Capítulo 15 #3
—¿Cuándo lo devuelves? —preguntó Nira.
Vespera siguió mirando el plato.
—Dentro de siete días, si no se renueva.
—No te he preguntado qué dice el mandato.
Vespera levantó la vista.
Nira tenía las manos alrededor de un vaso.
—¿Qué me has preguntado?
—¿Cuándo lo devuelves?
—Cuando esto termine.
—Eso no es una fecha.
Vespera sintió irritación.
Inmediata.
—Acabamos de escribir una.
—Has escrito una revisión.
—Siete días.
—Con posibilidad de renovación.
—Si la asamblea lo aprueba.
—Sí.
—Entonces no depende de mí.
Nira la observó.
Vespera sintió que algo se tensaba.
—¿Qué?
—Nada.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—La cara.
—No estoy haciendo ninguna cara.
—Nira.
—Estoy pensando.
—Pues hazlo menos visiblemente.
Nira dejó el vaso.
—¿Quieres conservarlo?
La pregunta llegó demasiado pronto.
Vespera se echó hacia atrás.
—Llevo tres horas.
—No es una respuesta.
—Porque la pregunta es absurda.
—Puede.
—No sé cómo me siento.
—Eso sí es una respuesta.
Vespera se levantó.
Llevó el plato a la cocina. Necesitaba moverse.
—Hoy alguien ha intentado entrar otra vez en una red médica.
—Sí.
—El Núcleo acaba de crear una institución que puede reclamar competencia sobre Lyra.
—Sí.
—Hellas está enviando documentos, preguntas y no sé qué más.
—Sí.
—No tenemos ni idea de quién distribuyó los datos.
—Sí.
Vespera se volvió.
—Entonces perdona si no estoy pensando en lo agradable que me resulta tener un título.
Nira la miró.
—No he dicho agradable.
—Lo has insinuado.
—No.
—Entonces ¿qué quieres?
Nira tardó.
—Que recuerdes cómo te sentiste en la sala técnica cuando enumeraste bloquear, cancelar, cerrar.
Vespera sintió el golpe.
—No es lo mismo.
Las palabras salieron.
Se arrepintió inmediatamente.
Nira también las oyó.
Silencio.
—Mierda.
—Sí.
—No quería…
—Ya sé.
—No digas eso.
Nira casi sonrió.
No lo hizo.
Vespera apoyó las manos sobre la encimera.
—Esto sí es distinto.
Nira no respondió.
—Lo es.
—Probablemente.
—Hay límites.
—Sí.
—Hay revocación.
—Sí.
—No puedo detener a nadie.
—Sí.
—No puedo registrar comunicaciones.
—Sí.
Vespera se volvió.
—Entonces ¿por qué me estás mirando como si hubiera hecho algo terrible?
Nira dejó pasar varios segundos.
—No creo que hayas hecho algo terrible.
Eso desarmó parte del enfado.
—Entonces.
—Creo que has hecho algo razonable.
Nira continuó.
—Y creo que casi todo lo peligroso que estamos viendo esta semana empezó con alguien haciendo algo que le parecía razonable.
Vespera no respondió.
Iria.
Serah.
Voss.
Ella.
Demasiadas líneas convergiendo.
—No pienso convertirme en Voss.
Nira arqueó una ceja.
—Eso ha sido dramático.
—Sabes lo que quiero decir.
—Sí.
—Ni en Mara.
—También.
—Ni en…
Se detuvo.
No quería decir Iria.
Eso habría sido injusto.
Nira lo supo.
—Bien.
Vespera respiró.
—Siete días.
—Sí.
—Y después vemos.
Nira inclinó la cabeza.
—Eso sigue sin ser una fecha de devolución.
La irritación volvió.
Pero ahora la reconoció.
No era porque Nira estuviera equivocada.
Era porque la pregunta exigía una promesa que Vespera no quería hacer.
Aquello la asustó más que el cargo.
La terminal emitió un tono.
Vespera giró inmediatamente.
Nira observó el movimiento.
—No tienes que contestar todo.
