La medida Capítulo 15
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Capítulo 15

El poder temporal

Aonia tardó cuarenta y tres minutos en inventar un cargo y casi tres horas en decidir cómo llamarlo.

Vespera consideró que aquello resumía bastante bien el problema.

—Coordinación de contingencia —dijo Oda.

—Suena militar —respondió Suna.

—Estamos hablando de seguridad.

—Precisamente.

—Enlace extraordinario.

—Suena a transporte.

—Responsable temporal.

—Suena a que hay una responsable permanente.

—No la hay.

—Entonces peor.

Vespera llevaba demasiado tiempo de pie.

Se sentó en el borde de una de las plataformas del antiguo depósito de agua, detrás de la última fila de bancos improvisados.

No estaba en el centro.

Había elegido deliberadamente no estarlo.

Aquello ya no servía de mucho.

La asamblea ocupaba casi todo el depósito.

Más de cuatrocientas personas en el interior y otras tantas conectadas desde sectores exteriores.

Las antiguas paredes conservaban las marcas de nivel de cuando el espacio todavía almacenaba agua. La más alta quedaba varios metros por encima de sus cabezas.

Vespera las miró.

Pensó que quizá un depósito vacío fuera el lugar perfecto para discutir cuánto poder podía acumular una comunidad antes de empezar a ahogarse en él.

—Coordinadora —dijo alguien.

Varias voces respondieron a la vez.

—No.

—Demasiado general.

—¿De qué?

—¿Durante cuánto?

—Eso es un cargo.

—Esa es la idea.

—Precisamente por eso no.

A su lado, Nira seguía trabajando en una terminal.

No había participado en los últimos treinta minutos.

Eso significaba que probablemente era la persona más productiva de la sala.

—¿Has encontrado algo? —preguntó Vespera.

—Muchas cosas.

—¿Alguna que vaya a gustarme?

—No.

—Excelente.

Nira deslizó una pantalla hacia ella.

Había llegado hacía una hora desde el Núcleo.

COMISIÓN DE CONTINUIDAD HUMANA

Debajo, una lista de competencias.

Riesgos biológicos.

Modificaciones hereditarias.

Consecuencias poblacionales.

Vespera había leído la última expresión varias veces.

No mejoraba.

—¿Puede hacer lo que parece? —preguntó.

—No soy jurista.

—Puedes ser pesimista.

—Eso sí.

Nira señaló una cláusula.

—No pueden venir aquí y llevarse a Lyra.

—Qué tranquilizador.

—No he terminado.

—Empiezo a odiar esa frase.

—La Comisión puede reclamar competencia sobre información que ya esté en manos del Núcleo.

—La información robada.

—Ellas dirían recibida.

—Yo diría robada.

—Sí.

Vespera volvió a mirar el documento.

Había límites.

Consentimiento para procedimientos físicos.

Revisión independiente.

Mandato temporal.

Garantías.

Todo muy razonable.

Era una de las cosas que más desconfiaba del Núcleo.

Su capacidad para convertir algo insoportable en doce páginas de lenguaje razonable.

—¿Voss la ha creado por Lyra?

—No puedo demostrarlo.

—Nira.

—Sí.

Vespera dejó la tableta.

Al frente, Oda había conseguido recuperar la palabra.

—Estamos desviándonos —dijo—. El nombre da igual.

—Los nombres nunca dan igual —respondió Suna.

—Ahora mismo sí.

—Eso es exactamente lo que dice la gente antes de crear algo que luego dura cien años.

Algunas voces apoyaron la frase.

Otras protestaron.

Vespera observó.

Abiertas.

Resguardistas.

Aunque muchas odiaran aquellos nombres, la división era ya demasiado estable como para fingir que no existía.

Las Resguardistas llevaban dos días reuniendo propuestas.

Registro temporal de entradas.

Verificación reforzada de identidades exteriores.

Revisión de credenciales del Núcleo.

Protocolos de contrainteligencia.

Autoridad para cerrar corredores en caso de intrusión.

