Capítulo 16 #2
—Solo estoy preguntando.
—Le pedí ayuda a Nira.
—Bien.
—Porque era mi decisión.
Vespera respiró lentamente.
Lyra vio cómo intentaba cambiar.
No de opinión.
De método.
Eso era casi peor.
—Explícame las condiciones —dijo.
Lyra lo hizo.
Una por una.
Consentimiento individual para cada procedimiento.
Derecho a detener cualquier prueba sin justificar la decisión.
Ninguna sedación salvo emergencia clínica separada.
Ninguna muestra permanente sin autorización específica.
Destrucción certificada de muestras temporales después del plazo acordado.
Acceso de Lyra a todos los datos antes de cualquier interpretación pública.
Mismos datos para las tres partes.
Nada de paquetes diferentes.
Nada de patentes sobre secuencias, rasgos o modelos biológicos derivados de ella.
Separación estricta entre expediente médico y conjunto científico.
Cualquier hallazgo clínico se trataba primero como medicina.
Nada de imágenes identificables sin consentimiento separado.
Registro de todas las personas con acceso.
Nada de observadores remotos no declarados.
Ninguna transferencia a la Comisión de Voss sin autorización de Lyra salvo obligación legal que tuviera que ser impugnada públicamente.
Y, al final:
—Puedo cancelar todo aunque ya haya empezado.
Vespera había dejado de interrumpir.
Eso preocupó a Lyra más que si hubiera discutido.
—¿Dónde? —preguntó.
—Todavía no lo sé.
—Entonces no has decidido del todo.
—He decidido hacerlo.
—El lugar importa.
—Sí.
—Aonia.
—No.
Vespera frunció el ceño.
—¿Por qué no?
—Porque aquí tú controlas seguridad.
Nira miró la mesa.
Vespera se quedó inmóvil.
—No controlo seguridad.
—Coordinas.
—Oda conserva…
—Mamá.
La palabra la detuvo.
—Si lo hago aquí y hay un conflicto, tú puedes cerrar una puerta.
—Solo en circunstancias definidas.
—Puedes.
Vespera no respondió.
Lyra continuó.
—No quiero estar en una sala preguntándome si Amara puede salir porque tú has decidido que no.
—No haría eso.
—Lo sé.
Vespera pareció aliviada.
Demasiado pronto.
—Pero no quiero que mi seguridad dependa de saber que tú no lo harías.
Nira levantó los ojos.
Vespera no.
—Eso suena a algo que te ha dicho Nira.
—No.
—Vespera —dijo Nira.
—No la estoy acusando.
—Parece.
Lyra cerró el documento.
—Quiero un lugar que ninguna de las tres sociedades controle completamente.
Vespera se frotó la frente.
—No existe.
—Entonces uno que todas controlen mal.
Nira soltó una risa.
—Eso sí existe.
Vespera la miró.
—No ayudes.
Lyra casi sonrió.
El eco produjo una incomodidad pequeña.
Capítulo seis.
Una cocina.
Hombros.
Antes de que todo se rompiera.
—Lyra —dijo Vespera—, ¿por qué?
Lyra sabía que la pregunta llegaría.
Aun así, le costó.
—Porque quiero saber qué hay en mí.
—Ya sabes suficiente para estar sana.
—No es lo mismo.
—¿Qué cambiará?
—No lo sé.
—Entonces.
Lyra sintió irritación.
—No todo conocimiento tiene que justificar su existencia antes de obtenerlo.
—Cuando obtenerlo significa exponerte…
—Yo decido si merece la pena.
—Estás enfadada.
—Sí.
—Conmigo.
—También.
—Y con Iria.
Lyra sintió el golpe.
—No uses eso.
—No lo estoy usando.
—Acabas de hacerlo.
Vespera se quedó callada.
Nira no intervino.
Bien.
Lyra se inclinó hacia delante.
—No estoy haciendo esto para castigar a nadie.
—No he dicho eso.
—Estás insinuando que no puedo distinguir curiosidad de enfado.
—Estoy diciendo que llevas días…
Vespera se detuvo.
Lyra esperó.
—¿Qué?
—Nada.
—No. Termina.
Vespera respiró.
