La Mestiza (Academia Darkblood 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Subí las escaleras hacia el ala de administración intentando no hacer ruido, aunque sentía los nervios zumbándome bajo la piel.

Me habían llamado al despacho del director y, tras el fiasco de anoche, no podían ser buenas noticias.

Por muy duras que hubieran sido las cosas aquí, en la Academia Darkhen, no quería volver a casa.

¿ Qué casa ? Una voz molesta, pero tristemente acertada, susurró en mi mente.

Cillian no podría echarme ahora, ¿verdad? No cuando por fin estaba empezando a mostrar algunos indicios de poderes mágicos.

El pequeño escritorio frente al despacho del director estaba vacío; no había rastros de Darby. No echaba de menos en absoluto a ese viejo espeluznante. Cuando me acerqué, vi que la puerta del despacho estaba entreabierta. Varias voces llegaban amortiguadas desde dentro.

Entonces reconocí aquella voz grave y familiar.

—Deberías haberla visto anoche, Cill —gruñó Ryder—. No debería estar aquí; no está preparada para nada de esto.

Se me encogió el corazón… ¿Estaba hablando de mí?

—Ahora está bien, y eso es lo que importa —dijo Cillian—. Además, tiene que estar aquí. Ya no hay alternativa. Le prometimos a Kimmie-Jayne que la mantendríamos a salvo y eso es exactamente lo que vamos a hacer.

Un golpe seco retumbó dentro del despacho. Me sobresalté.

—Es fácil para ti decirlo. Tú no eres el que está ahí fuera con ella.

La voz de Cillian adoptó un tono tranquilizador. Era tranquila y casi hipnótica. Me acerqué un poco más a la puerta sin darme cuenta.

—Tengo fe en ti, sobrino. Harás todo lo que esté en tu mano para mantenerla a salvo.

—¿Y si no es suficiente?

Cillian gruñó.

—Tiene que serlo. Por el bien de todos —dijo. Hizo una pausa y sonó como si estuviera revolviendo unos papeles en su escritorio—. No te estarás acercando demasiado, ¿verdad?

—Por supuesto que no —dijo Ryder y soltó un suspiro—. ¿Alguna noticia de Logan?

El director resopló.

—Nada bueno. Los ataques son cada vez más frecuentes y descarados. Garrix no podrá mantener esto fuera de los medios de comunicación mucho más tiempo, por mucho que se esfuerce el Consejo de Guardianes Gárgola.

Hizo una pausa. Casi podía imaginarme al director pensando.

—¿Cómo va el entrenamiento? ¿Están preparados?

—No del todo, pero casi. Son poderosos, Cillian, realmente poderosos, pero aun así…

—¿Aun así qué?

—Siguen siendo unos críos, y todavía son muy ingenuos. La verdad, no estoy seguro de que estén preparados para lo que viene.

—Solo son unos años más jóvenes que tú, sobrino. ¿Tú estabas preparado?

Ryder resopló.

— Touché .

El sonido de sus pasos acercándose me hizo salir corriendo del vestíbulo y bajar las escaleras hacia el salón principal.

Tendría que averiguar más tarde cuál era mi castigo por romper las reglas de luna llena.

En ese momento, tenía que llegar a clase antes que Ryder e intentar entender lo que había oído.

Cinco minutos después atravesaba las puertas del gimnasio casi corriendo.

Y, por supuesto, choqué de lleno contra alguien.

Levanté la vista sabiendo perfectamente con quién me había topado.

Después de la noche anterior ya me sabía de memoria el olor de su colonia, la forma de su cuerpo y hasta el calor que desprendía cuando estaba demasiado cerca. ¿Cómo había vuelto aquí tan rápido?

Ryder se tensó al instante y dio un paso atrás. El calor me subió a las mejillas. El brazo herido me hormigueó bajo el vendaje, como si todavía recordara el roce de sus labios sobre mi piel.

—Me alegro de que haya podido unirse a nosotros, señorita Hallows.

Parpadeé. «¿Señorita Hallows?» ¿Qué? ¿Ni «pequeña», ni «fierecilla júnior», ni siquiera «Luna»?

Me crucé de brazos mientras él bajaba la mirada hacia el vendaje de mi bíceps.

Cuando volvió a hablar, su voz salió más baja. Más controlada. Sus ojos negros habían recuperado por completo la normalidad; no quedaba rastro del brillo salvaje de la noche anterior.

—¿Se encuentra bien para entrenar?

Asentí.

—Me encuentro bien.

Si él quería fingir que no había pasado nada, yo también podía hacerlo. No era yo la que estaba actuando de forma sospechosa y guardando secretos.

—Bien —dijo. Le hizo un gesto con la cabeza a Drake y yo solté un gemido interno—. Sr. Wintersbee, hoy entrenará con nuestra novata.

Drake puso los ojos en blanco sin apartar la vista del vendaje.

—Ya está herida. No quiero que me hagan responsable de lo que pase.

Raine y Aeria se rieron entre dientes a sus espaldas, y las dos chicas me lanzaron miradas maliciosas.

Junto a ellas se encontraban los demás de Los Siete, formando un círculo cerrado.

Un par de ojos ámbar captaron los míos, y la imagen del lobo gris en el bosque se me pasó por la mente.

Triston. No lo conocía bien, pero el pin de citrino en su camisa de polo lo identificaba como un cambiaformas.

¿Podría haber sido él el enorme lobo gris con el que me había topado anoche?

—¿Luna? Luna, ¿sigues ahí?

La voz irritada de Ryder me devolvió a la realidad.

—Sí, lo siento. ¿Qué has dicho?

