La Mestiza (Academia Darkblood 1) Capítulo 22 #2
75%

Capítulo 22 #2

—Gracias —contesté, abriéndome paso entre la multitud. Ash me siguió—. La verdad es que entrenar con Drake ha sido mejor de lo que esperaba.

Él resopló.

—Que el príncipe Drake ayude a alguien es algo monumental. Debes de haberle impresionado de verdad.

Un ligero rubor me sonrojó las mejillas.

—Solo lo hace porque los profesores le obligan.

—No. Drake no hace nada que no quiera hacer —Ash se rio entre dientes—. A menos que lo haga solo para fastidiar a Raine.

Me detuve al llegar al salir de entre la multitud y me giré para mirarlo.

—¿Qué está pasando entre ellos dos?

—Creo que han vuelto a liarse. Según Raf y Triston, llevan meses así. Cortan, vuelven, se pelean, regresan otra vez… el ciclo eterno.

Una punzada de celos me subió por las entrañas, pero la reprimí. No sentía nada por el príncipe de hielo, así que ¿por qué iba a importarme? Esos dos estaban hechos el uno para el otro.

Ash se frotó la nuca, con la mirada vagando de un lado a otro.

—Hablando de ligar, ¿vas a ir al baile de fin de semestre?

Levanté la cabeza de golpe, completamente desconcertada por su pregunta.

—La verdad es que no lo había pensado. Hasta hace una hora, me había olvidado por completo de que falta muy poco para el final del semestre.

Ash se quedó mirándome en silencio, y una timidez poco habitual iluminó sus ojos esmeralda. Oh, no… ¿estaba intentando invitarme al baile?

Un grito desgarrador atravesó el bosque antes de que pudiera decir nada más. Se me heló la sangre. Ash se tensó instantáneamente.

—¿Qué ha sido eso?

—Era Cinder —gruñó Ash. Sus pupilas se dilataron y sus iris brillaron con intensidad sobrenatural—. ¡Quédate aquí!

Olfateó el aire y salió corriendo hacia el espeso bosquecillo de pinos. Yo corrí tras él, esforzándome por seguir el ritmo de sus largas zancadas.

—¡Espera, Ash! —jadeé.

—¡Vuelve! —gritó por encima del hombro.

Pero no podía hacerlo, no cuando mi mejor amiga podía estar en peligro. Ash no era más que una sombra que se deslizaba entre los árboles, pero las profundas huellas de sus botas marcadas en la nieve me daban algo que seguir.

Otro grito rasgó el silencio y el corazón me dio un vuelco. Sin duda era Cinder. Bajé el ritmo en cuanto un gruñido grave resonó entre los pinos frente a mí. Avancé el resto del camino casi sin respirar, deslizándome entre los troncos. Y entonces lo vi. El aire abandonó mis pulmones de golpe.

Una criatura enorme mantenía a Cinder atrapada contra su pecho monstruoso, y una de sus garras, larga y afilada como una daga, descansaba sobre su garganta.

Dos cuernos color marfil se curvaban desde su cabeza gigantesca, reflejando la tenue luz de la luna.

Sus ojos rojos brillaron hacia mí apenas un segundo antes de volver a centrarse en Cinder.

A unos metros delante de ellos se encontraba Ash, gruñendo y parcialmente transformado.

Sus manos ya no parecían humanas; enormes garras negras sobresalían de sus dedos. Una cola cubierta de púas se agitaba detrás de él mientras su mandíbula se alargaba hasta formar un hocico verde oliva lleno de colmillos afilados.

—Ni se te ocurra, mutante —murmuró el demonio—. Si te transformas, le cortaré el cuello.

—No si antes te convierto en cenizas.

La voz ronca de Ash apenas parecía humana.

—¿Y arriesgarte a hacerle daño a esta cosita tan linda?

—No le haré ningún daño, dalo por hecho.

Ash dio un paso amenazante hacia adelante.

El demonio arañó la garganta de Cinder con una garra, y sobre su piel emergió un hilo fino de sangre. Ella soltó un grito ahogado y forcejeó inútilmente.

—¡Detente! —chillé, saliendo disparada de mi escondite.

Ash se quedó paralizado.

—¡De verdad, Luna, te dije que te quedaras ahí atrás!

Los ojos del monstruo se clavaron en los míos, y el símbolo de mi pecho latía al rojo vivo. Me llevé la mano a la piel, como si eso sirviera de algo.

—Sabía que aparecerías, mestiza.

Me armé de valor y di un paso hacia delante.

—Déjala ir. Sé que has venido a por mí.

—No, Luna —gimió Cinder.

—No te vas a ir con ninguna de las dos —gruñó Ash.

—Palabras muy valientes para un dragón joven.

El demonio extendió la mano y de ella brotó una sustancia negra y viscosa. Ash se apartó de un salto, pero la sustancia oscura se abalanzó tras él y se enroscó en sus piernas. Resbaló por la nieve y se estrelló contra un tronco mientras la sustancia trepaba por su cuerpo.

—¿Qué le estás haciendo? —grité.

El demonio resopló y un humo oscuro salió disparado de sus fosas nasales.

—Me enviaron a por la humana, pero si mato a unos cuantos más por el camino, el Señor Oscuro estará aún más complacido.

Cinder empezó a toser mientras el humo llenaba el aire. Se atragantaba y balbuceaba, intentaba llevarse las manos desesperadamente a la garganta, pero el monstruo se las sujetaba. El denso humo salía a borbotones de su boca y nariz. Cinder terminó completamente inmóvil en sus brazos.

—¡Por favor, detente!

Él la soltó y ella se desplomó en el suelo.