Capítulo 16 #3
—Si implica riesgo para otras personas…
—Entonces hablamos de esas personas.
—Puede no ser posible identificarlas.
—Entonces hablamos del riesgo.
Maela esperó.
—Pero no entregáis mi expediente entero para demostrarlo.
Serah miró a Maela.
Amara también.
Lyra comprendió que aquella pregunta volvería.
No solo allí.
Durante años quizá.
—Mi cuerpo no es la única forma de demostrar una afirmación científica —dijo.
Nira la miró.
Lyra continuó.
—Si encontráis algo general, demostradlo de forma general.
—Puede empezar contigo —dijo Maela.
—Sí.
—Eso dificulta separar ambas cosas.
—Por eso estamos escribiendo catorce condiciones.
—Quince —dijo Nira.
—Gracias.
—De nada.
Amara pasó a la siguiente página.
—Quiero una modificación.
—Dime.
—Los datos no deberían entregarse «primero» a ti.
Lyra levantó una ceja.
—Interesante comienzo.
—Escucha.
—Estoy.
—Si cada equipo analiza por separado y tú recibes un resultado antes que las demás, puedes convertirte accidentalmente en intermediaria científica sin tener herramientas para evaluar discrepancias.
Lyra sintió irritación.
Iria.
Amara lo vio inmediatamente.
—Eso ha sonado mal.
—Mucho.
—No estoy diciendo que no puedas entenderlo.
—Sigue empeorando.
—Estoy diciendo que quiero que todos los resultados primarios se depositen simultáneamente en un repositorio que tú controles junto con una persona técnica elegida por ti.
—Ah.
—Tú tienes acceso primero en el sentido de que nadie puede analizarlos fuera del sistema antes de que tú puedas verlos. Pero no quiero obligarte a ser responsable de distribuirlos.
Nira asintió lentamente.
—Eso es mejor.
—¿Sí?
—Sí.
—Bien.
Amara sonrió.
—¿Acabas de aceptar una idea mía?
—No te acostumbres.
—Imposible.
Vespera seguía callada.
Eso era visible.
Lyra esperó hasta que Amara terminó.
—¿Tú?
Vespera levantó la cabeza.
—¿Qué?
—No has dicho nada.
—Ya dije demasiado antes.
La respuesta dolió de una forma distinta.
—Puedes opinar.
—¿Quieres mi opinión?
Lyra pensó.
—Sí.
Vespera dejó el documento.
—Creo que el protocolo es bueno.
Lyra esperó.
—Y sigo deseando que no lo hagas.
—Gracias.
Vespera pareció sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque son dos cosas distintas.
Nira bajó la cabeza.
Amara fingió revisar una cláusula.
Serah miró hacia otro lado.
Vespera soltó aire.
—Sí.
La conversación continuó.
Durante casi dos horas.
No fue emocionante.
Eso le gustó a Lyra.
Discutieron temperaturas.
Duración máxima de las sesiones.
Comida.
Descanso.
Quién podía tocarla.
Qué significaba exactamente «tocar» en determinados procedimientos.
Si una medición de presión necesitaba consentimiento separado cada vez.
Lyra decidió que no.
Si una exploración genital sí.
Sí.
Si una extracción de sangre autorizaba análisis futuros no especificados.
No.
Si podían conservar células.
Solo durante el procedimiento y después destruirlas.
Amara protestó.
Lyra dijo no.
Amara volvió a protestar.
Lyra volvió a decir no.
Amara sonrió.
—Bien.
—¿Bien qué?
—Nada.
—No hagas eso.
—Estoy apreciando una respuesta clara.
—Tienes muchas.
—Sí.
Cuando terminaron, el protocolo ocupaba veintiocho páginas.
Lyra lo contempló con cansancio.
—He creado algo peor que el contrato de Kestrel.
Amara negó.
—No.
—Tiene veintiocho páginas.
—El mío tenía cuarenta y dos.
—Eso no es un estándar.
—Para mí sí.
Maela cerró su copia.
—Falta la fecha.
Nira consultó disponibilidad.
—Argyre puede estar preparado en tres días.
Vespera reaccionó.
—Demasiado pronto.
Lyra la miró.
—Perdón.
Nira hizo como si no hubiera ocurrido.
—Cinco días permiten revisar equipos, trasladar a la plantilla y hacer auditoría de red completa.
—Cinco —dijo Lyra.
Amara asintió.
Serah también.
Maela tardó un poco más.
—Cinco.
Nira escribió.
ARGYRE.
INICIO: 08:00.
