesos contra la carne resonó en el silencioso bosque, provocándome un escalofrío que me recorrió la piel. ¡Zas! ¡Zas! ¡ Zas !

¿Ryder?

Me acerqué sigilosamente, con las botas hundiéndose en la nieve blanda. Los rayos de luna que atravesaban las ramas iluminaron unos hombros anchos, una cintura estrecha y tatuajes negros que reptaban sobre una piel familiar. Sus tatuajes parecían moverse bajo la luz plateada, vivos sobre su piel.

El sonido de los golpes contra la carne ahogaba incluso el estruendo de mis propios latidos mientras me acercaba.

Salpicaduras de sangre oscura manchaban la nieve intacta.

El demonio yacía inmóvil bajo Ryder, con el rostro deformado y los ojos hinchados completamente cerrados, pero Ryder no se detenía.

Sus puños seguían estrellándose contra la criatura una y otra vez, sin piedad.

—¿Ryder?

Extendí la mano hacia él, pero me quedé paralizada cuando se giró. Un gruñido siniestro hizo vibrar el aire entre nosotros.

Me quedé helada. Un amarillo sobrenatural había devorado sus iris. Sus pupilas eran pozos negros infinitos llenos de furia. Su rostro era el suyo, y al mismo tiempo no lo era. La oscuridad deformaba sus facciones, endureciendo su rostro hasta volverlo casi irreconocible.

—¿Ryder? —repetí, apenas capaz de respirar. Aun así logré contener el temblor de mi voz.

—Luna… —dijo con voz ronca.

—Ten cuidado —gritó Ash unos metros atrás, aún inmovilizado por la sustancia negra de la criatura.

Me armé de valor y negué con la cabeza mientras le tendía la mano.

Ryder nunca me haría daño. Lo creía con cada fibra de mi ser.

Su mandíbula se relajó y la oscuridad comenzó a retroceder bajo su piel.

El amarillo de sus ojos desapareció lentamente hasta dejar solo aquellos profundos iris negros que conocía muy bien.

Se impulsó para levantarse del suelo y aceptó mi mano.

Unos dedos helados se enroscaron en los míos, enviándome un escalofrío directo por las venas.

Sin decir nada, Ryder me atrajo hacia sus brazos, con el pecho agitado. Su corazón latía con fuerza contra mi cuerpo, un latido errático tan violento que podía sentirlo a través del abrigo.

Me acarició el pelo y apretó mi cabeza contra su pecho. El aroma almizclado me envolvió y me arropó. Me hizo sentirme segura y protegida.

—Estás bien —murmuró.

—Estoy bien.

Levanté la vista hacia él y el amarillo en los ojos había desaparecido. Solamente quedaban esos ojos negros imposibles de descifrar y que había llegado a amar. Ojalá pudiera entender todo lo que escondía detrás de esa mirada, las turbulentas emociones que permanecían justo debajo de la superficie.

—Eh, chicos, me vendría bien un poco de ayuda.

La voz de Ash me arrancó del hechizo.

Ryder soltó un gruñido bajo y me dejó ir. Se dirigió con paso firme hacia Ash, y yo corrí a ver cómo estaba Cinder. Su respiración era superficial, pero sus párpados se movieron cuando le hablé.

—Estás bien, Cinder. Vamos a sacarte de ahí, sana y salva.

Ryder logró sacar a Ash de la red de sustancia negra y se llevó a Cinder en brazos. Cuando los chicos se dieron la vuelta hacia el sendero, ojeé la nieve blanca, manchada de salpicaduras de sangre, y se me paró el corazón.

—¡El demonio se ha ido!