Un centro único donde acumular alertas que ahora estaban dispersas entre sistemas.

Las Abiertas habían respondido con una pregunta más sencilla:

¿Cuánto de Aonia queréis destruir para proteger Aonia?

Vespera entendía a ambas.

Eso era agotador.

Oda proyectó una lista.

—No estamos hablando de cambiar cómo vivimos. Estamos hablando de atravesar una crisis.

Suna se levantó.

—Todas las estructuras permanentes empiezan atravesando una crisis.

—No todas.

—Las peores sí.

—¿Cuál es tu alternativa?

—Que los sistemas sigan bajo responsabilidad distribuida.

—Eso nos ha dado tres equipos investigando la misma ruta sin compartir resultados durante doce horas.

—Entonces que compartan resultados.

—¿Quién se lo ordena?

Suna sonrió sin humor.

—Ah.

Oda abrió las manos.

—Sí. Ah.

La sala volvió a llenarse de voces.

Vespera miró a Nira.

—¿Cuánto llevamos?

Nira consultó la hora.

—Dos horas y cincuenta y siete minutos.

—No deberías haberme dicho eso.

—Me lo has preguntado.

—Podías protegerme.

—Últimamente tengo problemas con esa palabra.

Vespera la miró.

Nira seguía observando la terminal.

No había ironía en su rostro.

Vespera volvió hacia la asamblea.

La frase quedó con ella.

Una mujer del sector agrícola levantó la mano.

—Tengo una propuesta.

Nadie la escuchó.

Vespera se puso de pie.

—Hay una propuesta.

Las conversaciones fueron apagándose.

Suna la vio.

Después Oda.

Después el resto.

Otra vez.

Vespera sintió una irritación inmediata.

Ya ni siquiera necesitaba levantar la voz.

—Habla —dijo.

La mujer del sector agrícola parecía sorprendida de disponer de repente de cuatrocientas personas escuchándola.

—No sé si esto tiene sentido.

—Probablemente más que lo que llevamos haciendo —dijo alguien.

Hubo algunas risas.

La mujer respiró.

—Estamos intentando diseñar una estructura como si tuviera que servir para siempre.

—Porque las estructuras tienden a hacerlo —dijo Suna.

—Sí. Pero no tiene por qué.

Señaló la lista de Oda.

—Necesitamos a alguien que pueda decidir algunas de estas cosas durante unas semanas.

La sala se tensó.

—No alguien —dijo Suna—. Un procedimiento.

—Los procedimientos también necesitan personas.

—Rotación.

—Para dentro de seis meses, perfecto.

La mujer miró alrededor.

—Ahora necesitamos una coordinadora temporal.

Vespera sintió varias miradas antes de que nadie pronunciara su nombre.

Eso bastó.

—No —dijo.

La mujer la miró.

—Todavía no he dicho…

—Sí.

Vespera señaló el aire entre ambas.

—Ya sé cómo termina esa frase.

Algunas personas sonrieron.

Nira no.

—Vespera —dijo la mujer.

—No.

—Déjame terminar.

—Te escucho.

—No parece.

Vespera se sentó otra vez.

—Termina.

La mujer respiró.

—Una coordinadora. Poderes definidos. Solo seguridad e interlocución exterior. Revocable por la asamblea en cualquier momento. Duración corta.

—¿Cuánto?

—Treinta días.

Suna soltó una carcajada.

—Eso es una eternidad.

—Entonces quince.

—No funciona así.

—¿Cómo funciona?

—No inventando números hasta que uno deje de dar miedo.

Oda intervino.

—La idea no es absurda.

Suna giró hacia ella.

—Claro que no te lo parece.

—Porque llevamos tres días sin poder aprobar ni un protocolo de acceso.

—Tenemos protocolos.

—Tenemos seis.

—Mejor que uno.

—No cuando se contradicen.

Vespera levantó una mano.

El ruido bajó.

Se dio cuenta inmediatamente.

Volvió a bajarla.

Demasiado tarde.

—No voy a ser Coordinadora —dijo.