—Es prioritario.
—Por supuesto.
Vespera abrió.
Solicitud de Oda.
SECTOR MÉDICO SUR
RECOMENDACIÓN: RESTRICCIÓN TEMPORAL DE ACCESO TÉCNICO NO ESENCIAL
Debajo había una justificación.
La autenticación exterior de aquella tarde había utilizado una dependencia antigua del sistema de respaldo.
Nira necesitaba doce horas para desmontarla y verificar que no existían rutas paralelas.
Durante ese tiempo, Oda recomendaba restringir el acceso físico a dos salas técnicas.
No al sector.
No a las viviendas.
No al espacio médico.
Dos salas.
Vespera leyó.
—¿Es necesario?
Nira se acercó.
Leyó por encima de su hombro.
—Sí.
—¿Doce horas?
—Probablemente menos.
—¿Hay alguien trabajando dentro?
—Tres técnicas.
—¿Pueden salir?
—Claro.
—¿Pueden volver a entrar?
Nira entendió.
—Solo con autorización de seguridad hasta que terminemos.
Vespera miró la parte inferior.
Había un espacio nuevo.
AUTORIZACIÓN DE COORDINACIÓN DE CONTINGENCIA
Debajo:
VESPERA RHEA
No había visto nunca su nombre en un lugar así.
Lo había visto en actas.
En mensajes.
En propuestas.
En listas de participantes.
No debajo de una medida que cambiaría lo que otras personas podían hacer.
—Puedes pedir que lo apruebe Oda —dijo Nira.
—Lo ha solicitado ella.
—Puede ejecutar medidas inmediatas por riesgo técnico.
—Pero esta dura doce horas.
—Sí.
Vespera leyó otra vez.
Dos salas.
Doce horas.
Acceso técnico.
Registro público automático.
Revisión a las seis horas.
Era exactamente el tipo de límite que había exigido.
Razonable.
Específico.
Temporal.
—Esto es para lo que acepté —dijo.
Nira no respondió.
Vespera apoyó el dedo sobre la autorización.
La terminal preguntó:
¿CONFIRMAR RESTRICCIÓN TEMPORAL?
Sintió un pequeño nudo en el estómago.
No miedo.
Otra cosa.
Pulsó.
La pantalla cambió.
APROBADO.
VIGENCIA: 12 HORAS
AUTORIZA: VESPERA RHEA, COORDINADORA DE CONTINGENCIA
Vespera leyó su nombre.
Una vez.
Después otra.
La sensación llegó antes de que pudiera impedirla.
Satisfacción.
No enorme.
No euforia.
Algo mucho más peligroso.
La limpieza de haber decidido.
La certeza de que ya estaba hecho.
No tenía que convencer a nadie más.
No tenía que esperar a que una sala se cansara de discutir.
No tenía que encontrar una frase que permitiera a todas ceder sin admitir que habían cedido.
Había leído un problema.
Había tomado una decisión.
El mundo había cambiado.
Así de simple.
Vespera retiró la mano de la terminal.
Nira seguía a su lado.
—¿Qué? —preguntó Vespera.
—Nada.
—Otra vez esa cara.
—No estoy haciendo ninguna.
Vespera cerró la pantalla.
Demasiado rápido.
—Era una medida razonable.
—Sí.
—Necesaria.
—Sí.
—Temporal.
—Sí.
Vespera la miró.
—Entonces deja de decir sí así.
—¿Así cómo?
Vespera no supo explicarlo.
Miró otra vez la pantalla cerrada.
Su propio nombre seguía existiendo detrás.
La orden también.
Dos salas de Aonia acababan de quedar restringidas porque ella había apoyado un dedo.
La idea debería haberle producido únicamente responsabilidad.
No fue así.
También le había gustado.
Muy poco.
Lo suficiente.
Vespera apagó la terminal.
—Siete días —dijo.
Nira la observó.
Esta vez no respondió.
Y Vespera comprendió que había empezado a repetir la cifra no para tranquilizar a Nira.
Para tranquilizarse a sí misma.
* * *