—Que llevas días tomando decisiones bajo mucha presión.
Lyra se quedó mirándola.
—Eso es impresionante.
—¿Qué?
—Tú eres Coordinadora de Contingencia.
—No tiene nada que ver.
—Has aceptado un cargo porque estamos bajo presión.
—Para proteger Aonia.
—Y yo quiero hacer un examen para entender mi propio cuerpo.
—Esto es distinto.
Lyra sintió algo cerrarse.
No necesitó pensar.
—Eso dicen todas.
Silencio.
Vespera quedó inmóvil.
Nira bajó los ojos.
La frase había salido más dura de lo que Lyra esperaba.
No quiso retirarla.
Vespera sí pareció querer que desapareciera.
—No soy Iria —dijo.
—No.
—Ni Voss.
—No.
—Ni Amara.
—No.
—Entonces no me metas en la misma categoría.
Lyra sintió dolor.
—No lo estoy haciendo.
—Acabas de hacerlo.
—Estoy diciendo que todas encontráis una razón para que vuestra decisión sea la excepción.
Vespera se levantó.
—Yo no he decidido por ti.
Lyra también.
—Dijiste no antes de preguntarme por qué.
—Porque tengo miedo.
La frase llegó fuerte.
No gritada.
Vespera tenía los ojos húmedos.
Eso desarmó algo en Lyra.
No suficiente.
—Ya lo sé.
—No, no lo sabes.
Vespera dio un paso.
Se detuvo.
—Alguien robó tus datos. Los repartió entre medio Marte.
El Núcleo ha creado una institución que puede argumentar que tu cuerpo tiene consecuencias poblacionales.
Hellas está descubriendo cosas que podrían romper su propia historia.
Kestrel quiere estudiarte. Y tú me dices que quieres entrar en una sala con todas ellas y darles más.
—No se los doy.
—Lyra.
—Los genero conmigo presente y bajo mis condiciones.
—Los datos existen igual.
—Mi cuerpo existe igual.
Vespera cerró la boca.
La frase había llegado demasiado tarde.
—Tú me enseñaste que nadie decide por mi cuerpo.
Vespera la miró.
—Sí.
—Entonces deja que eso signifique algo cuando no te gusta mi decisión.
La frase fue más baja.
Vespera respiró.
Pareció envejecer varios años en pocos segundos.
—No quería enseñarte a ponerte en peligro.
Lyra sintió ternura.
Aquello fue horrible.
—No puedes enseñarme autonomía solo para las decisiones que te tranquilizan.
Nira se levantó.
—Voy a…
—No —dijeron ambas.
—Bien.
Volvió a sentarse.
Lyra casi se rió.
Vespera abrió los ojos.
—¿Puedo pedir una cosa?
—Pedir sí.
La palabra produjo algo entre ambas.
Vespera lo aceptó.
—Que no sea en el Núcleo.
—No pensaba.
—Ni en Hellas.
—Tampoco.
—Y que haya gente de Aonia.
—Nira.
Vespera miró a Nira.
—¿Solo Nira?
Lyra pensó.
—Plantilla médica si hace falta.
—¿Oda?
—No.
Vespera apretó la mandíbula.
—Seguridad.
—No quiero seguridad dentro.
—Fuera.
—Puede.
—Y quiero ver el protocolo antes.
Lyra estuvo a punto de negarse.
La petición no era mala. Venía de Vespera.
Se obligó a distinguir.
—Puedes verlo.
Vespera asintió.
—Gracias.
—No significa que puedas vetarlo.
El asentimiento tardó.
—Lo sé.
Lyra la miró.
—¿Lo sabes?
Vespera sostuvo su mirada.
—Estoy intentando.
Era una buena respuesta.
Lyra no estaba preparada para perdonarla por necesitar darla.
Pero era buena.
Se sentaron otra vez.
Nira miró a ambas.
—Tengo una propuesta de lugar.
Vespera se volvió.
—¿Desde cuándo?
—Desde que Lyra ha dicho «uno que todas controlen mal».
—Eso no era una solicitud técnica.
—Pero era precisa.
Nira abrió un mapa.
Argyre.
Lyra reconoció el nombre.