Silencio.

Esta vez sí era una afirmación.

La mujer del sector agrícola frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque llevo años diciendo que no necesitamos una persona con capacidad para dar órdenes a Aonia.

—Nadie ha dicho dar órdenes.

Oda la miró.

Vespera la miró también.

—Eso es exactamente lo que significa.

Oda no discutió.

Bien.

—Y porque si creamos un cargo solo porque estamos asustadas, vamos a diseñarlo para el miedo que tenemos ahora.

—¿No dijiste hace tres días que el problema era que nadie podía terminar una discusión? —preguntó alguien.

Vespera reconoció la voz de Suna.

—Sí.

—¿Y ahora?

—Sigue siendo un problema.

—Pero no quieres la solución.

—No quiero que decidamos demasiado rápido que una persona es una solución.

Suna inclinó la cabeza.

—Eso sí te lo compro.

Oda no.

—Fantástico. Entonces tenemos una crisis y una formulación moralmente impecable sobre por qué no vamos a resolverla.

Vespera sintió irritación.

—No he dicho que no vayamos a resolverla.

—¿Cómo?

Ahí estaba otra vez.

La pregunta.

No una provocación.

Peor.

Una necesidad.

Vespera miró la lista.

Podía proponer algo.

Rotación diaria.

Un comité de cinco.

Autoridad distribuida por funciones.

Umbrales automáticos.

Cualquier cosa que evitara el centro.

Pensó en todas.

Y en cuánto tardarían.

—Dividamos competencias —dijo—. Oda conserva seguridad física. Nira, red e investigación. Entrada exterior requiere doble autorización. Cualquier cierre de sector necesita…

La terminal de Nira emitió un sonido.

No era alto.

Aun así, Vespera lo oyó.

También vio cómo Nira dejaba de respirar.

Conocía ese gesto.

Lo había visto treinta y siete días después del robo.

—¿Qué? —preguntó.

Nira ya estaba de pie.

—Tenemos una autenticación exterior.

La sala siguió hablando durante dos segundos.

Vespera levantó la mano.

Silencio.

Completo.

Nira la miró.

También lo notó.

No había tiempo.

—¿Dónde? —preguntó Vespera.

—Corredor médico sur.

Oda se levantó.

—Ciérralo.

—Espera —dijo Nira.

—¿Qué significa autenticación exterior?

—Alguien acaba de presentar una credencial válida para solicitar acceso al nodo de respaldo clínico.

El cuerpo de Vespera se tensó.

—¿De dónde?

—No lo sé.

—¿Diseñada?

—La firma es del Núcleo.

Varias personas empezaron a hablar.

—Silencio —dijo Vespera.

La palabra salió sola.

La sala obedeció.

Vespera sintió algo.

No ahora.

Después.

—¿Es la misma ruta que Iria?

—No.

Oda estaba ya abriendo canales.

—Cierro todo el sector.

—No —dijo Nira.

—Hay una intrusión.

—Hay un intento de autenticación. Si cierras el sector pierdo visibilidad de la ruta.

—Y si no lo cierro pueden entrar.

—Todavía no han entrado.

Suna se levantó.

—No podéis cerrar un sector médico con gente dentro sin…

—Nadie ha dicho evacuar —dijo Oda.

—Has dicho cerrar.

—Acceso de red.

—Eso afecta…

Las voces empezaron.

Vespera miró la pantalla de Nira.

—¿Cuánto tiempo tienes?

—No sé.

—Estimación.

—Minutos.

—¿Puede entrar en datos de Lyra?

Nira tecleó.

—No directamente. Su archivo ya está aislado.

—¿Otros?

—Sí.

Oda volvió.

—Entonces cierro.

—Si cierras todos los enlaces clínicos, los sistemas locales cambian a contingencia —dijo Nira—. Eso genera miles de registros nuevos y puede destruir la traza.

—¿Qué propones?

—Bloquear solo el permiso y espejar la conexión.

—¿Puedes?

—Sí.

—Hazlo.