En Darkhen hay tres reglas. Las rompí todas la primera semana.
«Bienvenida a la Academia Darkhen», me dijeron. Darkblood la llaman los que ya han pasado un curso entero aquí. Y en Darkhen los romances prohibidos se pagan caros.
Regla uno: no te metas con los Siete. Regla dos: no pises el bosque de las hadas en luna llena, porque de ahí nadie vuelve igual. Regla tres, la importante: jamás te enamores de un instructor.
Me llamo Luna Hallows. Hace un mes vivía en una casa de acogida en Nueva York sin saber que la magia existía. Hoy soy la primera alumna humana de una academia llena de dragones, hadas, brujos y vampiros. Y, por lo visto, hija de Garrix. Como otras muchas, según me han dicho.
No tengo magia. Ni garras, ni colmillos, ni alas. Lo único que tengo claro es que alguien quiere matarme: un demonio me ha dejado la marca del diablo en la piel, y ahora todo lo que sube de ahí abajo puede rastrearme.
Ryder dice que va a entrenarme para que sobreviva. Veintidós años, hijo de Lucifer y el instructor de combate más joven de la academia. O sea, justo en lo que no debería estar pensando.
Y resulta que en Darkhen lo que puede matarme no es la magia. Es que él me mire así en mitad de un entrenamiento.
Lo que te espera:
Una academia sobrenatural con uniformes, exámenes y carreras de unipegs, criaturas mitad unicornio, mitad pegaso.
Amor prohibido entre mi instructor y yo, y un triángulo que no deja de complicarse.
Una humana sin poderes en un curso de dragones, hadas, brujos y nefilim.
Enemies to lovers con un príncipe feérico de hielo que me detesta… al principio.
Besos sí, escenas explícitas no.
Fantasía romántica juvenil ambientada en el mundo de Azar, el mismo de la serie «Hitched». No hace falta haber leído «Hitched» para empezar por aquí.