Una antigua instalación de investigación construida en el borde norte de la cuenca, demasiado lejos de Hellas para pertenecer a su infraestructura cotidiana, demasiado al sur para que el Núcleo la considerara propia y conectada durante décadas a asentamientos Libres que utilizaban sus laboratorios cuando necesitaban equipos que Aonia no tenía.
—Argyre —dijo Vespera.
—Sí.
—Está casi abandonada.
—No.
Nira amplió.
—Subutilizada.
—Eso es una palabra administrativa para abandonada.
—Tiene laboratorio clínico de clase cuatro.
—¿Quién lo mantiene?
—Un consorcio de siete asentamientos, dos cooperativas médicas y…
Nira hizo una pausa.
Vespera la miró.
—¿Qué?
—Kestrel suministra parte del equipamiento.
Vespera soltó una risa sin humor.
—Claro.
—Sin plantilla permanente.
—Claro.
—Y Hellas conserva acceso al archivo histórico del anexo sur.
—Mejor todavía.
Lyra miró el mapa.
—Entonces todas tienen algo allí.
Nira asintió.
—Y ninguna manda.
Vespera estudió la pantalla.
—Seguridad.
—Local.
—¿Quién?
—Una cooperativa.
—¿Libre?
—Mixta.
Vespera hizo una mueca.
Lyra sonrió.
—Te encanta.
—No.
—Lo veo.
—Odio cada parte.
—Perfecto.
Vespera la miró.
Por primera vez desde que había empezado la conversación, sonrió.
Muy poco.
—Sí —dijo—. Probablemente eso sea buena señal.
La segunda reunión fue más pequeña que la primera.
Lyra lo exigió.
Amara.
Serah.
Maela.
Nira.
Vespera.
Una médica de Aonia llamada Keira.
Y ella.
Nadie más.
Oda se quedó fuera.
Eso también había sido una negociación.
Amara leyó las condiciones sin interrumpir.
Serah más despacio.
Maela dos veces.
Vespera no necesitaba leerlas otra vez y aun así lo hizo.
Lyra esperó.
Amara llegó primero a la cláusula de propiedad.
—Kestrel no aceptará esto tal como está.
—Entonces no hay examen.
Amara levantó la vista.
—No he dicho que yo no lo acepte.
—Eso parece un problema vuestro.
Una sombra de sonrisa.
—Sí.
Serah señaló otra cláusula.
—«Mismos datos para todas las partes.» ¿Incluye archivos históricos utilizados para comparación?
—Si utilizas un archivo para sacar una conclusión sobre mí, quiero saber qué archivo.
—Algunos son restringidos.
Maela habló antes que Serah.
—Entonces no los utilizamos.
Serah la miró.
Maela sostuvo la mirada.
La tensión entre ambas seguía allí.
Más fría ahora.
—Eso limitará el análisis —dijo Serah.
—Entonces pide autorización para compartirlos —respondió Lyra.
—Puede tardar.
—Tengo veintidós años.
Amara sonrió.
—Eso sí es una ventaja poco habitual en negociaciones institucionales.
Vespera la miró.
Amara levantó las manos.
—No estoy ayudando.
Nira dejó escapar aire.
Lyra sintió algo parecido a normalidad.
Duró poco.
Keira señaló la cláusula de detención del procedimiento.
—Necesito una excepción.
Lyra se tensó.
—¿Cuál?
—Si durante una prueba ocurre una emergencia clínica real y tú pierdes capacidad de decidir, necesitamos poder actuar.
Lyra pensó.
—Salvarme la vida.
—Sí.
—No terminar la prueba.
—Exacto.
—Escríbelo así.
Keira lo hizo.
Maela levantó otra cuestión.
—¿Qué ocurre con conclusiones poblacionales?
Vespera se tensó.
Lyra la vio.
—¿Qué quieres decir?
—Si encontramos un dato que afecta no solo a ti.
—Nada afecta solo a mí si preguntas bastante tiempo.
Maela aceptó el golpe.
—Me refiero a una variante hereditaria con consecuencias demostrables para otras líneas.
—Me lo decís.
—¿Y después?
—Después decido qué hago con la información.
Maela frunció el ceño.