Me entregó un par de guantes de kickboxing y un casco que hacía juego.

—Ponte en marcha. Hoy tienes mucho que recuperar.

Drake me lanzó una mirada de enfado mientras me guiaba hacia la esquina del gimnasio.

Al menos me ahorraría la humillación de que se burlaran de mí en plena sala.

Cuando llegamos a nuestra colchoneta de entrenamiento, el príncipe de hielo se ajustó los guantes y tiró el casco al suelo.

Ni siquiera creía que pudiera darle un solo golpe…

bueno, ya le demostraría lo que valía. Me propuse como misión del día darle al menos un puñetazo en la cara al chico atractivo.

Drake sonrió con aire burlón y levantó los puños.

—Ven a por mí.

Canalicé toda la rabia acumulada desde la noche anterior, el miedo y el caos. La conversación que había escuchado aquella mañana. Y me lancé contra él. Mis puños salieron disparados una y otra vez, pero Drake esquivaba cada golpe con una facilidad irritante. Y eso solo conseguía enfadarme más.

Entonces lo pillé desprevenido con una patada giratoria. Mi pie impactó contra la parte alta de su hombro.

—¡Sí! —grité.

Una pequeña sonrisa le curvó los labios.

—¿Quieres que empiece a defenderme de verdad?

—Me gustaría ver cómo lo intentas.

Sus ojos lila brillaron y sus movimientos se volvieron borrosos. Lo único que pude hacer para evitar que me noqueara fue protegerme la cara con los puños enguantados. Un segundo después, caí sobre la colchoneta con un golpe sordo que hizo temblar el suelo. Vale, quizá me había confiado de más.

Drake me tendió la mano y me ayudó a levantarme, para mi total sorpresa.

—Nada mal para una humana. Has aguantado treinta segundos completos. He noqueado a Scarlett en menos tiempo que eso.

Scarlett, la vampira callada de Los Siete. Apenas había tenido contacto con ella después del primer día en el vestuario. Siempre parecía mantenerse apartada, incluso cuando estaba con el resto del grupo.

—¿Entrenas por tu cuenta, fuera del horario de clase?

La imagen de Ryder guiando al grupo hacia el bosque a primera hora de la mañana se me pasó por la cabeza.

Drake se encogió de hombros y se apartó el pelo platino detrás de la oreja puntiaguda.

—A veces. Se necesita práctica para ser el mejor… Bueno… práctica para los demás, quiero decir.

—Por supuesto.

Sacudí la cabeza intentando ocultar la sonrisa. Tenía que apuntarme a esos entrenamientos extra. Quizá podría convencer a Ash para que me dejara unirme… Aunque, siendo realistas, dudaba muchísimo que ocurriera.

Ryder se acercó pavoneándose, con sus ojos oscuros evaluándome.

—¿Qué tal por aquí?

—Aún no la he matado, así que eso ya es algo.

Menudo idiota.

—La humana preguntaba si podía hacer un poco de práctica extra —continuó Drake—. Quizá podrías encargarte tú, Ryder.

Ryder entrecerró ligeramente los ojos. Y, por extraño que pareciera, juraría que Drake se tensó un poco.

—Aunque supongo que podría hacerlo cualquier otro —murmuró enseguida.

Ryder soltó una respiración larga antes de responder.

—No, tienes razón. Probablemente deba entrenar con Luna yo solo.

Mi corazón dio un vuelco y se me secó la boca.

—¿Perdón? —logré decir.

—Espero que no tengas planes después de clase, Luna, porque durante las próximas semanas vas a ser toda mía.

Sentí un nudo en el estómago y el calor me subió por el cuello.

—Y si tienes suerte —continuó—, conseguiré que Cillian considere eso parte de tu castigo por la escapadita de anoche.

Drake arqueó una ceja.

—¿Qué hizo la humana?

—Nada —murmuramos Ryder y yo al unísono.

Nuestro instructor se volvió hacia el resto de la clase.

—Continúen, y nos vemos esta tarde, Luna —dijo por encima del hombro.

—Gracias por todo, de verdad —le murmuré con ironía a mi compañero de entrenamiento una vez que el demonio se alejó.

—Ya me darás las gracias cuando Ryder te convierta en una auténtica bestia—. Se pasó la mano por su pelo puntiagudo—. ¿Quieres que Raine y Aeria te respeten? Entonces demuéstrales a ellas y a todos los demás que de verdad perteneces a Darkblood.

¿Qué era esto? ¿De verdad Drake Wintersbee me estaba dando un buen consejo? Los cambios de humor de este tipo me dejaban atónita.

—Ayudaría bastante que pudiera controlar mi magia… o al menos hacer que aparezca cuando la necesito —me quejé.

Puso los ojos en blanco, con gesto de aburrimiento.

—¿Tú sabes cómo funciona esto aquí, no? Sí, soy un feérico y tengo magia heredada.

Puedo controlar elementos invernales y todo eso.

Pero antes de entrar en la academia no sabía hacer ni la mitad de las cosas que hago ahora.

No sabía invocar dagas. Ni levitar. Ni crear escudos.

Todo eso tuve que aprenderlo aquí —dijo.

Sus ojos lila volvieron a clavarse en mí—.

Como todos los demás. Así que sí, eres humana y no tienes magia heredada, pero deja de obsesionarte con eso y aprende. Igual que hemos hecho todos.

Me quedé con la boca abierta y sin palabras. Claro, se había portado como un idiota, pero tenía razón. Quizá era hora de que dejara de culpar al universo por mi falta de magia y empezara a tomar el control de mis habilidades yo misma.