DURACIÓN MÁXIMA PREVISTA: 36 HORAS DISTRIBUIDAS EN TRES DÍAS.
Lyra miró el nombre.
Argyre.
Hasta entonces todo aquello había ocurrido alrededor de ella.
En salas.
En archivos.
En otras sociedades.
En la cabeza de personas que creían saber lo que significaba.
Ahora había una fecha.
Un lugar.
Y una decisión que llevaba su firma antes que ninguna otra.
Nira giró la terminal.
—Falta autorización.
Lyra leyó la última página.
No había ninguna cláusula nueva.
Solo nombres.
LYRA VALE — PERSONA EXAMINADA / TITULAR DE CONSENTIMIENTO
Debajo:
AMARA KESTREL — EQUIPO DISEÑADO
SERAH VALE — ANÁLISIS HISTÓRICO
MAELA ORIN — CONTINUIDAD / AUDITORÍA
NIRA — CUSTODIA TÉCNICA ELEGIDA POR LYRA
KEIRA SOL — RESPONSABILIDAD CLÍNICA
Y más abajo:
VESPERA RHEA — OBSERVADORA DESIGNADA POR AONIA. SIN AUTORIDAD SObrE EL PROCEDIMIENTO.
Lyra se quedó mirando esa última frase.
Vespera también.
—No tienes que venir —dijo Lyra.
Su madre levantó la vista.
—¿Quieres que vaya?
Otra pregunta sencilla.
Últimamente las sencillas eran las peores.
Lyra pensó.
—Sí.
Vespera asintió.
—Entonces iré.
—Pero eso sigue ahí.
Señaló:
SIN AUTORIDAD SObrE EL PROCEDIMIENTO.
Vespera leyó.
—Sí.
—Aunque seas Coordinadora.
—Sí.
—Aunque creas que algo sale mal.
Vespera tardó.
—Si Keira dice que hay una emergencia médica…
—Keira decide.
Vespera cerró los ojos un instante.
—Sí.
Lyra observó su rostro.
—¿Puedes hacerlo?
Vespera abrió los ojos.
La respuesta tardó demasiado.
Pero llegó.
—Sí.
Lyra quiso creerla.
Lo hizo lo suficiente.
Apoyó el dedo sobre su nombre.
El sistema pidió confirmación.
¿ACEPTA VOLUNTARIAMENTE EL PROTOCOLO DESCRITO?
Lyra leyó la pregunta dos veces.
La entendía.
Podía decir no.
Nada ocurriría.
Amara se marcharía.
Serah volvería a sus archivos.
Maela a sus Custodias o a lo que quedara de ellas después de sus documentos.
Vespera probablemente respiraría mejor.
Nira seguiría buscando a quien había distribuido sus datos.
El mundo continuaría.
Eso era lo que hacía que el sí importara.
Lyra pulsó.
ACEPTO.
La pantalla cambió.
Nadie habló.
Después aparecieron las demás confirmaciones.
Amara.
Serah.
Maela.
Nira.
Keira.
Vespera, la última.
PROTOCOLO AUTORIZADO.
LUGAR: ARGYRE.
Lyra miró la palabra.
Sintió miedo.
Mucho.
No desapareció porque hubiera elegido.
Tampoco necesitaba hacerlo.
Cerró la terminal.
—Bien —dijo.
Amara levantó una ceja.
—¿Bien?
Lyra se puso de pie.
—Dentro de cinco días podéis mirar.
Vespera tensó la mandíbula.
Lyra la vio.
Se acercó a ella.
Durante un segundo no supo si abrazarla.
Su madre tampoco.
Lyra terminó haciéndolo.
Vespera la rodeó con los brazos.
No demasiado fuerte.
Eso importó.
—Tengo miedo —dijo Vespera junto a su cabello.
Lyra cerró los ojos.
—Yo también.
Vespera se apartó apenas.
—Todavía puedes cambiar de opinión.
—Sí.
—Hasta el último segundo.
—Sí.
Vespera respiró.
—Bien.
Lyra sonrió.
—Y durante.
Su madre tardó.
Después también sonrió.
Muy poco.
—Y durante.
Lyra se separó.
Recogió la terminal.
En la pantalla apagada podía ver vagamente su reflejo.
No un expediente.
No una designación.
No una cuestión poblacional.
Su cara.
Su cuerpo.
Todavía suyo.
Dentro de cinco días entraría en Argyre y dejaría que otras personas intentaran comprenderlo.
Eso no cambiaba la primera cosa.
O no debería.
Lyra guardó la terminal.
Argyre esperaba.
Esta vez iría porque había decidido ir.
* * *